Ya no habrá más tu voz cerca, ni el roce de tus palabras, pero vivo entre las grietas de todo lo que me dabas. Te veo en el café oscuro que dijiste que olía a casa, en la lluvia sobre el muro, en la luz que se derrama. En la música que amabas me encuentro sin esperarlo, y es tu ausencia la que canta donde ya no puedo hallarte. Hay un libro que dejaste marcado en la misma página, y yo que tanto te quise lo abro y vuelves a mi alma. Me enseñaste el nombre exacto de las flores en la falda del cerro, y ahora las veo y te llamo, y nadie habla. El silencio tiene forma, tiene el peso de tu cara, y yo cargo ese silencio como si fuera una llama. Ya no nos veremos más, pero estás en cada rama, en el olor de la tierra, en lo que el tiempo no borra.
- Laura S. Rodas.
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