TEMORES CONFRONTADOS, UNA PRONTA SOLUCIÓN.
Desde pequeño siempre le he temido a la independización personal, al sostenimiento propio, al hecho de tener que valerse por uno mismo, sin contar con el apoyo de nadie más.
Puedo decir que hoy en día he experimentado este sentimiento de estar fuera de casa, de pensar que todo lo que hagas debe ser minuciosamente detallado, pues un paso en falso y te arriesgas a que todo termine.
Mi historia comienza el 22 de marzo de 2011, un día maravilloso en el que como todos los años, la costumbre de celebrar el cumpleaños de mamá, se convertía en una gran satisfacción, solo con la gran diferencia de no contar con la compañía de mi hermano y sin tener como dicen comúnmente, un peso en el bolsillo.
Ese día me senté en la hamaca que estaba situada en el corredor al frente de la casa, totalmente desanimado por no poder demostrarle el cariño que sentía por ella por medio de un detalle, y seamos realistas, a que mamá no le gusta que le obsequien detalles como, zapatos, blusas, accesorios, o simplemente un pastel de chocolate para endulzar ese día tan estupendo. Claro está que así como ellas quisieran recibir este tipo de cosas, hay otras que como mi mamá, no les importan recibir así sea un beso o un abrazo como muestra de cariño y afecto, pero el problema es que tenía 16 años y la verdad me parecía un poco penoso no tener para darle lo que quisiera, pero ese año tuvo que ser así.
Ese día me sentía culpable, hacía unos meses atrás había culminado mis estudios y me había graduado como bachiller, y mi pensado era esperar la mitad de un año, para ingresar a la educación superior, por que así como yo, muchos han llegado a pensar que debemos esperar este tiempo para descansar e ingresar llenos de ánimo y totalmente “relajados”.
Pasada una semana después de ese acontecimiento, había pensado que no me importaba si no me tomaba el tiempo para despejar mi mente, lo único que quería era aprovechar mi tiempo, y pensar ya como un adulto, no tener que depender de mi mamá y por el contrario, empezar a producir para mí mismo y poder ayudar algo en casa.
Ese año mi mamá había tenido una crisis económica, y no disponía del recurso para apoyar mis estudios, pero no fue impedimento para que yo tomara mis decisiones y aceptara ir al departamento del Tolima a trabajar con un primo, obviamente ella estaba asombrada de mi actitud, pues en los últimos años de mi secundaria, había jurado y prometido respetar mi decisión de quedarme en casa un tiempo, pero para ese día mi decisión estaba tomada, me iría a trabajar.
Todo sucedió muy rápido, y mi mamá no creía que yo tuviera el valor de hacerlo, hasta que la abordé un día en su habitación para que firmara la carta que aceptaba que yo trabajara, sabía que no era una manera de evadir la ley que protege y respeta los derechos a los menores de edad, pero sería un punto a favor en caso tal que alguna organización me descubriera en la actividad que iba a desarrollar.
Esa noche firmó la carta y me dijo:
- Si es lo que quieres, te apoyo y a la vez me duele, pues de tan solo pensar que te irás de mi lado a los 16 años, me hace sentir como una cobarde y como una perdedora, ya que no te puedo ofrecer nada en este momento, recuerda todo lo que te enseñe en este tiempo y creo que tienes las bases necesarias para empezar tu proyecto de vida.
Soy realista y acepto que no pude contener las lágrimas, pero estaba tan seguro en lo que quería, y aunque suene un poco cruel, no me importaba esas lágrimas que en ese momento corrían por sus mejillas.
Al otro día, llegó el momento más duro de este proceso, la despedida. Recuerdo que me obsequió una camándula que le había dejado mi abuelo antes de su muerte, y que con mucho cariño la guardaba hacía mucho tiempo, y a la cual le guardaba mucha fe.
Me despedí miles de veces, me iba y volvía me iba y volvía, quería todos los besos que pudiera, por el tiempo que iba a estar fuera de casa.
Pasados dos días, estaba en Chaparral Tolima, y estaba entusiasmado por lo que había hecho, mi primo me ofreció un trabajo y me puso las cosas claras. Tenía que aportar algo para la manutención y tenía que trabajar fuerte si quería iniciar mis estudios.
El trabajo consistía en supervisar y vender alimentos no perecederos al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, me iba bien en ese proceso y estaba ganando 20 mil pesos fuera de aportar a la manutención y mis cosas personales.
Pero había algo que no me tenía conforme, era el hecho de tener que estudiar un tecnólogo cuando lo que quería inicialmente, era una carrera universitaria profesional, esto me tenía desanimado pero siempre demostraba lo contrario cuando hablaba con mi mamá, pues no quería preocuparla en sus cosas.
Con ese trabajo ya podía aportar algo en casa, y cada celebración que involucrara a mi mamá tenía la satisfacción de asombrarla con un buen regalo que demostrara mi cariño.
Pasados 5 meses luego de estar establecido en Chaparral, decidí que yo estaba en capacidad para algo más, pues hacía unos meses atrás había empezado a ahorrar para cuando llegara ese día, el día de tomar nuevos rumbos.
Aquí en Bogotá tengo familia, tíos, abuelos paternos, primos y demás, pero la relación entre nosotros no había sido más de conveniencia desde un tiempo hacia acá, pero como dicen por ahí, la necesidad tiene cara de… ustedes ya saben.
Hablé con uno de mis tíos y le comenté mi situación expresándole mis metas y sueños, las ansias por estudiar en una universidad, y las ganas por estudiar una profesión. Con el asombro de escuchar un sí, de su parte.
Al instante llamé a mi mamá para contarle lo sucedido, y estaba asombrada por lo que había conseguido hasta el momento, me animó y dijo que ella tenía preparado algo para mí, y como siempre, no me contó lo que era después de rogarle infinitamente.
Me vine hacia Bogotá, y empecé a trabajar con mi tío, él era un distribuidor de colchones Comodísimos, y tuve la fortuna de viajar por algunas partes de Colombia con él.
Hasta el momento todo había resultado como lo esperaba, con mi dinero ahorrado, me di el gustico de viajar en Avión hacia mi casa y de poderle organizar una cena a mi mamá y a mi hermano, lo paradójico es que era mi cumpleaños, y debería de ser al contrario, pero bueno me sentía bien en hacerlo.
Estando allá al momento de la cena, mi mamá se levantó y me dio un sobre, lo abrí y lo leí, decía en pocas palabras que me apoyaba el hecho de estudiar y que me daba la oportunidad de estudiar lo que quisiera en donde quisiera, si donde quisiera.
La abrasé y le agradecí mucho, la oportunidad que me daba, y para mí fue la mejor noticia del año.
Me regresé con la satisfacción de poder empezar un nuevo punto de mi proyecto de vida, pero con la condición de poder ayudar algo cuando lo pudiera, y así fue.
Hasta el momento voy en el tercer semestre de Comunicación Social y puedo decir con satisfacción, que a pesar de algunas adversidades he podido salir adelante, y que el temor que tenía o que mejor, tengo aun pero muy poco a la independización, es solo eso, un miedo que lo he ido superando gracias a la confrontación.