¿La apuesta? Ni me acordaba de ella… Jajaja
¡Sam Evans! ¿Qué es lo que te tiene tan despistado? Mira que no acordarte de una apuesta... ¡Sobretodo con un premio tan bueno!
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@mercy-ann-jones
¿La apuesta? Ni me acordaba de ella… Jajaja
¡Sam Evans! ¿Qué es lo que te tiene tan despistado? Mira que no acordarte de una apuesta... ¡Sobretodo con un premio tan bueno!
We are a secret can’t be exposed,
far from the others, close to each other…
We could build a universe right here,
all the world could disappear.
I just need you near…
Qué bonito, Sam…
¿De quién es?
¿Te gusta? :) La escuché de camino al instituto y me gustó. No alcancé a escuchar a la autora…
Me gusta a mí, y seguramente también le guste a las demás chicas que te sigan en tumblr. ¿Esta es tu manera de ganar la apuesta, Abuelito? :P
We are a secret can’t be exposed,
far from the others, close to each other…
We could build a universe right here,
all the world could disappear.
I just need you near…
Qué bonito, Sam...
¿De quién es?
Seducción, peligrosa poción
que me envenena el cuerpo
me pone al descubierto, amor
sin defensas
estoy tan propensa
al pecado de tu boca
que todo esto provoca en mí
Taquicardia y aceleración
ya son una constante
son síntomas que da tu amor
Nos empeñamos en buscar la felicidad cada día, y no nos damos cuenta de que es ella la tiene que encontrarnos. Y eso será donde menos te lo esperas; en el instituto, en el supermercado, o en mitad de una huida. Y cuándo llega descubres que ahí no acaba todo. Que el final de un camino, sólo es el principio de otro, y lo único importante es la persona que escoges para que camine a tu lado. Y esconderse es lo que menos te importa. Lo que te importa es que estás tocando con la yema de los dedos eso que has estado soñando toda tu vida, y ya sólo importa el hoy, el presente, y lo que queda por venir. Porque no se puede borrar lo que ya está escrito,y porque la vida es aquello que te sucede mientras tu tratas de hacer otra cosa.
Festival de chocolates | Samcedes
Eres perfecta, ¿lo sabías? Dijo contemplando al fin su piel desnuda, sus pechos. Era perfecta por dentro, por fuera, desnuda y vestida. La deseaba tanto que hasta llegó un punto que lo olvidó todo. Todo lo malo que podría pasar si alguien se enteraba de aquello…
Aguanta Sam; repetía una pequeña voz en su cabeza mientras hundía de nuevo su cabeza entre los ahora, descubiertos pechos de ella. Los estrujaba con sus manos y saboreaba con su boca, jugueteando con sus pezones, mientras ella no dejaba de moverse bajo él, jadeando. Mer… Susurró antes de bajar besando su vientre para tomar un descanso. Ayúdame… Dijo mientras la ayudaba a incorporarse ligeramente, cogiendo sus manos y llevándolas al extremo de su camiseta. Quítala…
¿Perfecta? Pudo decir, sin impedir que una sonrisa se formase en su cara, viendo cómo sus ojos verdes la miraban. Mercedes podía ver deseo en ellos, deseo que podía borrar todos sus miedos. Le había pedido que confiase en él, y ella lo haría, con todo su corazón. El chico no había tardado en buscar éstos con las manos, tal y como lo había hecho antes por encima de sus ropas, y ahora, su boca también los trataba con pasión, la que hacía que ella se removiese debajo de él, gimiendo sin poder evitarlo. Oh, Dios... Aquello era... Nunca había sentido nada así. La hacía subir y subir y... ¿S...sí? Él se perdía ahora por su vientre, levantando la cabeza. ¿Que le ayudase? Ohhh... Había tomado sus manos y ahora la chica le ayudaba a quitarle la camiseta, revelando sus perfectos abdominales. No era la primera vez que se los veía, pero sí la primera que podría tocarlos, y eso precisamente fue lo que hizo. Su dedo índice rozó tembloroso cada línea y la chica suspiró, mirándole a los ojos, antes de abrazarle de nuevo, pegando sus pieles por fin y hundiendo su cabeza en su cuello para dejar un beso en él. Besándolo a él después y posando una mano en el pecho del chico dónde su corazón latía, dirigiendo sus labios hacia donde su mano se encontraba y dejando un suave beso junto a su corazón. Eres precioso. Dijo, notando cómo sus mejillas se encendían. Él lo era, y no le importaba nada que aquel término solo fuese usado para las chicas. Y volvió a besarle, atreviéndose a jugar con su lengua mientras lo atraía hacia ella de nuevo, acariciando su hermoso pelo rubio y su ancha espalda.
