Quédate tranquila alma mía, que estoy haciendo lo mejor que puedo para crecer un huerto alrededor de mis heridas; que estoy tratando de escapar del fuego que consumió por completo los cimientos de mi antigua vida.
No te asustes si me ves echa bolita, solo estoy buscando entre las cobijas el latido que me hará levantarme de nuevo, protegiéndome del frío de tu ausencia que aún me cala los huesos.
Tenme un poco de paciencia y fé, quizás me esté tomando más tiempo pero te prometo que no me voy a dejar vencer.
Ponme a un ladito de tu pecho allá en el cielo, pero no te preocupes tanto, ya verás que un día voy a dejar de caer.

















