Últimamente, he pensado mucho en el tiempo, mi tiempo y lo pequeña que me siento ante la magnitud de las cosas que no me alcanzan. A veces me miden, a veces me aplastan, a veces me vencen. Pienso quizá también soy yo quien somete a mi cuerpo a tal peso. Me orillo, cedo y acepto ante mi apertura todo que, aunque quiera, ya no cabe en mi reloj. Y ahí entiendo, que lo que más importa no es correr, ni llenar el día de cosas que no caben en el alma, que a veces vivir es saber detenerse antes de romperse, antes de dejar que el tiempo decida por mí. Porque hay relojes que no marcan segundos, pero sí cicatrices, y yo ya no quiero medirme por lo que no alcanzo, sino por lo que todavía me sostiene.
-Cielo V / -chipnervous.









