Sólo son efectos visuales.
Imitando la voz del recipiente de Gabriel, Lucifer llamó a Sam, el cual a pesar de todo se desestabilizó al ver su nombre en la pantalla táctil del teléfono e incluso dudó en responder antes de finalmente murmurar: —¿Gabriel? –Mientras miraba al frente.
—¡Hey, Sam! –Y el mencionado suspiró escuchando su voz nuevamente. —Yo... Me preguntaba si sabes del paradero de Jack. He querido hablar con él pero no logro sentirlo por ninguna parte.
Pero Sam, irremediablemente, se decepcionó al ser quebrada su fantasía de escucharlo decir que quería hablar del tema que los involucraba sólo a ellos dos; entonces se obligó a no demostrarlo, carraspeó y se sentó al borde de su cama intentando relajarse. —Jack no está aquí. Él se fue... –Intentó decirlo con seguridad.
Lucifer gruñó en su interior, sin embargo continuando con su actuación como Gabriel, suavemente hizo un sonido de rendimiento. —¿Por qué se ha ido? ¿Ocurrió algo?
—No, yo- lamento no habértelo comunicado pero, ya sabes. –Rió fingiendo nerviosismo. —Después de que te fuiste así ese día, supuse que no querrías volver a saber de nosotros... De mí. –Y con esto último se cubrió los ojos con una mano, avergonzado de estarlo diciendo en voz alta.
Del lado de Lucifer, éste puso los ojos en blanco y miró al verdadero Gabriel, incapacitado para hacer un solo ruido o movimiento. Cubrió la bocina y le susurró: —Cree que lo odias por haber huido así, y eh, no lo culpo, fuiste toda una gallinita. –Luego volvió a dirigirse al móvil, mientras Gabriel por primera vez en su vida como "humano" dejaba una lágrima escapar. —Lo lamento Sam, pero no es momento para hablar de eso. Se trata de Lucifer, ¿Bien? Tuve un desafortunado encuentro con un demonio y antes de matarlo confesó que mi hermano planea una reunión con Jack. ¡Debemos encontrarlo antes que él! No podemos poner en peligro a nuestro chico...
Finalmente Lucifer cortó la llamada tras acordar encontrarse con Sam en el mismo sitio en donde mantenía atrapado a Gabriel, tratándose del sótano de un hotel abandonado que demostrando su aspecto exterior, ya tendría que hacerlo sospechar de que algo extraño estaba pasando y no se dirigía ahí precisamente para una cita con su amado; pero el llamado Satán estaba más que preparado para improvisar, con suerte no tomaría más que unos cuantos minutos para atraer a su hijo.
—No hagas esto. Sam no tiene que ver en tu absurda paternidad recién nacida. Y Jack es demasiado bueno para ti, él nunca hará nada malo conscientemente. –Es lo primero que dijo el arcángel Gabriel en cuanto se le fue permitido hablar.
—Uh, oh... En realidad Sam Winchester siempre ha tenido que ver en mi vida, eso siempre está implícito. –Lucifer sonrió. —Por el lado de mi hijo, ¿Es que acaso no puedo quererlo para algún bien?
—Eres mi hermano, podrás chantajear a todos menos a mí.
—¡Oh vamos, Gabe! Sam y tú sólo son un recurso, una vez obtenga a mi hijo, ustedes podrán continuar con su drama de enamorados. Hey, si te sirve de algo, no me molesta. –Le guiñó un ojo. —Siempre hay algún desliz en la Tierra.
—¡No es un desliz! –Le respondió Gabriel, furioso. —No permitiré que te metas en mi vida de nuevo, y ésta incluye a Jack. Sobre mi cadáver llegarás hasta ese chico.
Ahora, con una sonrisa más prometedora, Lucifer le aseguró: —Que así sea.
Sam se removió fastidiado en el asiento del pasajero. Se habían acercado lo mayor posible a la zona de encuentro, al menos considerablemente hasta un punto donde con suerte Lucifer no podría detectarlos aún, entonces Castiel bajó del auto excusando pobremente que supervisaría la zona por si hallaban alguna otra sorpresa; dejando solos a ambos Winchester.
