Psicoanálisis, pop y amor romántico.
Me recuerdo de unos seis años cantando una canción de Daniela Romo. Queriendo, como ella, un cabello largo y lacio. La canción se escuchaba frecuentemente en la radio. Me la sabía de memoria junto con muchas otras que eran indiscutibles éxitos del momento.
Un poco más grande, de nueve años tal vez, además de seguir cantando canciones de Daniela Romo, Flans, Pandora o Juan Gabriel,mi cabeza se ocupaba también en tratar de entender. Pensaba, por ejemplo, que las chavitas que salían en TVO seguramente eran de otro país, porque ni yo, nilas niñas y adolescentes que conocía, nos veíamos como ellas.
Pero no dejaba de suponer que, en algún momento, en ese lejano “cuando sea grande” o tal vez en ese cercano y presagiado “estirón” mi cuerpo cambiaría y sería así, delgada, alta, con cinturita y piel perfecta.
Y luego, un día de Siempre en Domingo, la vi a ella.Sencilla, relajada, su voz fluía como su imagen. Me atrajo automáticamente. Se veía diferente y cantaba algo diferente.
A Cecilia Toussaint, cantando Carretera, le debo mi huida del pop.
Es poético.
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Uno de los hilos que sigue el psicoanálisis en su afán de brindar herramientas para entendernos, es desentrañar lo referente a la cultura. Freud se pregunta por su origen y vuelve en reiteradas ocasiones a su tratamiento.
En Tótem y tabú, por ejemplo, apunta que los mitos fundantes de la civilización son dos prohibiciones, el parricidio y el incesto. Hecho que coloca, de inicio, una situación diferenciada entre hombres y mujeres, dado que los primeros son los que se disputan el sitio del padre, lo cual implica la posesión de las segundas. (Foucault, en la Historia de la Sexualidad, apunta a la existencia de una ética específica para los hombres desde la antigua Grecia).
De este modo, hombres y mujeres desarrollan su configuración psíquica transmitida de generación en generación teniendo como centro a la figura del padre, ya sea desde el tótem o en el complejo de Edipo, donde “se conjugan los comienzos de religión, eticidad, sociedad, arte…”[1] y neurosis.
En La moral sexual cultural y la nerviosidad de la vida moderna, reitera estas ideas:“Nuestra cultura descansa totalmente en la coerción de los instintos. Todos y cada uno hemos renunciado a una parte delas tendencias agresivas y vindicativas de nuestra personalidad”[2] y señala nuevamente la existencia de una doble moral permisiva para las conductas del hombre y una moral más restringida para las mujeres.
Para lograr la persistencia de este discurso, es necesario levantar diques. Uno de ellos, que también es parte de los vehículos culturales quese utilizan para transmitir de generación en generación estas formas desiguales de relación entre hombres y mujeres es el amor romántico.
Se trata de una exaltación del amor, una idealización que puede tener como consecuencia la frustración ante las expectativas no cumplidas o incluso, la violencia de género. La Fundación Mujeres del programa Andalucía Detecta[3], plantea 19 mitos y falacias detectadas a partir de sus investigaciones sobre el amor romántico,las cuales agrupa en 4 puntos:
El amor verdadero es predestinado
El amor es lo más importante y requiere entrega total
El amor es posesión y exclusividad.
Coral Herrera[4], en su tesis doctoral, aborda la polémica del amor romántico, nos dice que la mayor parte de los autores afirma que es exclusivo de Occidente y que surgió en el siglo XII con los trovadores provenzales, mientras que otros estudiosos, concluyen que ha existido siempre y en todas las culturas. Brinda también otras características:el amor romántico es occidental, hegemónico,monogámico, heterosexual, con un fin reproductivo y entre dos personas adultas, únicamente.
La autora apunta también que el feminismo de los años setenta señaló al amor romántico como un mecanismo de control social que sirve para perpetuar las diferencias entre géneros y que encamina a las personas a que idealicen las relaciones refugiándose en la “estabilidad y consuelo” de la pareja (heterosexual).
Si bien, hay un discurso cultural prevaleciente en la literatura, en la medicina y en lo religioso sobre cómo debe ser el amor, existen formas específicas que sirven como espejo a estas ideas y que consiguen su difusión masiva, que se vale de la normalización de su contenido y continua reproduciéndolo, una de ellas es la música pop.
Las canciones pop son bastante más recientes que los cantos de los juglares, pero difieren únicamente en los medios y formas, porque el fondo, el contenido, es el mismo.
Proviene de la música de mediados del siglo XX, como el rock o la música latina. Se caracterizan por tener ritmos sencillos y atrayentes que se mantienen en la memoria fácilmente. Su lenguaje, de igual modo abandona cualquier complejidad, para garantizar la prevalencia de su mensaje.
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Viendo la escena a la distancia, una niña de seis años preocupándose por verse según el estereotipo y cantando cosas como estas me parece aterrador:
“Quiero envolverme en tus brazos, que no quede entre tú y yo un espacio”
“Siénteme frágil y de papel, como tiemblo por ti”
“Yo no te pido la luna, tan solo quiero amarte”
“Solo quiero entregarme para siempre a ti.”
¿Realmente deseamos que el amor nos convierta en alfeñiques frágiles? ¿Nos mostramos vulnerables para mover al otrxa que nos proteja, cerrando el círculo de la codependencia?¿Somos capaces de entregarnos para siempre a una persona? ¿Desde esta posición, qué estamos ofreciendo realmente?¿Hay consciencia de que la completud no es posible?
