Lo que más me molesta de todo esto es que yo insistí en que valías la pena. Quería que no fueras la prueba del estereotipo idiota que envuelve a la gente como vos. Y vos... no hiciste otra cosa que caer una y otra vez en los cliches.
Te embanderaste con la mierda que te rodeaba y la hiciste tuya. Y quisiste hacerla nuestra. Quisiste que metiera la cabeza en la basura y respirara hondo, que llenara mis adentros de todo lo podrido que te esforzaste por no dejar ir.
Yo no pude, afortunadamente, dejarte que destruyeras mi vida e hicieras con mis pedazos uno más de tus oscuros collages; que después olvidarías en tu folio de dibujos.
Y es que yo soy mucho más de lo que vos estabas dispuesta a permitir en tu vida. Siempre fui algo que no entendías como estaba ahí, cómo me reponía de cada maltrato y seguía al lado tuyo. Después, esa intriga empezó a volverse bronca y estallabas en éxtasis al ver hasta dónde podías empujarme sin que yo te soltara la mano.
Grité "¡No es justo!" y te solté.
Y ahora, después de todo lo que pasamos, me juzgas.
Entiendo, te es más fácil así.




