Y habían pasado ya veinte minutos así hasta que el menor se desesperó y miró a su hermano abriendo la boca para hablar.
—No. –Lo interrumpió Dean sin devolverle la mirada.
—Sam, no soy ciego. –Se burló encarándolo, también incómodo. —Quizá creas que soy idiota, y tienes razón, pero ya he mirado a personas así antes.
El más alto suspiró desviando su vista al frente y jugó tocando su barbilla.
—Todos lo hemos visto. —Agregó Dean.
—Bien, ya entendí. –Recriminó el contrario. —Supongo que no es normal verme así.
—Sí... Ha pasado un tiempo de no verte así, tan... colado por alguien.
—Colado. –Repitió. —El hecho de pensar que han pasado tantas semanas y de no ser porque Lucifer se interpone en nuestro camino, él realmente no volvería a buscarme siquiera para reportar que sigue con vida...
Dean, sorprendido de lo que estaba por decir, asintió comprensivo. —Estoy totalmente de acuerdo contigo, pero intenta ponerte un segundo en su lugar. Para nosotros como humanos ya no es nada extraño sentir amor por... alguien. Pero él nunca lo hizo, como, con ninguna clase de humano, ¡Vamos, llegué a creer que odiaba tanto a las personas como sus desquiciados hermanos! Y sin embargo te ha demostrado que no le eres indiferente, así que no sólo es el sentimiento por un humano, sino que por un hombre, como su recipiente, como él ha decidido ser. Sólo lo pienso y termino un poco loco, amigo.
Sam guardó silencio primero, luego rió débilmente por algunos segundos hasta culminar carcajeándose mientras Dean sentía su corazón lleno, pero a su vez no comprendía la reacción de su hermano. —Yo no entiendo...
—No puedo creer que estés defendiendo a tu persona menos favorita en el mundo. –Dijo el castaño con esfuerzo para hablar.
Entonces Dean sonrió. —Bueno, en mi defensa él no es una persona realmente. Oh, y créeme, hay muchas más cosas que odio antes que a él. –Costándole admitirlo, suspiró: —Gabriel es familia.
Sam se detuvo, pero la sonrisa continuó en su rostro. —Lo es.
—Así que, después de este momento que no volveremos a repetir, ¿Qué te parece si vamos a salvar a tu doncella?
El otro Winchester rodó los ojos. —Fue divertido mientras duró.
Porque sí, por primera vez Lucifer no les tendería un trampa y ellos prevenían que éste usase el chantaje mediante algo o alguien que fuese importante para ellos sólo con la intención de llegar a Jack; el joven no había desaparecido, de hecho, él había sido el único capaz de detectar a su padre rondándolo.
Jack estaba bajo la protección de Jody Mills, pues los Winchester sabían que no habría nadie más confiable. Sin embargo el menor se estaba volviendo loco pensando en que él tendría que estar en ese lugar ayudando a sus amigos al enfrentar a su padre, ya que aunque él no lo quisiera, se sentía responsable de los males que causara.
Jody era amistosa pero sobre todo responsable, y Jack no era tonto; planeó perfectamente su escape en el momento exacto a sabiendas de que en cuanto pusiera un pie fuera de la casa de la amiga de la familia, Lucifer podría volver a sentirlo y las cosas se complicarían.
Pero él sentía que ya había causado muchos descontentos y aunque quebrara su promesa de mantenerse a salvo y ajeno, al menos salvaría al verdadero hogar al que pertenecía.
Aunque, ¿Realmente podrían engañar a Satán?
Lucifer no ocultó a Gabriel, en realidad decidió poner al verdadero bajo su poder mientras desaparecía de la escena, así controlando todo a distancia en cuanto sintió a los Winchester acercarse. Jocoso para sus adentros ante la obviedad de que a pesar todo, ellos no confiaban en que se tratara verdaderamente de Gabriel.
