"Me he quedado solo y ya no amo a nadie, ni siquiera a los recuerdos. Los escribo, para librarme de ellos”

seen from Malaysia
seen from Hong Kong SAR China

seen from Australia
seen from United States

seen from Greece
seen from Germany
seen from Argentina
seen from China

seen from Greece
seen from Japan
seen from Sweden
seen from Germany

seen from France

seen from Singapore
seen from Spain
seen from United States
seen from United Kingdom
seen from United States
seen from Belarus
seen from United States
"Me he quedado solo y ya no amo a nadie, ni siquiera a los recuerdos. Los escribo, para librarme de ellos”
El día en que sin saberlo
hacemos por última vez una cosa
—mirar una estrella,
atravesar una puerta,
amar a alguien,
escuchar cierta voz—
si algo nos advirtiera
que nunca volveremos a hacer eso,
probablemente la vida se detendría
como un muñeco sin niño ni resorte.
Sin embargo, cada día
hacemos algo por última vez
—mirar un rostro,
llamarse con su propio nombre,
terminar de gastar un zapato,
probar un temblor—
como si la primera vez o la milésima
pudiera preservarnos de la última.
Nos haría falta un tablero
con todas las entradas y salidas marcadas,
donde se anuncie claramente, día por día,
con tiza de colores y con vocales
qué le toca terminar a cada uno,
hasta cuándo se hace cada cosa,
hasta cuándo se vive
hasta cuándo se muere.
Roberto Juarroz
(Fragmentos verticales)
“Cuando me haya ido, no me busques detrás del frío mármol de una tumba, búscame entre las rosas. Cuando me vaya, búscame en fotografías, búscame entre mis libros, en mis canciones, en mis poemas, en mi música. Búscame dentro de todas las cosas que más amo, porque solo en estas encontrarás mi alma”.
—Jim Morrison.
Quédate tranquila alma mía, que estoy haciendo lo mejor que puedo para crecer un huerto alrededor de mis heridas; que estoy tratando de escapar del fuego que consumió por completo los cimientos de mi antigua vida.
No te asustes si me ves echa bolita, solo estoy buscando entre las cobijas el latido que me hará levantarme de nuevo, protegiéndome del frío de tu ausencia que aún me cala los huesos.
Tenme un poco de paciencia y fé, quizás me esté tomando más tiempo pero te prometo que no me voy a dejar vencer.
Ponme a un ladito de tu pecho allá en el cielo, pero no te preocupes tanto, ya verás que un día voy a dejar de caer.
Quiero irme, ir a un lugar donde debería estar, donde encajaría, pero mi lugar no está en ninguna parte; no soy deseado. No escribo como hablo, no hablo como pienso, no pienso como debería pensar, y así sucesivamente hasta las más profundas tinieblas.
—Franz Kafka.
Hay un tipo de tristeza que viene de saber demasiado, de ver el mundo como realmente es. Es la tristeza de entender que la vida no es una gran aventura, sino una serie de pequeños, insignificantes momentos, que el amor no es un cuento de hadas, sino una emoción frágil y fugaz, que la felicidad no es un estado permanente, sino una rara y fugaz vista de algo que nunca podremos sostener.
Y en ese entendimiento, hay una profunda soledad, una sensación de estar aislado del mundo, de otras personas, de uno mismo. "
—Virginia Woolf.
Quizás muera pronto; entonces, nadie se acordará de mí y nadie estará junto a mi tumba. Algunos de los que me conocieron dirán: Era un buen caballero, y otros dirán: Era un sinvergüenza despreciable.
Mi página en el registro de la vida se cerrará y no quedará ningún rastro de mi venida. La vida después de mí será como era antes, nada cambiará en ella y el sol seguirá saliendo cada mañana y poniéndose cada noche. Lo único que ha cambiado es mi ausencia.
Entonces aquí he pasado toda mi vida preocupándome y dudando, con miedo de lo que pasó y de lo que pasará, olvidándome de mí mismo y prestando atención a lo que dicen los demás".
— Fiódor Dostoievski
Fondos... Por que sí.