Lino.

⁂
Misplaced Lens Cap
Cosimo Galluzzi
hello vonnie
tumblr dot com
Not today Justin
trying on a metaphor
dirt enthusiast
No title available
styofa doing anything

No title available

No title available
Sade Olutola
h
i don't do bad sauce passes
One Nice Bug Per Day
todays bird
Lint Roller? I Barely Know Her

Janaina Medeiros
we're not kids anymore.
seen from Türkiye

seen from Malaysia
seen from United States

seen from Malaysia

seen from United States
seen from United States
seen from United States

seen from Malaysia

seen from United States
seen from Philippines
seen from Canada
seen from Germany

seen from United States
seen from Türkiye

seen from Malaysia
seen from United Kingdom
seen from United Kingdom
seen from United States

seen from China

seen from Türkiye
@satoso
Lino.
Querida yo:
Te perdono.
Perdono tus palabras filosas. Las que me cortaban y me hacían dormir llorando. Te perdono por frenarme cuando quise saltar a lo novedoso. Tenías miedo. Creíste que así me cuidabas. Gracias.
Ahora estás mejor. Más segura. Más fuerte. Y estoy orgullosa de ti.
De ahora en adelante, voy contigo. Si quieres lanzarte, salto. Si quieres llorar, lloro. No tienes que ser fuerte todo el tiempo. No cargues sola. Estoy acá.
Son las 4 de la tarde y mi almuerzo se enfrió esperando ser devorado. "¿Qué te pasa?", preguntan. Y me callo unos segundos mientras intento adivinar qué me pasa. "No me pasa nada", respondo bajito y con dudas. Es que me han obligado a creer que estar bien es hacer un montón de actividades en el día, solo porque corresponde.
Pero hoy quise disfrutar de la claridad que entra por la ventana, del ruido del ventilador entre tanto silencio, de sumergirme en mis pensamientos hasta quedarme dormida. Y desperté, babeada y de cara hinchada. Ahora me siento renovada y... con hambre.
Entonces no me pasa nada. Mi día no se detuvo. Solo bajé el ritmo. Era lo que necesitaba. Me niego a cumplir reglas y horarios que no me satisfacen. Ser feliz es la única regla que importa.
Siempre creí que las críticas ajenas eran la causa de tantas heridas en mí. Pero recientemente, parada frente al espejo, sentí que alguien me señalaba. Me asusté porque no había nadie conmigo. Y de repente, escuché unas voces en mi cabeza que juzgaban sin piedad mi reflejo. Les pregunté quiénes eran y qué hacían ahí.
Se presentaron como el que dice “no eres suficiente”, la que repite “se van a reír de ti”, y la que susurra “mejor no lo intentes”. Dijeron que siempre han vivido ahí. Que yo era su marioneta.
Les pedí que se fueran. Se negaron. Dijeron que no era tan sencillo. Que solo se irían el día que yo creyera en mí misma, que me quisiera, y entendiera de lo que soy capaz.
Les dije que lo haría. Se burlaron: “es casi imposible”.
Pero hay algo que ellos no saben: mientras me hablaban, yo corté algunas de las cuerdas envenenadas con que me ataban. Y pronto me zafaré. Los desalojaré de mi cabeza para siempre.
Ese día entendí algo: mi mente es veneno y antídoto. Yo elijo la dosis.
Estoy harta.
Harta de no tener una persona real en mi vida. De conocer y conocer por chat, pero nunca lograr una conexión que se sienta en el pecho.
Quiero a alguien que seque mis lágrimas con un pañuelo, no con un sticker de "ánimo". Alguien que se ría cuando mi short de mezclilla termina lleno de helado de chocolate, en vez de darle like a una foto de perfil que me tomó 10 intentos.
Y lo más triste: por ese vacío me encariño en una semana. Todos dicen que soy maravillosa, pero al mes se van. Y yo me pregunto: si soy tan maravillosa, ¿por qué duermo sola?
Quisiera ser feliz conmigo. Aprender a estar sola. Pero es mentira que sea fácil. Las redes te venden amor propio como si fuera comprarlo en la esquina. No lo es.
Estamos hechos para amar. Para tener compañía. Ir en contra de eso es pelear con tu propia sangre. Sí, hay que quererse. Y a mí me falta. Me falta mucho. Yo misma me cierro las puertas imaginando que todo va a salir mal.
