Fue entonces que ambas tomaron asiento frente a mÃ, con la oportunidad de darnos un espacio para conversar. Seriamente. Sus semblantes no estaban muy satisfechos con la idea, la de convivir unos segundos juntas; sus expresiones no eran hacia mÃ, porque sabÃa que ambas me amaban hasta el final de los tiempos. Más bien eran de repudio a sus presencias. Para mÃ, era gracioso ver como Lola observaba a Moon con las cejas arqueadas de asombro, con la expectativa de escucharla y ver cómo se elevaba hacia las nubes sin necesidad de helio. Moon, en su caso, evitaba el contacto visual con su acompañante del costado, temÃa que sus comentarios hirientes arruinaran sus ilusiones pintadas con escarchas y mucho color dorado.
Ellas eran muy diferentes pero representaban a un solo ser lleno de vida; a mÃ.
Sonreà con el sentimiento que invade a una madre al ver a su hijo crecer a medida que pasan los dÃas. Las tres hemos crecido de una manera que aún no logro explicar, porque no supe cómo pasó. Al pisar las escaleras de la vida, la cabeza se mantiene en las nubes, esperando que el cielo siempre le regale un brillo del sol y una anchura de azul. Sin embargo, conociéndome, mis pies no son muy firmes cuando tengo la mente en otro sitio y suelo caerme. Es ahà que siempre, tal cual como el tÃtulo de un libro que leà hace tiempo; los pies en el suelo y la cabeza en las estrellas.
Adivinen quién tiene la cabeza en las estrellas y los pies en el suelo.
—Tenemos que hablar…, hay algo que no nos está funcionando—la expresión no decÃa mucho, pero mis ojos se dibujan brillos que daban una estela preocupante; ansiosa y triste—siento que cada vez mi mente va despertando un monstruo, Cronos que necesita salir para la venganza… hacia nosotras que lo hemos encerrado… Esa voz tan tensa, hostil y llena de crueldad, criticando las cosas que hacemos; a él no le gusta que vivamos. No le gusta saber que estamos vivas y somos humanas—
Ahà pude notar cómo sus posturas cambiaban; la tensión que habÃa en el comienzo de la reunión desapareció, entrando entre nosotras una nube gris de preocupación.
Por supuesto, la primera en llamarla fue Moon… ¿Ya hablé sobre ella? Mi Moon, la luna que me acompaña cuando no la puedo ver en el cielo. La luz que se refleja en las noches oscuras donde las estrellas son opacadas por nubes negras cubiertas de tristeza. Ella es la que se encarga de darme ilusiones, sueños y cosas imposibles de ver ante los ojos de la realidad. Moon, sobretodo, me acompaña cuando mi mente quiere irse lejos de lo cruel que puede llegar a ser el mundo. Busca la forma en cambiar el metal a un algodón, colocándolo debajo de mi cabeza y consolándome que todo irá como lo he planeado.
Seguido por Lola, quien bajó la mirada para que ninguna de nosotras notara que estaba asustada. No tengo preferencias con ellas, pero debÃa decir que Lola era la que siempre, a todas horas, permanecÃa conmigo. Se encarga más que todo que mantenga mis pies sobre la tierra, que todos los sueños hay que verlos con un lado negativo y positivo. Nada sobre las ilusiones porque la vida no funciona en una base que no tiene cimientos. Su inteligencia era admirable, analÃtica y por supuesto, siempre la dejaba relucir. Me identificaba más con Lola al momento de mostrarme delante el mundo. El pecho de mi querida amiga se inflaba de orgullo cada vez que eso ocurrÃa.
Sin embargo, Moon se escondÃa detrás de las puertas, esperando que alguna vez pudiese salir con nosotras. A Lola no le gustaba que eso ocurriese. Ninguna de las dos se odiaban entre sà pero sus personalidades hacÃa corto circuito y no podÃan estar juntas.
—Si me hubieses escuchado una vez…—La primera que habló fue Lola, frunciendo el ceño y cerrando sus manos convirtiéndolos en pequeños puños de frustración—Esto no estarÃa pasando si tú me hubieses hecho caso… ¡me encerraste! ¡nunca me encierras!—
—Ella no te encerró, ¡tú ni siquiera saliste! ¡necesitaba a alguien!—Exclamó Moon, levantando su cabeza provocando que sus abundantes cabellos bailaran tras la espalda—Era la primera vez que se confundÃa, sentÃa felicidad y a la vez miedo, ¿qué querÃas que hiciera? Ya estaba ahà adentro, alejarse no era una opción.—
—¡Sà lo era!—ignoró la mirada inocente e intensa de Moon, observándome a mà con un deje de decepción y dolor—Tanto que habÃamos hablado de esto… Las cosas que habÃamos visto, lo que tuvimos que plantearnos para ser lo que somos ahora, ¡en un segundo se fue!—
—¡¿Por qué lo dices como si fuese lo peor del mundo?!—Su voz se rompió como el pétalo herido de una rosa.
—¡¡Porque lo es!!—Otra voz llorosa que podÃa lastimar al corazón más frÃo.
—¡Silencio!—Grité.
 Entre el silencio de las tres, la tierra tembló y se escuchó un crujido; entre aquéllos sonidos, yo sabÃa de qué se trataba. Las confusiones de esas dos se reflejaron de inmediato y sus manos se unieron por inercia, buscando la forma de no sentir miedo. Me levanté de donde me encontraba, dándoles la espalda. El cielo que estuvo gris durante nuestra discusión, se tornó negro con grietas rojas, combinadas con anaranjado; simbolizando el fuego. Un gruñido grave salió a asustarnos, sacudiendo el suelo. Moon exclamó un chillido, Lola se quedó sin voz. Yo, por mi parte, me detuve en la ventana para observar el panorama de la destrucción.
Humo grisáceo, olor a azufre, la pradera de Moon estaba oscura; no veÃa sus flores. La cabaña de Lola parecÃa que en algún momento se encenderÃa en fuego y que en cualquier instante, nuestro mundo caerÃa en un agujero negro.
Suspiré.
—Es él—
HabÃa llegado el dÃa en que debÃamos convivir por un tiempo muy prologando, lamentándome de inmediato no haberles enseñado a trabajar en equipo. Por mi culpa, habÃan choques entre ellas y eso causarÃa algo que no les mencioné y tampoco querÃa hacerlo, porque tenÃa miedo. Si esto seguÃa consumiéndome, si provocábamos que mi Cronos despertase, significaba que podrÃa morir.
Y ellas eran las únicas que podÃan salvarme.