Así que el mencionado aguardó en el mismo sitio hasta que los hermanos se adentraron con armas apuntando a todas partes, incluyéndolo, y Sam dudó mirándolo cuidadosamente.
—Soy yo. –Porque era verdad, aunque estaba siendo manipulado inconscientemente. —¿Qué es toda esta escena? ¿Acaso me están apuntando con una porquería de acero?
Los otros dos bajaron inmediatamente las armas y al mismo tiempo Castiel se hizo presente. —No puedo sentir a Lucifer por ninguna parte.
—Cas, se supone que no debías dejar tu posición a menos de que las cosas se salieran de control. –Le recordó Dean.
—¿Cómo es posible eso? Lo seguimos de cerca. –Sin embargo dijo Sam.
—¿Lucifer? –Finalizó Gabriel. —Cuando te llamé mencioné que intuía su paradero y debíamos detenerlo. No puedo creer que sean tan tontos al desconfiar en mí.
—No es eso, Gabriel. –Se adelantó Cas. —Como ha dicho Sam, lo hemos estado siguiendo y no dudamos en que intentaría llegar a Jack mediante el eslabón más débil.
El rubio abrió la boca, ofendido. —¿Perdona? ¡No soy yo el que muere al menos tres veces por año!
—No, no. Gabe, Cas se refiere a que te fuiste y eso te convertía en el más vulnerable en ser usado como conejillo de indias. –Le explicó delicadamente Sam.
—Además... sí has muerto más de una vez. –Comentó Dean jugueteando.
Sam le dio una mala mirada a su hermano, pero Gabriel dejó caer los hombros y rodó los ojos. —Nunca he muerto, sólo son efectos visuales, seres inferiores de...
—Está bien. –Lo interrumpió el más alto. —Es buena noticia saber que todo está bien aquí.
—Yo tengo una pregunta. ¿Por qué este lugar? Eh, viejo... Pudiste haber elegido algo peor para hacernos pensar que era una trampa. –Picó el mayor Winchester.
Gabriel le devolvió la misma expresión sarcástica. —Olvidé que la invitación no sólo era para Sam.
Y Cas, inocentemente cuestionó: —¿Por qué citarías sólo a Sam en este lugar tan obscuro y lejos de vida? –Pero tan pronto había formulado su pregunta, sabía lo que significaba. —Oh.
Dean se palmeó la frente. Sam carraspeó y deseó no ponerse colorado. Gabriel chasqueó la lengua y dijo: —No es de su incumbencia, pero ya que estamos todos reunidos aquí, ahora que sé que estaban a un paso de Lucifer y por alguna razón decidieron ocultármelo, ¿También es mentira eso de no saber el paradero de Jack?
Aunque tanto Dean como Cas estaban a punto de responder que él estaba a salvo con su amiga Jody y bajo un montón de protección anti-arcángeles; Sam negó con la cabeza. —No sabemos, por eso es realmente preocupante pensar que Lucifer está detrás de él.
Entonces Lucifer estaba a punto de dejarlo ir y colaborar mediante "intermediarios" hasta hallar a su hijo si es que los hermanos Winchester también estaban desesperados en encontrarlo. Solo que en ese mismo momento volvió a sentir a Jack habitando la misma realidad que él, incluso en el mismo país si se atrevía a jugársela.
Él sonrió. Su plan había dado un giro.
Por el situado de los Winchester y ambos ángeles, Gabriel fue torturado internamente con tal fuerza que lo hizo abalanzarse hacia adelante hasta caer sobre sus rodillas mientras gritaba de dolor y los demás lo miraron con una mezcla de preocupación y confusión. Sam se posicionó frente a él tocando su hombro cuidadosamente y preguntándole a su vez si se encontraba bien y cómo podía ayudarlo pero el arcángel no era capaz de responder al ser todavía manipulado por su hermano.