Quiero creer que no será así para siempre. Llevo años creyéndolo. Ya no sé qué hacer. A veces ni quiero hacer nada. Solo dejar que la vida pase. Quizás ese alguien está perdido en alguna red social también.
Y mientras, aquí sigo. Escribiendo. Porque si mi soledad va a doler, que al menos duela con mis palabras.
Nos enseñaron que "necesitar" es debilidad y que "intensa" es insulto.
Para mi, el acto de amor más grande es la compañía. Porque podría estar en cualquier otro lugar, con cualquier otra persona, haciendo cualquier otra cosa y sin embargo no. Aquí estoy, y elijo quedarme cerca de ti por si algo necesitas, por si necesitas de mi también.
Alex G.
Te vi y el mundo fue deprisa, me gustaste en una sonrisa. No hubo pausa, no hubo calma, entraste directo al alma.
Dicen que tienes menos años, yo solo cuento los peldaños que subo cuando estás cerca, que el tiempo contigo se acerca.
Llegaste sin pedir permiso, volviéndolo todo preciso. Relojes fuera de lugar, pero aprendieron a bailar.
Si preguntan por tu edad, contesto con la verdad: lo de menos es el número, lo de más es este rumbo.
Porque contigo todo quema, y cada instante es poema. Fuiste rápido, sin medida, y eres la mejor bienvenida.
No todo lo que siento cabe en una conversación.
No traje flores robadas ni versos de otro poeta. Solo llegué con mis risas y mi forma tan inquieta.
No calculé las miradas ni medí cada palabra. Hablé de lo que me gusta, y él se quedó... y no se iba.
No prometí ser la luna, ni el sol que nunca se apaga. Solo fui luz bajita, de esas que el alma no paga.
No me puse otra cara para gustarle un poquito. Me quedé con la mía... y él me encontró infinito.
Porque al final, el cariño no se gana con disfraz. Llega cuando te ven el alma y dicen: "Aquí tengo paz".
Duele saber que lo bueno a veces es prestado. Que te miro y ya te estoy extrañando. Que guardo tu voz como foto que no quiero revelar, porque revelar es aceptar que se acaba.
Pero gracias. Gracias por cruzar mi calle aunque fueras solo semáforo en verde. Por dejarme saber que lo increíble sí existe, aunque no se quede.
No todos los amores son para quedarse. Algunos vienen solo a recordarte que tu corazón todavía late, y que vale la pena abrir la puerta, aunque sepas que un día tocará despedirte.
Te voy a olvidar lento. Y eso, para mí, ya es quererte mucho.
Tú llegas, dices dos frases, me prestas tu risa un rato, y ya te hice espacio en el pecho como si llevaras años.
No sé hacerlo despacio. Me encariño en un café, en una historia mal contada, en cómo dices mi nombre.
Ojalá el corazón tuviera frenos. Ojalá no doliera tanto guardar gente nueva en un lugar tan viejo.
No me digan que es fácil porque camino sin prisa, que no tengo tormentas porque mi mesa está vacía.
Ustedes sembraron hogar, ruido de pies y de risas, eligieron el camino donde el tiempo se multiplica.
Yo sembré otros terrenos: sueños sin compañía, noches de hablar conmigo, metas que nadie vigila.
No es que no pese lo mío, es que pesa distinto. No es que no tenga nudos, es que los ato solita.
Cada quien carga su mundo, cada quien tiene su abismo. No comparen sus montañas con el valle que yo piso.
Así que guárdense el juicio de que a mí nada me cuesta. La vida no es una carrera donde gana quien más pesa.
Vivo en un cuerpo que no elegí, con recuerdos que no me pertenecen del todo, y sueños que se me escapan entre los dedos como agua con prisa.
Me dijeron que construyera algo sólido, pero todo lo que toco se vuelve tiempo. Las promesas se agrietan. La gente se va sin decir adiós, o se queda sin estar.
Y aun así, cada noche barro el polvo de esta casa prestada, enciendo una vela en la ventana, y le hablo bajito al miedo: "Quédate, pero no mandes".
Porque al final, lo único que tengo es este instante que se deshace mientras lo nombro. Y lo nombro igual. Con miedo, con hambre, con nombre propio.
Si me voy mañana, que sea diciendo que estuve aquí.
No perfecta.
Presente.
El tiempo no te roba, te presta.
Y cobra interés en recuerdos.