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Seunghoon no estaba de ánimo para socializar cuando el chico del gato entró y lo saludó de un humor bastante alegre así que se limitó a decir su nombre y seguir mirando al mismo punto fijo mientras se llenaba el salón de adolescentes que por una u otra razón parecían inmensamente infelices — a excepción del loco del gato que seguía dando vueltas y en un momento fue a buscar a una chica que prácticamente corrió a los brazos de Jaebum. Y Seunghoon no quería ser un amargado y decirles que se calmaran y dejaran de hacer un escándalo porque no conocía la situación de estos chicos, pero tampoco quería ser tan sensible como para que se le escaparan un par de lágrimas al verlos, recordando cuando todavía tenía a su Solbin con él y eran libres de poder amarse de esa manera, así que se pasó las manos por los ojos rápidamente e intentó recomponerse por una cuestión de orgullo.
Al pasar los minutos el doctor de esa tarde se hizo presente y empezó a mirarlos a todos a la cara, con él tomándose el tiempo de sonreírle al verlo, pero luego esa expresión estúpida decayó al darse cuenta de que le faltaba alguien — alguien cuyo apellido era Ahn. Cada vez que escuchaba ese nombre Seunghoon no podía evitar sentirse como si le cayera un balde de agua helada encima por todas las razones por las que oír el nombre de su novia le causaba escalofríos, a pesar de que supiera que no era ella. No quería admitirlo, pero era como si una parte de él todavía estuviera esperando a que ella volviera, sin importar cuán irreal fuera, porque odiaba tener que resignarse a vivir una vida sin ella después de todos los planes que habían hecho juntos. “¿Puedo ir al baño?” Preguntó sin importar si estaba interrumpiendo o no porque de todas formas no le interesaba mucho interactuar con toda esta gente, hasta que llevó su mirada a la puerta y la vio parada ahí, frágil y… estaba mirándolo tal como si estuviera viendo un fantasma, probablemente de la misma manera en que él la estaba viendo a ella porque no podía ser real. “Solbin.” Susurró, y el chico que tenía sentido al lado lo miró extrañado mientras le preguntaba si la conocía, y ella salía gritando por el shock. Era real. Su amor estaba viva, de alguna manera. ¿O acaso era que él finalmente estaba muerto y por fin la había encontrado? No importaba cuál fuera la respuesta, Seunghoon se puso de pie y en el tono más calmado que pudo volvió a preguntar si podía ir al baño, esperando que lo dejaran ir solo o todo iba a ser muy incómodo cuando tuviera que escaparse para ir a buscar a su Solbin. No le importaban las consecuencias si es que llegaba a haberlas: Seunghoon tenía que ver con sus propios ojos a su chica, y no dejarla ir nunca más.
Tras convencer a una enfermera con la excusa de que era un niño grande y que podía hacer pis solito, logró salir con la orden expresa de volver en cinco minutos o ‘irían a buscarlo y sería peor para él’ —lo que fuera que eso significara—, así que no perdió el tiempo y siguió el sonido de las pisadas de su novia, las cuales por alguna razón podía oír con completa claridad a pesar de que estas parecían ser bastante suaves. Había salido a buscarla cuando ella había salido corriendo al verlo… aunque no sabía por qué. No sabía nada, en realidad, considerando que acababa de enterarse de que el amor de su vida seguía con vida. “Solbin.” Susurró suavemente, y entonces oyó un golpe y un sollozo que venían desde adentro de un clóset de limpieza o algo. Ahí estaba. “Mi amor, soy yo. Mi vida, yo… Por favor déjame verte si realmente eres tú.” Rogó apoyándose contra la puerta y golpeando con suavidad porque no quería asustarla más de lo que ella ya debía estarlo, quién sabía por qué. “Dime que esto no es mi cabeza jugándome una broma cruel que no sé si seré capaz de soportar.”
Solbin estaba tranquila, hasta que leyó una frase en el libro que estaba leyendo y tuvo un pequeño episodio recordando el exacto momento en que los padres de Seunghoon la llamaron para decirle que su pequeño estaba muerto y que era todo su culpa y obviamente, Solbin tuvo que recurrir a lo único que le quitaba la culpa de haber asesinado a su amor. Caminó hacia el baño tranquilamente y luego de concentrarse mientras tocaba la sombra de la pared, introdujo su mano dentro de ella y sacó una gilette enteramente negra porque no estaba hecha de metal, no, esa estaba hecha de completa oscuridad, uno de sus múltiples “talentos” si se lo quería decir de alguna manera. Hizo un corte de izquierda a derecha y repitió el mismo proceso cuatro veces mientras observaba como la sangre caía en el lavabo escuchó como abrían la puerta: busted. Lo siguiente fue un soliloquio que ya se imaginaba, acerca de que esto no la iba a llevar a ningún lado y que tenía que llegar al fondo de por qué estaba haciendo eso “¿Sabe por qué lo estoy haciendo?” dijo enarcando una ceja mientras el enfermero vendaba su muñeca “Porque mi novio se murió por mi culpa, y eso no me lo va a quitar ninguna clase de terapia. No está, y nunca va a volver y si quiere saber por qué me autolesiono, es porque quiero sentir al menos algún grado de dolor que me haga olvidar el dolor que siento en el corazón” le dijo mirándolo a los ojos, mientras el tipo se dignaba a suspirar.
