Despegó la mirada del cielo hacia los ojos de su amigo cuando escuchó el saludo. Tal vez, hubiese sido mejor el haberle esperado en la bañera, aunque fuese sólo para molestarle. —Pensé que sería más tarde. —respondió. No tenía por costumbre mirar la hora, a no ser que estuviese al pendiente de algún acontecimiento importante. —De haberlo sabido, me habría quedado más tiempo en el agua.
Se agachó hasta ponerse de cuclillas y mirar más cerca a la manada de gatos que se habían reunido en aquel lugar. Arrancó una hierba larga que crecía entre el suelo de los escalones y jugó un rato con uno de los mininos, hasta que Haruka propuso continuar.
—De acuerdo. —respondió escasamente y se incorporó.
Guardó las manos en los bolsillos del pantalón y caminó junto a su amigo. —¿Tienes que comprar algo? —preguntó finalmente, mostrando algo de curiosidad.
Se sobresaltó al oír eso, e inmediatamente se alarmó a la vista de que Haruka podría quedarse en la bañera a la espera de que sea él quien vaya a sacarlo de allí la próxima ocasión. Una gota nerviosa de sudor resbaló con suavidad del rostro de Makoto, quien forzó una sonrisa e hizo lo posible por quitar de su mente aquella posible idea que afloraría en la cabeza del moreno.
— ¡P-Pero así está bien! De ese modo podremos caminar tranquilamente y conversar mientras nos dirigimos al instituto ¿No? De lo contrario, nos apuraríamos y no podríamos pasar el rato juntos —su expresión se volvió más calma, y poco después añadió—: Y bien, ¿Nos vamos?
Esperó pacientemente a que Haruka acabase de jugar con la manada de gatos, y tan pronto como el otro se incorporase, comenzó a caminar a través de las escaleras, esperando poder llegar al inicio de éstas. La pregunta lo asaltó, pero Makoto ya estaba preparado para ella.
— Ah, tengo que comprar comida para ellos —mencionó refiriéndose a los gatos—. Quizás hacerlo cuando vaya de regreso a casa sea la mejor opción, pero como últimamente tenemos mucho trabajo que hacer, es probable que me encuentre muy agotado.










