Return // Sebafton.
Instintivamente, su cuello giró en dirección al chico que reposaba a su costado, dirigiendo una de sus manos hacia la pierna que éste colocaba sobre su cintura, empezando a acariciarla y recorrerla con las yemas de sus dedos. Trataba de concentrarse solamente en los hipnotizantes ojos contrarios, de verdad que lo intentaba, pero cuando su subconsciente tenía en primer plano el hecho de que ambos se encontraban semidesnudos, sus intentos no servían de mucho, o más bien, no servían de nada. Sus dedos realizaron un trayecto más largo y juguetón por la pierna ajena, deteniéndose al topar con la ropa interior del chico, justo para después escuchar la petición, la que le bastó para que su cuerpo se exaltara y reaccionara al cabo de una milésima de segundo. La ansiedad de poseerlo era demasiada, no se podía negar, pero jamás lo había hecho, ni con él, ni con nadie, y eso desencadenaba nerviosismo en sí. Sin embargo, no podía controlar su deseo hacia el contrario y no podía rechazar ninguna petición que éste mismo le hiciera, así que rápida y desesperadamente buscó sus labios para terminar por unirlos con ímpetu. Aun no se reponía de lo acontecido en el elevador pero eso no iba a ser un impedimento—. ¿Seguro? —cuestionó retóricamente en apenas un susurro, esto sin dejar de conectar sus bocas. Moviéndose con más agilidad de la que se creyó capaz, se acomodó para posicionarse casi sobre el moreno, entrando en contacto torso con torso.
Se estremeció bajo sus caricias, sintiendo su cuerpo relajarse contra el colchón de manera tranquila mientras el muchacho continuaba con su camino de roces en su pierna. Sabía lo que significaban sus palabras para ambos, pero para él tenía que ser así o no estaría tranquilo. Quería tenerlo todo del contrario, absolutamente todo. Por eso, simplemente, esperó a que la primera impresión por su petición pasara, viéndose sorprendido y agradecido cuando de manera decidida, el castaño unió sus labios en un beso frenético, beso que correspondió de buen grado. Por momentos quiso invertir las cosas y tomar el control como estaba acostumbrado hacer, pero se repetía internamente que no debía, que le había dado luz verde a su compañero para que éste se hiciera con la situación sin interrupciones; tenía que mantener el control y le estaba resultando imposible. — E-estoy seguro —susurró de manera entrecortada contra sus labios, dejando al descubierto así lo nervioso que se sentía por aquella decisión. Sin embargo, esas emociones se vieron dispersas cuando el ojiverde subió a su cuerpo, haciéndolo reír desde el fondo de su garganta a la vez que acariciaba la espalda contraria y continuaba el beso, manteniendo la intensidad del mismo.















