Y heme aquí, en plena Nochevieja, escribiendo una pequeña entrada de este proyecto que ha estado dando tumbos todo ese año que acabamos de dejar atrás. Creo que la mejor manera de empezar otros doce meses englobados en una sola cifra es re-estrenando mi blog, dando señales de vida y bueno, agradecer a toda esa gente que tanto dentro como fuera de la pantalla ha decidido acompañarme en un 2014 demasiado tormentoso que me ha hecho replantearme demasiados aspectos de mi vida que estoy intentando corregir ya.
Porque nunca es tarde para cambiar aquello que no nos gusta.
Porque nunca es tarde para rectificar en tu camino para conseguir lo que quieres.
Porque siempre se puede cambiar de opinión con respecto a tus sueños.
Porque no es ningún pecado equivocarse para corregir a tiempo.
Y, porque, señores, señoras, acomodados e hiperactivos, lo peor de todo en esta vida es darse por vencido.
Puedo contar que en estos últimos doce meses que dejamos atrás, lo he pensado innumerables veces. La vida que llevaba me sobrepasó. La gente que me rodeaba pasó de largo. Me sentí pequeña y todo me venía grande. Me derrumbé. Me perdí. Busqué ayuda en los demás y no conseguía encontrarla. O, al menos, no me sentía yo ayudada como yo quería, porque apoyo nunca me faltó, de una manera u otra.
No obstante, para encontrarse a sí mismo, siempre hay que perderse primero. Y casi podría decir que es indescriptible la sensación que te produce ese click en tu cabeza cuando sientes que has tocado fondo y sacas, de donde sea que aparezcan, unas fuerzas que creías tan perdidas como tú para empezar un ascenso que te ayudará a recuperarte, a rodearte de gente que sí merece la pena y re-emprender ese camino -que pausaste por fatiga- hacia los nuevos deseos. Un fruto que yo tengo asegurado en este año nuevo. Lo sé. Lo noto. Lo intuyo.
Lo mejor que yo puedo desearte, a ti que lees estas líneas. Que esperabas una entrada así, después de haber leído tanto sentimiento lastimero por mi parte. Pero, la vida es así: una inmensa montaña rusa de emociones, buenas, malas, intensas, desgarradoras... humanas. Una montaña rusa que nos forma como personas, pues cuando termina, tienes claro que no eres fiel a quien eras cuando te montaste en ella. Experiencias, desengaños, sueños cumplidos, golpes que te marcan de por vida. Una increíble travesía a través de los años, lugares y compañías.
Esto no es un rincón que cuenta viajes, refleja quejas sociales o despotrica de personas anónimas.
Esto es un blog que describe esos sentimientos que todos hemos sentido o sentiremos alguna vez.
Y aún queda mucho por leer.