Festival de chocolates | Samcedes
Confía en mi, Mer… Le dijo sin cesar de besarla. Jamás le haría daño. Jamás le haría algo que ella no quisiera. Sólo quería sentirla junto a él, besarla sin descanso. De hecho se conformaría con tocarla por encima de la ropa como estaba haciendo si eso era lo que quería. No le importaba esperar.
Sin embargo, de pronto Mercedes agarró la mano del chico y la llevó bajo su camiseta. Se quedó paralizado por unos instantes sin saber qué hacer, contagiándose por el nerviosismo de ella. ¿Qu-é? Dijo de una manera entrecortada, mirándola fijamente. Inmóvil, esperando una orden, una señal de qué era lo que tenía qué hacer. Una vez más Mercedes se estaba comparando con las demás y Sam negaba con la cabeza. No necesitas ser como las demás, Mer. Agarró uno de los extremos de la camiseta y la quitó hacia un lado. Tú eres única y perfecta… Introdujo uno de sus dedos bajo el tirante y lo deslizó hacia abajo. Y no tienes que gustarme, porque ya lo haces… Cogió su cara enredando sus dedos con el pelo negro de ella por la parte trasera y la besó. Y mucho. Se separó. Y es más, no sabes lo loco que me vuelves, Mercedes Jones. Unió sus labios de nuevo, lleno de deseo.
Su lengua recorría toda su boca para luego salir y recorrer cada centímetro de de su cuello, dejando pequeños besos y deteniéndose en su pequeña oreja. Los gemidos de ella y sus manos traviesas por debajo de su camiseta, clavando las uñas sobre su espalda de vez en cuando, solo hacían más que avivar el fuego que se había prendido en él. No quiero oírte decir eso, Mer… Dijo cuando su respiración le dejó. Te quiero a ti y a nadie más, ¿entendido? La besó en la boca. Tú y sólo tú eres la pieza que faltaba para completar mi puzzle… Ella era única y no le permitiría que se infravalorara más. Él siempre le recordaría lo importante que era para él y que teniéndola a ella no le hacia falta nada más.
Y tras estas breves palabras no tardó en cubrirla de nuevos besos uan vez más. Su mano acarició suavemente el muslo de la chica y lo elevó, quedando atrapado y su boca bajó lentamente hasta sus pechos, saboreandolos como no había hecho antes, atreviendose incluso a darle un pequeño mordisco en uno de ellos. Pasó su lengua por la señal de sus dientes y la perfiló con uno de sus dedos en una pequeña caricia tratando de calmar el dolor que le hubiera podido causar. Déjame verlos, Mer. Se atrevió decir. Confía en mi. Le volvió a decir.
