Le dediqué “Si te vas”, de Extremoduro
El sol se ponía lentamente a través de una ventana a rayas, el calor de la tarde disminuyendo.
En su mano la mía, en sus ojos parecía preguntarse por qué me sentía avergonzado, mientras cantaba en voz baja la letra de la canción, queriendo que con sus ojos desentrañar un mensaje codificado entre mis gestos, entre mis suspiros, entre el calor de nuestra piel entrelazándose como dos culebras con extremidades.
Nunca fui mucho de creer en la suerte; una forma de autosabotearme es siempre ver el lado malo de las cosas.
“Si te vas, me quedo en esta calle sin salida” cantaba en voz baja, como queriendo cantárselo a ese momento, a esa intimidad otorgada tras el jadeo, la saliva y el intercambio de promesas.
El solo miraba, escuchaba y absorbía cada palabra de la canción, como si quisiera imprintar el arreglo compuesto en fa mayor a través del contacto de la yema de sus dedos con los míos.
“…que este bar está cansado ya de despedidas”













