( &. cressida. )
– Oh. – respondió, completamente sorprendida porque pocas veces alguno de sus vecinos llamaba a la puerta. Observó a la muchacha y comprobó que el pasillo se encontrase solo, no sabía si ese era sólo un truco o si de verdad era alguien en problemas.– ¿Ya llamaste a un cerrajero?– preguntó, haciéndose a un lado sólo por el hecho de que Max ya estaba dormido y, en caso de que fuese un truco, por ello no sería tan fácil llegar a él. – ¿Quieres un té o un café?– preguntó tras haberla invitado a ponerse cómoda.
“Lo llamé hace media hora y todavía no aparece. Aquí entre nos, me estoy preocupando por mi paradero de hoy. Me visualizo durmiendo a un lado de mi puerta.” y bueno, creía que no vendría mal una pequeña broma para aligerar la tensión. La situación no era lo bastante común para fiarse así como así. Sin embargo, ella esperaba encontrar en su vecina un gesto de buena samaritana. Ya estaba comenzando a tener frío y a odiar las aburridas paredes del pasillo. “No, tranquila, así estoy bien.” afirmó acomodándose dentro del departamento. “Gracias por...uh, dejarme pasar. Sé que a estas alturas es un poco difícil.”