"Confía en mí." Él no dejaba de decirlo y ella quería hacerlo. Con todo su corazón. Quería demostrarle que podía, aunque se estuviese muriendo de miedo. Su cuerpo permanecía debajo del suyo, pegados por completo, y ella no podía dejar de temblar. No de frío, sino de una pasión que los recorría de pies a cabeza. Nunca había pensado que aquello pudiera ser así. Amar. Le amaba tanto. "Tú y sólo tú eres la pieza que faltaba para completar mi puzzle…" Mercedes lo escuchaba tratando de no echarse a llorar. Pero aquellas palabras que él le había dicho en el cuarto oscuro del conserje esa mañana, volvían a repetirse. Ella era aquella pieza. Su otra mitad. Y todo aquello que Sam le decía le daba fuerzas. Aún sin haber completado la frase, él había sabido leer entre líneas. "Tú eres única y perfecta… " Escuchaba. Por favor, no permitas que deje de serlo para él. Rogó, por miedo a perderle. Había estado a punto de hacerlo aquella tarde que había desembocado en varios días sin hablarse, y ella no había podido dejar de llorar. Creía que todo había acabado, pero él había luchado por ella. Por ellos. Cuando su dolor no se lo había permitido. Era ahora el momento. Ahora debía luchar. Por él, por el chico que le había enseñado lo que era amar. El que la había protegido de todos. No debía temer, aunque los escalofríos la hiciesen temblar. No debía temer, porque él nunca podría lastimarla.
Loco... Lo volvía loco y ella también lo estaba, recibiendo besos sin descanso, y jadeando mientras sentía su respiración en su oreja. Sus uñas en su espalda, dejarían marcas en él pero no podía parar. Entendido... Consiguió decir, antes de que él volviera a unir sus bocas, y su mano elevase su pierna, pegándola más a él. Oh... ¿Eso es? Oh... Gimió, sin casi tiempo a avergonzarse por lo que había hecho. Él ya había buscado sus pechos y le estaba dedicando todo su cariño. Y todo aquello que el chico estaba haciendo, estaba estropeando su ropa interior. Verlos. Dijo, abriendo los ojos y buscando los de él. Quería verlos. No tengas miedo, te está pidiendo que confíes en él. Armándose de valor, se levantó un poco para abrir el cierre de su sujetador, y lo deslizó por sus brazos, tapándose ligeramente con sus manos, antes de descubrirse por completo. Era la primera vez que él la veía desnuda. La primera vez que un chico la veía desnuda y mordiéndose el labio, Mercedes deseó gustarle.
Festival de chocolates | Samcedes
Los labios de Mercedes permanecían cubiertos de chocolate. Un aroma que invitaba al chico a besarlos irremediablemente. La chica por un momento quiso que él se ahorrara el trabajo de tener de limpiarlos, pero rápidamente detuvo su mano, agarrándola por la muñeca y haciéndola a un lado. Negó con la cabeza, a la vez que ponía de nuevo su sonrisa traviesa y besaba con pasión los labios de su novia. Pronto su lengua buscó la de la chica en el interior de su boca e impulsivamente, hizo que se acostara sobre la cama, colocándose él junto a ella sin estar encima. La mezcla de sabores le estaba nublando el jucio. Soltó al fin su mano, para viajar ésta hacia su cintura, donde se introdujo lentamente por debajo de su ropa y sentía como la piel de ella se erizaba con el simple roce. Le regalaba caricias, mientras sus labios también sentían su piel cuando besaba su cuello y se detenía en su oreja. … Me encantas. Susurró junto al oído de la chica, sintiendo como su calor corporal aumentaba y todo le empezaba a sobrar, menos el aire, que tristemente le hacía tener que detenerse a respirar sin poder seguir disfrutando de Mercedes todo lo que quisiera.
