estira el cuello en varias direcciones, inspeccionando que no rondara ninguno de los molestos chicos que usualmente lo atormentan cuando se acerca a cian, callando esta parte con tal de evitar confrontaciones. ‘’tuve cuidado, es solo que….’’ ¿cómo decirle que sus accidentes son provocados? ¿cómo? ——odia que lo vean con lastima, odia que necesite de terceros para sobrevivir. ‘’sabes que estoy en una larga relación con la torpeza, ¿cierto?’’ ríe, único medio que tiene de aliviar los demonios internos que lo asechan sin descanso, arrastrando sus pesados pies sobre el pavimento. le aterra la posibilidad de que un día cian diga suficiente, que es un estorbo y está cansando de ayudarle. ‘’cian —¿no es agotador cuidarme?’’ cuestiona en voz baja, encontrándose con la espalda del chico que ha querido por meses. tal vez más. ‘’nuestros caminos siempre se enlazan de alguna retorcida manera, sin embargo todavía temo.’’ suspira, frotando suavemente el brazo herido. ha hablado más de lo normal, hundiéndose en la repentina frialdad de sus huesos. ‘’dicen que soy una distracción para ti, ¿es cierto? ¿mi cercanía causa problemas?’’
Tomó nota mental de cada una de las preguntas del menor, en tanto abría la puerta de su hogar y le dejaba entrar, cerrando la puerta tras ambos. Hacía solo un tiempo que vivía solo, una vez se aseguró de que su hermana y su madre estarían seguras en su nuevo —y mejor— apartamento, volvió a la pequeña casa que le vio crecer. Era humilde, mas era todo lo que Cian conocía y, además, era su barrio y su territorio: no podía abandonarlo. Con un gesto de la cabeza le indicó a Garam que le siguiera hasta el pequeño cuarto de baño. “En primer lugar, no es agotador cuidarte. Tengo otros amigos que se meten en peores problemas que tú, créeme” comentó, abriendo la llave y guiando con delicadeza el brazo del joven hasta el chorro, limpiando la herida con delicadeza. “Limpiar esos desastres sí que es agotador” rió por lo bajo, deteniendo el paso del agua y llevando al contrario hasta el viejo sillón en la sala de estar. “Puedes tomar asiento si quieres, siéntete como en casa” señaló antes de volver al baño y desaparecer unos segundos, regresando con el kit de primeros auxilios bajo el brazo. “Me gusta tenerte cerca, sino no estaría haciendo esto por ti” le ofreció una media sonrisa, sintiéndose algo ridículo por reconocer tal cosa; era mostrar un grado de vulnerabilidad que apenas su propia familia conocía. Sin embargo, en el fondo no encontraba motivos para mantener la guardia alta frente a Garam, y por más que fuese un sentimiento desconocido para Cian, no podía evitar simplemente rendirse ante él. “¿Quién dice eso?” fue él quien preguntó esta vez, en tanto comenzaba a limpiar con mayor cuidado la magulladura del varón, agradecido de la luz natural que fácilmente se filtraba por la ventana y hacía más simple su tarea. “No me distraes, Garam. Sea quien lo haya dicho, me subestima” mas había un poco de verdad en ello, pero prefería no reconocerlo. Mucho menos frente a Garam. “Pero por sobre todo, no me causas problemas. No tienes nada de qué preocuparte” le aseguró, esta vez siendo completamente honesto.