El cual ya había aparecido en medio de todos ellos como si fuese algo muy normal, más no se encontraba de humor para recurrir a sus usuales chistes pues estaba desesperado en encontrar a Jack de una vez por todas y ese cuarteto ya le había provocado muchos retrasos. —No más mentiras. –De un tirón todas sus armas fueron removidas y desaparecieron frente a sus ojos, sin darles siquiera tiempo a reaccionar, luego fueron inmovilizados en sus sitios y tomó a Gabriel del brazo haciéndolo ponerse de pie. —Puedo sentirlo y ustedes saben en dónde está mi hijo, lo pongo sobre la mesa; me dicen su ubicación exacta o el moribundo asciende de categoría.
—Sabía que no era Gabriel el que hablaba. –Tuvo que decir Sam intentando liberarse inútilmente.
Lucifer se burló. —Oh, ¡Por supuesto! Toda esta cosa entre ustedes... –Apresó a Gabriel del cuello y éste no reaccionó al estar todavía bajo su poder, luego lo dejó caer inconsciente a la vez que él se acercaba hacia el menor de los Winchester. —Te confesaré algo, Sammy. Todo esto se tornó oscuro gracias a ustedes, no puedes culparme, pregúntaselo al soldado caído, lo juro, yo necesitaba un señuelo perfecto y es mera coincidencia que la extraña relación entre ustedes dos fuese mi plan ideal. ¡Ustedes se presentaron y yo debía tomarlo! Esto atraería a mi hijo y ustedes dos podrían irse. Aunque, bueno, quizá deba ser más amenazante y matar a alguno de estos para que Jack venga.
—No tienes que buscar más. –Le respondió nada más y nada menos que su joven hijo, tomándolos por sorpresa a todos, incluido a Lucifer que no logró sentirlo llegar en ningún momento, así que sonrió abriendo los brazos hacia él.
Pero el codiciado chico observó la manera en la que sus amigos intentaban zafarse y gritaban cosas al mismo tiempo; más no los escuchaba. Luego miró a Gabriel en el suelo y pensó lo peor, pues lo sentía con vida pero con muchos daños. Finalmente se fijó en su padre y no se abstuvo de decir: —Eres un monstruo.
Y Lucifer bajó los brazos suspirando. —Estoy decepcionado. ¡Mi propio hijo...! Pero, ¿Sabes qué? Yo ya perdí mucho tiempo intentando encontrarte y nada ni nadie se volverá a interponer. Nos vamos.
—No iré contigo a ninguna parte. Sé lo que eres y lo que has hecho. Estas personas son mi verdadera familia y primero muerto antes de dejarlos. –Juró el más joven.
—¡Por mi padre! Yo no entiendo cuál es su empeño de todos ustedes al querer morir. "Primero muerto" "Sobre mi cadáver" "Tendrás que pasar sobre de mí" ¡Vendrás conmigo y estos cuatro arderán!
—Dije que no. –Los ojos de Jack se volvieron dorados, sin remedio estaba enfureciéndose.
—Oh, ¿Crees que eres el único con ojos impresionantes? –Entonces los de Lucifer se hicieron rojos. —Ellos podrán ser tu "familia" pero eres mi sangre y aunque te cueste admitirlo, tienes más de mí en ti de lo que quisieras.
—¡Jack, no lo escuches! –Intervino Dean, aunque fue inmediatamente callado mediante la tortura interna que sufrió Gabriel antes.
—¡Detente! –Le ordenó Jack apretando los puños, recibiendo sólo una sonrisa retadora y pronto los dos restantes sufrían del mismo dolor entre gritos agonizantes.
El joven no tardó más y mediante sus propios poderes, lanzó con fuerza a Lucifer lejos de ellos. Después, sin dudas, corrió lanzándose contra él sin darle siquiera oportunidad a levantarse pues, no podía dejarlo ganar y tenía que salvar a su familia pronto, así que rogó internamente que Gabriel luchara y despertara de esa inconsciencia porque sus amigos todavía estaban sufriendo y él no podía encargarse de todo a la vez; Lucifer no los dejaba ir.
—A qué nuevo nivel de mi patética vida he llegado para repetir las mismas acciones por más de quince días, Tony... –Dijo Gabriel jugando con su copa vacía, sin querer rellenarla otra vez.