La música pop está dirigida a personas jóvenes, pero como ya he expuesto, es también del agrado de niñxs y lxs influye en momentos en que se forman y les acompaña durante toda su vida. Y ni qué hablar de otros discursos complementarios sobre posesión, violencia y discriminación.
Hay todo un entramado cuidadosamente tejido alrededor de las mismas ideas y costumbres, que por su hegemonía y jerarquización adquieren el nivel de imposiciones.
Un sistema calibrado para dar forma a las emociones e inyectar las conductas y actitudes, los cuerpos y el deseo. Pero sobre todo los cuerpos como deseo. Los cuerpos de las mujeres, que son el territorio más lleno de significados.
Por su parte, Sara Bercovich[5], en La dicha de la esclavitud, nos muestra la efectividad de este discurso. Que incluso hay placer en la pérdida de control, en la entrega al otro. Pero la misma autora nos dice también que:
“El análisis es, químicamente, disolución”.
Podríamos pensar que a partir de que varias filósofas, sociólogas, feministas o no hablan del amor romántico, este iría disolviéndose. Posiblemente nos encontremos en esa transición cuya etapa final se ve aún lejana.
Por ahora, el amor romántico sigue teniendo grandes bastiones en la música pop, el cine norteamericano hegemónico y las novelas familiares de buena parte de nosotros.
Pareciera una empresa imposible, pero igualmente podemos mantener la esperanza de que la cultura sea lo que ZigmuntBaumanen La cultura como praxis apunta:
Resumiendo, tal como se tiende a entenderla actualmente, la cultura resulta ser un agente del desorden tanto como un instrumento del orden, un elemento sometido a los rigores del envejecimiento y de la obsolencia, o como un ente atemporal. La obra de la cultura no consiste tanto en la propia perpetuación como en asegurar las condiciones de nuevas experimentaciones y cambios. O, más bien, la cultura “se perpetua” en la medida en que se mantiene viable y poderosa, no el modelo, sino la necesidad de modificarlo, de alterarlo y reemplazarlo por otro.[6]
Así, como contrapeso al amor romántico, para mí hubo otras expresiones musicales, desde el rock de Cecilia Toussaint y Santa Sabina, que exploraba todo tipo de emociones, hasta el rap que actualmente se va posicionando en el gusto popular y para muestra lo siguiente:
Antipatriarca – Ana Tijoux
(Nominada al Grammy por este disco)
Yo puedo ser tu hermana,tu hija, Tamara, Pamela o Valentina
Yo puedo ser tu gran amiga incluso tu compañera de vida
Yo puedo ser tu gran aliada, la que aconseja y la que apaña
Yo puedo ser cualquiera de todas depende de cómo tú me apodas.
Pero no voy a ser la que obedece, porque mi cuerpo me pertenece
yo decido de mi tiempo, como quiero y donde quiero.
Independiente yo nací, independiente decidí
Yo no camino detrás de ti, yo camino de la par aquí.
Tú no me vas a humillar, tú no me vas a gritar
Tú no me vas someter, tú no me vas a golpear
Tú no me vas denigrar, tú no me vas obligar
Tú no me vas a silenciar, tú no me vas a callar
CORO
No sumisa, ni obediente
mujer fuerte, insurgente
independiente y valiente
romper las cadenas de lo indiferente,
no pasiva ni oprimida
mujer linda que das vida
emancipada en autonomía
antipatriarca y alegría
A liberar....
Yo puedo ser jefa de hogar, empleada o intelectual
Yo puedo ser protagonista de nuestra historia y la que agita
La gente, la comunidad, la que despierta la vecindad
La que organiza la economía de su casa de su familia
Mujer libre se pone de pie
Y a romper las cadenas de la piel
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Sin duda alguna, el psicoanálisis ha ayudado a desmontar muchos de los mitos existentes sobre la conformación psíquica de las personas y las construcciones culturales que nos rodean. Sus explicaciones, a veces insuficientes, a veces subestimadas, a veces ignoradas y a veces banalizadas[pues han servido incluso para algunas cancionesinsulsas de pop, recordemos a Arjona y Belinda] también han buscado desmontar el mito del amor romántico, por ejemplo, cuando se habla de la sexualidad infantil, o en el adulto mayor, o cuando desde Lacan, se habla de que no existe la relación sexual y no existe la complementariedad entre los sexos.
Tal vez alguien debería hacer una canción diciendo eso.
[1]Freud (1980) Tótem y Tabú. Obras Completas, Volúmen 13. Buenos Aires: Amorrortu editores. Página 158.
[2]Freud, La moral sexual cultural y la nerviosidad moderna. http://www.biblioteca.org.ar/libros/211758.pdf
[3]Fundación Mujeres, Mitos del amor romántico. http://www.educandoenigualdad.com/antiguaweb/spip.php?article492
[4] Herrera Gómez, Coral (2008) La construcción sociocultural de la realidad del género y del amor romántico. España.
[5]Bercovich, La dicha en la esclavitud. http://217.126.81.33/psico/sesion/ficheros_publico/descargaficheros.php?opcion=colaboraciones&codigo=158http://217.126.81.33/psico/sesion/ficheros_publico/descargaficheros.php?opcion=colaboraciones&codigo=158
[6]Bauman (2002) La cultura como praxis. Barcelona: Paidós estudio