Para ese momento sus piernas eran un auténtico laberinto. Las cuatro piernas permanecían cruzadas, unas encima de otras y Sam, poco a poco se había colocado encima de ella. Soltó los cuatros botones de la parte de arriba de su camiseta y no pudo evitar poner su mano en aquel lugar que se hinchaba y deshinchaba. Ella estaba tan caliente, tan excitada como él. Hundió su cabeza allí y llevó una de sus manos hasta el pecho izquierdo. Deseaba tanto hacerla suya, pero al mismo tiempo sentía tanto miedo de lo que podría pasar. La besó una vez más con la ayuda de su mano derecha que sujetaba la preciosa cara de la chica y su mano derecha masajeaba su pecho por encima de la ropa. Mer…
Había querido limpiarse. Había querido hacerlo, pero él no se lo había permitido, sosteniendo su muñeca y reclamando una vez más sus labios que lo aceptaron sin reproches. Oh, besaba también... Y ella intentaba estar a su altura pero aquello jamás lo lograría. Era un hecho. Sam era un seductor nato y ella... Ella temblaba por completo, ante sus caricias y sus apasionados besos. El chico había colado ahora su mano debajo de su camiseta, acariciándola mientras ella trataba de mantenerse quieta. Pero no podía. No podía. Sus manos le temblaban, toda ella temblaba a su lado, y su piel se le erizaba ante sus grandes manos. Oh... Aquellas manos... Mercedes deseaba que aquellas manos recorriesen toda su piel. Hacía mucho calor. Demasiado. Ya no solo lo notaba en sus mejillas que permanecían completamente rojas, sino en toda su piel. Le llamaba a gritos. A él. A sus manos, a sus labios. Oyó su susurro en su oído y no pudo evitar dejar salir un gemido de su boca, asustándose después. Aquello también era nuevo para ella. Todas aquellas sensaciones. Dios mío, ni siquiera se había tocado ella misma antes para comprobar qué era lo que se sentía y ahora él... Él la estaba volviendo loca, estaba haciendo que ella se olvidase incluso de su propio nombre y solo pudiese recordar el suyo. Sam... Jadeó, ya debajo de él, sintiendo por completo su cuerpo encima. Aquella era la primera vez que se sentía tan vulnerable, más incluso que aquella tarde en el coche cuando había querido que la tocase. Oh, aquel día él la había rechazado y ahora... Ahora no quería que lo hiciese. Señor, no lo quería en absoluto. Por favor... Le rogó, sintiendo su mano en su pecho izquierdo. Por favor... Repetía, recibiendo un nuevo beso por parte de él. Ni siquiera sabía qué era lo que estaba pidiendo. Lo deseaba todo y a la vez, temblaba de miedo por todas las sensaciones nuevas que él provocaba en ella. Sam... Yo no... Oh, no. No podía decirle no. Eso le confundiría. Yo... Trataba de decir. Estúpida, estúpida. Eres una tonta, Merce. Necesitaba callarse. Necesitaba... Necesitaba que él siguiese tocándola. Que no dejase de hacerlo. Por todas partes. Y allí, donde nadie la había tocado nunca. Ni tan siquiera ella misma. Su mano capturó la suya, alejándosela de su pecho y la condujo hacia debajo de su camiseta, colocándosela de nuevo sobre él. Solo el sujetador evitaba que sus dedos quedasen en completo contacto y Mercedes ahogó un nuevo gemido, a la vez que un escalofrío la recorría. El miedo volvió a recorrerla de la cabeza a los pies. ¿Y si no le gustaba? ¿Y si su cuerpo no era del agrado de él? ¿Y si...? Ella lo miraba ahora fijamente, mientras la mano de él permanecía anclada en su pecho. Sam... Mordió su labio inferior. Tengo miedo de no gustarte. Yo... No soy... Como las demás, habría querido decir. No tenía experiencia. Diablos, no sabía cómo hacer. No sabía nada. Y sin embargo, con una valentía que no sabía ni que tenía, se quitó su camiseta. Y tan pronto como se la había quitado, se había vuelto a cubrir con ella por encima. Quería ser como las demás, quería ser como ellas, pero no lo sería. Tenía miedo. Estaba muerta de miedo. Y sus mejillas completamente rojas. Lo siento. Yo... Yo quiero gustarte, pero... soy... soy un desastre y... lo he estropeado todo, ¿verdad?
