Amor a distancia:
Miraba su foto y suspiraba. Sonreía como una boba leyendo sus mensajes. Me iba a dormir y él estaba en mis sueños, todas las noches. Me despertaba y suspiraba. Aún suspiro. Suspiro porque esa es la única forma en que le tengo, en el mundo de los sueños, aunque a veces sueño que en realidad lo tengo conmigo. Pero duele, el que esté tan lejos. Que no pueda apretar su cachete o golpearlo en la cabeza cada vez que dice una de sus bobadas. Duele no poder tocar sus labios. Duele que en cualquier momento mi cariño pueda ser fácilmente reemplazado por un cariño más cercano, más físico. Duele ser tan prescindible, y no poder hacer nada al respecto. El sentimiento se compara con estar cayendo por un profundo abismo. La diferencia es que antes ya sabía que al caer, alguien me esperaba con los brazos abiertos; ahora me espera la fría y áspera tierra.
Y he aquí mis mayores inquietudes, un tanto existenciales, diría yo. Creo firmemente en el amor, pero…¿Por qué de repente todo se vuelve tan difícil? ¿Por qué Dios, si para cada persona, hizo otra justo a su medida, las mantiene separadas por los muros quasi-inquebrantables de la sociedad y los espacios políticos? Tal vez es algo en lo que no debería interferir, algo más allá de mi vida terrenal. Pero volviendo a él, lo cierto es que lo amo.
No sé cómo ocurrió, pero un día mi corazón lo gritó claro y fuerte. Es una conexión difícil de explicar, tomando en cuenta la ausencia de experiencia física. Lo amo y no es como esos amores de niños, que se desvanecen con el viento. No hablo de esos “¡Te amo!” casuales que se dicen a los amigos en esos momentos azarosos de pura alegría. Me refiero al amor en su forma más pura, más primitiva. El pensar en una persona y aceptarla con todas sus cualidades, positivas y negativas. El estar dispuesto a lo que sea, tan sólo por esa persona. Es increíble cómo el amor nos vuelve tan vulnerables.
Pero no lo culpo, ¿Saben?
No es culpa ni mía, ni suya, ni de nadie. Son cosas que pasan. Como dije antes, cosas que trascienden la existencia misma. Es cierto que para alcanzar la felicidad toca sufrir, pero ¿Acaso podemos elegir la manera en que nos va a doler? Si fuera así, no estuviera escribiendo esto. Lo que toca, toca, como dicen por ahí. El quid de la cuestión, sin embargo, está en cómo reaccionamos al sufrimiento. Algunos gritan, rompen cosas, golpean la pared hasta romperse los nudillos. Algunos recurrimos a opciones tóxicas como el alcohol, esperando que nos haga olvidar..pero descubrí que más bien es un catalizador de sentimientos, no vale la pena.
Ahora, ¿La solución?
Vivir con ello. Amar hasta que duela, y aún cuando duela, seguir amando con todas tus fuerzas. Eso es lo que hago, o trato de hacer. Vivir una vida buena, deseando el bien y sólo el bien a las personas que me rodean. Esa tan sólo es una de las miles de opciones que existen para mantener el alma pura, alejada del dolor. Y claro que a veces éste va a amenazar con ser más fuerte que tú, pero ahí es donde más debes demostrar tu fortaleza.
Espero que algún día, él y yo estemos juntos. Tal vez pasen meses, un año, media década…pero estoy segura que mi corazón lo amará de la misma manera que cuando decidió empezar a latir por él, por su mirada, por su risa. Y tal vez él ya no sienta lo mismo, pero caray, nadie dijo que la vida fuera justa, ¿O sí?
Señor, le pido que no vea esta reflexión como un reproche a su persona. Véalo como otra de mis declaraciones de amor, y recuerde que aún faltan muchas por venir. Para terminar, y con su permiso, me gustaría hacer uso de la palabra mágica, una vez más, por ahora…
Te amo.
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