—Mi nombre es T- Espera, ¿Dijiste bien mi nombre? –El bartender se sorprendió ésta vez y el arcángel bufó una risa.
—Sé que eres producto de mi imaginación esta vez y no mi odioso hermano.
—Literalmente siempre he sido producto de tu imaginación. –Respondió el hombre de mediana edad mientras limpiaba una copa con una servilleta. —No me pagas lo suficiente por soportar tus lloriqueos y ser cambiado de nombre cincuenta veces por día.
—Realmente eres una obra de arte. –Se auto halagó el rubio. —Si te hace sentir mejor, de no lucir como lo hago ahora, me gustaría ser como tú. Eres absurdamente atractivo y quizá eso ayudaría en... –Finalizó interrumpiéndose con un suspiro.
—No es acerca de tu belleza física. –Le recordó Tony. —Deberías entender que le gustas por ser quien eres.
—¿Un ángel? –Se burló sin dejar de observar su copa.
—Bueno, obviamente, pero eres más que eso. En realidad eres el perfecto punto intermedio entre un ser celestial y un humano, porque, aunque hayas nacido siendo esto primero... Has demostrado mejor que nadie lo posible e increíblemente fácil que puede ser alinearse entre la creación de tu padre.
Gabriel tenía los ojos vidriosos y gruñó moviendo la cabeza. —Realmente eres mi jodida creación.
Tony lo llamó acercándose a través de la barra. —Vale, ¿Quieres saber algo que no vendrá desde tu imaginación? –Gabriel asintió, dudoso. —¡Tienes que despertar!
—¡Despierta! –Tony le lanzó el contenido de una copa directo a la cara, y Gabriel cerró los ojos pero abrió la boca ante la estupefacción. —¡Ya! –Y la voz grave de Tony se convirtió en el exacto tono de Sam. —¡Gabriel! ¿Qué esperas?
El ojimiel abrió los ojos, aunque tuvo que parpadear repetidamente al no creerse lo que sus ojos estaban viendo. —¿Sam?
—Sí, sí. Tu amado Sam. ¡Ahora abre los malditos ojos!
—Pero, pero- pero ¿He llegado a tanto como para convertir a Tony en Sam? –Se preocupó rascando su cabeza.
—¡Eso no importa! –El Sam de su imaginación lo tomó por la camisa acercándolo más a él. —¡Gabriel, tienes que ayudarme!
—¿Qué? ¿En qué? –Apresuró Gabriel poniéndose serio.
Lucifer recibió un golpe duro, pero sólo pudo reír antes de devolverlo. —No esperes de mí abrazos y cariño, yo jamás recibí eso de mi padre.
—Tú no eres mi padre. –Sentenció Jack entrecortadamente.
—Ya lo veo, amigo... Para empezar, yo no te habría enseñado a luchar con puños.
—Soy más que un monstruo como tú. –Aseguró. —Pero para acabar contigo haré lo necesario. –Éste se puso de pie y levanto una mano contra su padre, invocando su poder e intentando centrarse en exterminarlo; más recibió otro golpe que lo tiró al suelo y su padre sobre él con los ojos rojos característicos negó con la cabeza.
—Nadie ha podido acabar conmigo jamás, mucho menos lo harás tú que sin mí no serías nadie. –Desenfundó su espada de arcángel y la dirigió hacia su cuello con intención de absorber su gracia antes de sencillamente matarlo. Pero una fuerza mucho más fuerte de lo que esperaba, lo golpeó desde atrás haciéndole soltar la espada y muy apenas darle tiempo a encarar a su hermano Gabriel, quien había dejado de obedecerlo.
—Oh, miren quién despertó.
—¿Por qué no te metes con alguien de tu tamaño? ¡Déjalos en paz y hablaremos! –Señaló a los hermanos Winchester y a Castiel.
—Sabes que tú y yo jamás hablaríamos.
—Bueno, lo sé, pero quiero que los dejes y resolvamos esto entre nosotros. ¿Quieres una gracia? Diría que tomes la mía, pero honestamente no dejaré que eso pase.