Festival de chocolates | Samcedes
Si… Tenía todas las razonas del mundo para estar enfadada, para odiarle por lo que había hecho, por separarla de su amigo, porque siempre y cada una de las lagrimas que derramaba eran su culpa. ¿No se supone que tenía que hacerla feliz? Quizás Finn, si tenía razón, quizás él no estaba hecho para cuidarla y hacerla feliz. Pero, sin embargo, no renunciaría ella. Aprendería. Poco a poco encontraría la manera de hacerlo. La amaba y eso parecía que también era suficiente para la chica que buscó sus ojos al mismo tiempo que acariciaba con ternura su mejilla, alejando toda preocupación de su corazón. Te quiero. Un par de te quieros salieron de la boca de Mercedes, que tras el último y sin oportunidad de replica, fueron silenciados con un beso dulce. Sam se acercó a la chica, arrastrándose por la cama y sosteniendo entre sus enormes manos el rostro de la chica, profundizando el momento. Te quiero, Mer. Le dijo mirando sus brillantes ojos antes de dejarle un nuevo beso. Te quiero. Dijo con el corazón exaltado. Era la primera vez que se lo decía a una chica y sentía aquello. Sin duda era amor. Sin duda no podía dejarlo escapar.
Entrelazó sus dedos con los suyos y beso de nuevo los labios de la chica y separándose tras esto, sin perder de vista los ojos, abrió la caja y cogió uno de los bombones al azar. Lo miró, la miró a ella y sonrió con cierta malicia. Colocó el pequeño bombón sobre los labios de la chica, perfilándolos con él. Mordiendo su propio labio y sin parar de sonreír hasta que finalmente lo introdujo en la boca de la chica. ¿Te gusta?
Su corazón latía como un loco sin detenerse. Estaban allí, en su habitación, sentados en su cama, y él la besaba. Correspondía a su beso con palabras de amor. También la quería. Él también... Oh, Mercedes no podía creérselo. Sam, el hermano de Lucy, aquel al que ella misma había llamado hermano durante tanto tiempo, y "abuelito". Sam... Sam la quería, y se lo decía, mientras le regalaba besos y provocaba que ella se emocionase creyendo aquello imposible. Te quiero, Mer, oía la chica. Y las mariposas empezaban a revolotear su estómago, mientras le besaba. Mientras él entrelazaba sus dedos y la besaba una y otra vez. Sus dedos le temblaban, pero ya no tenía miedo. No ahora. Él podía hacerle feliz, solo él. Finn estaba equivocado. Todos estaban equivocados. Solo Sam podía. Él...
Mercedes se lo quedó mirando fijamente. ¿Qué pretendía? Miraba al bombón y luego a ella, y... luego... Estaba jugando con sus labios y... Y... Sus mejillas se sonrojaron por completo, mientras él introducía por fin el bombón en su boca. Oh, ¿qué estaba sintiendo? Sam se había mordido el labio inferior y ella no podía dejar de mirarle. Con timidez, asintió a su pregunta sin poder articular palabra. Debería decir algo, antes de que él pensase que de verdad era una tonta, pero no podía. Había conseguido comer el bombón sin atragantarse, pero ahora no le salían las palabras. Y seguramente, él la habría manchado por completo de chocolate. Quiso limpiarse rápidamente con la mano, mientras sentía cómo de repente, había subido varios grados la temperatura de la habitación.
Festival de chocolates | Samcedes
La mano de Mercedes sujetando la suya era una clara respuesta a que el día de San Valentín aún no estaba perdido del todo. Caminaban hasta su habitación para compartir los dulces, para estar junto a ella. Sin embargo, como era de esperar, para poder disfrutar de todo ello antes tenía que contarle a Mercedes todo lo que había pasado en casa de Finn. Tomó asiento a su lado y acarició su mano suavamente. Me fui muy cabreado de aquí. Confesó. Quería pegarle, tan solo quería pegarle. Suspiró. Así que conforme entré por la puerta me fui derecho a su habitación y le pegué. El me lo devolvió y no sé… Sé que a los pocos minutos Kurt estaba allí. Ni si quiera sé como hizo que pararamos… Sonrió. El caso es que a partir de ahí solo hubieron palabras, aunque seguía enfadado y gritaba. Mercedes… Sé que Finn es tu amigo, también lo es mio, pero le dije que no te hablara en un tiempo, ¿estás enfadada?
Cabreado, sí. Se había ido furioso, enfadado, y ella se había quedado sola y asustada, temiendo que aquella tarde acabase mal para ellos. Para él, para ella y para Finn. Lo escuchó con atención, mientras él le relataba lo sucedido. Él le había pegado a Finn. Y éste le había devuelto el golpe. Su boca se contrajo en un mueca, preocupada por cómo había terminado todo aquello, oyendo cómo de la boca de Sam salía el nombre de Kurt, y relajándose un poco. Su amigo, el que también la había metido en aquel lío, era quién había conseguido separarles. Tenía mucho que agradecerle. Demasiado. ¿Gritaba? Mercedes agachó la cabeza una vez más. Todo aquello era culpa suya. Todo. Si le hubiese hecho caso a Sam desde el principio, nada de aquello hubiera sucedido. Había conseguido que Finn se volviese loco. Ella había sido la causante. Él era una buena persona. Lo era de verdad, pero el encaprichamiento que tenía por ella le cegaba. Y él lo llamaba amor cuando no lo era. No lo era... Y ahora él no iba a hablarle. Finn no volvería a hablarle y todo había sido por su culpa. ¿Enfadada? Negó con la cabeza. ¿Cómo podría estar enfadada? Lo que quería era dar marcha atrás en el tiempo y que aquello no sucediese. Lo que quería era tener su primer San Valentín con Sam. El primer San Valentín de muchos. Pero ella misma había terminado por arruinarlo. Miró con tristeza los pasteles dentro de la caja y suspiró. Aquella mañana le había dicho que le quería en una gran oscuridad, mientras sus cuerpos se buscaban y sus corazones latían a mil por hora. Esa tarde él había entrado en su casa, preocupado por ella y la había abrazado sin soltarla mientras acariciaba su pelo. Esa tarde él la había protegido de Finn. Los chicos eran amigos, pero Sam no había podido mantener sus puños calmados. Le había pegado aún sabiendo que aquello la asustaba. Él también era un niño. Un niño rebelde que pretendía siempre solucionar todo a golpes. La pelea con Azimio, aquella vez que ella le había mentido acerca de su virginidad, aquellos anons sobre el video, Finn... Era un niño grande. Y ella lo amaba. Lo quería tanto. Buscando de nuevo sus ojos verdes y acariciando sus mejillas, sonrió, sintiendo cómo una lágrima resbalaba por su mejilla. Te quiero. Susurró, sin dudar. Ahora en un cuarto lleno de luz. Una habitación dónde pudiera verle. Te quiero. Repitió, junto a sus labios, acortando el espacio que los separaba en un beso dulce.
Festival de chocolates | Samcedes
Al abrir la puerta, vió los ojos hinchados y rojos de Mercedes. Sus temores se estaban confirmando. La chica había estado llorando por su culpa y de nuevo las lágrimas salían de sus ojos. sin embargo seguí preguntándo si estaba bien y pronto notó como sus manos acariciaban sus mejillas levemente doloridas por los pocos golpes que Finn y él habían intercambiado. Sin dejar que le respondiera, y aún con el miedo en el cuerpo a que le cerrara la puerta, Mercedes lo abrazó. Un abrazo que hizo que se tambalease. Le devolvió el abrazo como pudo, apretándola contra el lo más que pudo. Solo estaba preocupado por ti… Besó su pelo. Ahora que te veo estoy bien. Se separó de ella mirándole a los ojos cristalinos y haciendo una mueca. Tras esto suspiró y pasó uno de sus dedos por la línea que había dibujada en su rostro, secando una de las muchas lágrimas. … No quería preocuparte, pero siempre es lo que consigo. Dijo triste. Con todo lo que ha pasado, se me olvidaron en casa. Suerte que nadie los vio y decidió comérselos. Sonrió. ¿Te apetece ir arriba y saborearlos?