Lucifer rió entre dientes. —La de mi hijo es mucho más poderosa, de lo contrario te habría quitado la tuya hace mucho tiempo. Pero Gabe, te diré qué, ¡Lárgate de mi camino y no morirás hoy!
—Lamento decirte que el único que morirá hoy eres tú. –Se encogió de hombros.
—¿Y tú me matarás? –Carcajeó sin prevenir que otra figura de Gabriel lo tomaba por detrás y le sacaba su propia gracia inmovilizándolo hacia Jack, quien corrió hacia la espada de arcángel que antes había sido arrojada.
Con muy pocos segundos de razonamiento, Jack eligió asegurarse que a la falta de gracia en su padre, sus amigos habían sido liberados exitosamente aunque con sensaciones de dolor todavía recorriéndoles desde dentro. Fue directo hacia Sam, lo ayudó a levantarse y le entregó la espada recibiendo una mirada confundida.
—Nadie merece más acabar con él que tú. –Le respondió Jack a su pregunta no formulada.
—Es tu padre... –Intentó comprender Sam, pero el más joven negó.
—Lo único que me duele es no haber acabado antes con el asesino de mi madre.
Sam tomó la espada lentamente, miró a Lucifer siendo sometido mientras Jack se dirigió hacia Dean y Cas para asegurarse de que estuviesen bien.
Como en cámara lenta, todos observaron a Sam tomando la decisión de su vida una vez él se irguió y dio un paso al frente con la espada en alto. Lucifer al ver sus pocas esperanzas consumirse, optó por arrebatarle la espada a Gabriel y clavársela en el pecho, mientras veía cómo su hermano recibía la característica muerte de ángel le susurró a punto de morir: —Si he de decir adiós, tú vendrás conmigo.
El menor Winchester gritó desgarradoramente dejando de avanzar y desde su sitió le lanzó la espada, dándole en la espalda para seguir la muerte de Gabriel en la misma forma ante los ojos de todos los presentes que creyeron jamás vivir para ver eso realmente pasando.
Sam soltó el aire que estaba conteniendo y se dejó caer al piso sin dejar de mirar los dos cuerpos inertes frente a él, sin poder creer ni una de las cosas; haber perdido a un ser muy querido y ser él quien acabase con el diablo.
Largos segundos después Dean intentó acercarse a su hermano para decir algo, aunque no sabía si compadecerlo o felicitarlo, pero se vio interrumpido al ver a Gabriel atravesar el umbral de la puerta como si nada hubiese pasado. Así mismo fruncieron el ceño Jack y Castiel, sin embargo se quedaron callados los tres viéndolo dirigirse directamente hacia Sam, pues él todavía no sabía de su entrada.
Gabriel carraspeó rodeándolo para quedar de frente, atrayendo su mirada todavía más impactada al verlo vivo e imitó su posición, arrodillándose. —Nunca he muerto, sólo son efectos visuales. –Repitió, ésta vez sin ser obligado.
El humano escupió una risa, intentando no llorar ésta vez de felicidad y agradecimiento ahora que sabía que su ángel estaba vivo. —Maté al diablo.
El rubio sonrió asintiendo. —Y no puedo estar más orgulloso en que tú hayas sido el que acabe con él, Jack tiene razón, nadie lo merecía más.
—Debería romper barreras, es lo único que me falta para que este sea el mejor día de mi vida.
—Pues hazlo. –Lo impulsó un Gabriel entusiasta que, poco mantuvo su estabilidad intacta, pues estaba siendo besado por Sam Winchester y ésta vez él se aseguraba de sostener su rostro con tal de sentirlo como persona y no un ángel; y éste hecho llenó a Gabriel de felicidad y una que otra risa en medio de sus labios moviéndose junto a los de la persona que quería, ya que escuchaba a la perfección los bufidos de Dean, las risas de Castiel y la respiración acompasada de Jack; pero sobre todo, los latidos provocativos desde el corazón de Sam... podría apostar a que el suyo estaba igual.