No digas eso... No es así, Sam. Él estaba preocupado por ella. Cuando era él mismo quién acababa de volver de quién sabe qué situación. No sabía qué había sucedido, pero Mercedes se temía lo peor. Rió, recuperando durante un segundo su sonrisa, al oír cómo él agradecía que nadie se los hubiese comido. ¿Arriba? Y... ¿Y saborearlos? Sonrió de nuevo, viendo su hermosa sonrisa. Su corazón había vuelto a latir como un loco y no parecía querer tranquilizarse. Sin responderle, se dio la vuelta, buscando su mano y lentamente subieron las escaleras, volviendo de nuevo a su habitación. Sam... No habrá pasteles si no me cuentas lo que pasó. Le dijo, haciendo que él se sentase a su lado. Por favor. Quiero saber qué pasó. Le pidió, acariciando su rostro. Le habría pegado a Finn? ¿El moreno lo habría golpeado a él?
Festival de chocolates | Samcedes
Caminó hasta la casa de Mercedes no sin antes pasar por la suya y coger la caja con los dulces de San Valentín que había olvidado. Le daría los dulces, ambos compartirían los chocolates, eso si Mercedes le habría la puerta. ¿Estaría cabreada por dejarla allí? ¿Por no haber respondido a sus suplicas de que no fuera a enfrentarse con Finn? Deseaba y esperaba que no. No la quería de nuevo lejos, no quería estropear de nuevo la relación y con sus prontos quizás la relación no aguantaría demasiado. Al dobló la esquina y pocos instantes después estaba tocando al timbre. Escondió la caja detrás de él y espero a que la puerta se abriera, apareciendo tras ésta Mercedes, y la enseñó. ¿Hola…? Preguntó tímido con la cabeza medio agachada con miedo a una reprimenda y mordiendo su labio suavemente..
Había esperado con miedo a no volver a verle aquel día. Había esperado con miedo a que aquel primer San Valentín que pasarían juntos se hubiese estropeado por su culpa. Y así había sido. Él se había ido, dolido, lastimado, a ver a Finn. A reclamarle lo que le había hecho a ella. Había querido pararle, detenerle y abrazarle hasta que el chico se calmase y se quedase con ella. Pero él se había ido igualmente. Todo lo hago mal. Todo. Sam... Mercedes secó sus lágrimas una vez más, mirando a través de la ventana. Vuelve, por favor. Pedía, sin saber si aquello ocurriría. Por favor, vuelve. Su corazón dio un vuelco cuando oyó por fin el timbre de la puerta. Había venido, ¿verdad? ¿Era él? Bajó las escaleras casi de dos en dos y se precipitó a abrirle. Al tiempo que lo veía y él le descubría los pasteles que traía para ella. Sam... Sam... Oh, Señor. Había vuelto, y le traía pasteles. La emoción la embargó y nuevas lágrimas salieron, sin importarle ya que el chico las viese. Volviste. Dijo, tratando de buscar su mirada. El chico había agachado su cabeza y ahora ella, se la levantaba con cuidado, temiendo ver marcas en su rostro. ¿Estás bien? Sus manos acariciaron sus mejillas y su pelo rubio. ¿Estás bien? Preguntó de nuevo, preocupada. Dime que estás bien. Dime que... No llegó a terminar la frase, sus brazos buscaron su cuerpo y se unió a él en un abrazo, haciéndole casi tambalear y que los pasteles se cayesen. Con suerte, el chico tenía equilibrio y aquello no sucedió. Me trajiste pasteles... Susurró junto a su pecho.