Obviamente que no la iban a dejar faltar a su primera reunión, aunque ella acababa de atentar con su vida nuevamente, tenía que decirle hola a la manada de soquetes con los que tendría que compartir el recinto.... hasta que su corazón dio un vuelco. Él estaba ahí. Seunghoon estaba sentado en una silla, con un semblante tan triste que le dieron ganas de llorar, pero aún era tan guapo como ella lo recordaba... y sus ojos... la belleza infinita de sus ojos cuando la miraron. Y en ese momento, recordó el desastre que era ella, y como no podía ser que esto estuviera pasando y salió corriendo tras gritar. Solbin terminó encerrandose en un closet a llorar porque ¿Cómo le explicaba al amor de su vida lo que se había hecho en este tiempo? ¿Cómo era que todo esto había pasado? Pero mientras lloraba, algo crecía en su pecho: odio, odio por los padres de Seunghoon que eran los que les habían hecho esto. Pero todo eso se calmó en cuanto escuchó la voz de su amor, y aunque estaba llorando, por primera vez en lo que se sentían siglos, una leve sonrisa salió de sus labios.
Sus brazos se sentían tal como lo recordaban y en cuanto encontró su lugar en el mundo de vuelta se largó a llorar escondiéndose en su pecho mientras el le acariciaba el cabello y le decía que todo estaba bien “Tus padres...” dijo entre sollozos “Me dijeron que habías muerto el día del accidente, me prohibieron ir a tu funeral porque dijeron que todo era mi culpa y cuando fui a tu casa en Busán, se habían mudado a no sé donde. ¿Cómo es que sobreviviste? El auto quedó hecho pedazos...” le comentó intentando calmarse mientras entrelazaba sus dedos nuevamente, como si el tiempo nunca hubiera pasado entre ellos dos “Perdón... perdóname, lo siento, te amo”.
«Quien sea que pelee contra monstruos debería ver que en el proceso...» su madre estaba llorando y todo era demasiado confuso, sentía los brazos de su padre al rededor de ella, y su cabeza estaba caída hacia un costado pero no quería cerrar los ojos porque no quería ver la oscuridad nunca más. Había comenzado hacía algunos años luego de que su novio Seunghoon muriera en un accidente de tráfico, y había comenzado con cosas pequeñas, como manipular sombras, la oscuridad, y fue luego cuando empezó a entrar en el mundo de las sombras, y cuando volvió fue cuando todo comenzó. Su don, se había hecho su perdición. La oscuridad venía de muchas formas pero la que más prevalecía era la oscuridad que había dento de los seres humanos, los escuchaba gritar, los escuchaba llorar. Los monstruos de las personas eran demasiado fueres y no sabían como callarlos. Y así fue cuando descubrió, que haciendo a sus monstruos más sonoros, acallaba los monstruos de los demás; la oscuridad la estaba consumiendo «...ella no se convierta en un monstruo. Y si miras al abismo, por el tiempo suficiente...». El primer corte fue más difícil, y los otros fueron sencillos, hasta había algo de poético en ver su propia sangre correr por el lavabo, era como si la oscuridad se fuera con ella. Pero ya los cortes no eran suficiente, Solbin ya no quería existir, estaba encerrado en su pequeño mundo de sombras, y aunque intentaba hacer que la oscuridad la dejara no sabía cómo ¿Por qué no podía hacer que las voces se callaran? Lo había logrado por un tiempo, pero cuando volvían no lograban callarse, y eso la volvía loca. La primera vez que intentó irse fue cuando ellas la dejaron en paz, como si estuvieran contentas de que hubiera tragado tres tabletas de tranquilizantes. La segunda vez, había intentado irse ahogándose en la bañera pero nada funcionaba, porque siempre había una voz que le decía ‘no’. Y también estaban sus padres, que ya no sabían que hacer con ella.
‘¿Por qué quiere internarse, Señorita Ahn?’ le preguntó el director del establecimiento y Solbin quiso responderle que: ‘porque quería jodidamente morirse pero la muerte le esquivaba y eso la deprimía profundamente’ pero en vez de eso miró a su madre, la cual le comentó de sus estado mental, con lágrimas en los ojos pidiéndole que por favor ayudara a su niñita. Y luego pasó a comentarle que cuando Solbin dormía, mencionaba algo de tenerle miedo a la oscuridad, lo cual era raro, y ahí su madre comenzó a contarle que incluso desde pequeña, siempre había preferido la noche al día, y que disfrutaba ir al jardín en el ocaso bajo las primeras estrellas, Solbin había escrito un poema acerca de las ranas y los grillos, y de como le gustaba la oscuridad porque suavizaba todo, las esquinas puntiagudas del mundo, bajaba la tonalidad de los colores fuertes. El universo se expandía. La noche siempre había sido más grande que el día para Solbin... era gracioso, porque ahora así es como se sentía, en una noche sin fin, sin embargo esta noche estaba llena de estrellas ‘¿Qué es lo que busca, Señorita Ahn?” le preguntó el señor y ella al fin se dignó a contestar “Amanecer sin ganas de matarme sería asombroso” contestó en un tono monótono mientras su madre rompía a llorar aún más, el tipo anotó en su cuaderno para luego preguntarle, ‘¿Por qué quería morir?’ y en cuanto ella le contestó que quería irse al infierno, el le respondió ‘¿Por qué no al cielo?’ ella suspiró diciendo que toda la gente interesante no estaba allí. Solbin había escuchado la expresión ‘Lo que no te mata te hace más fuerte’ pero eso era mentira, porque mientras veía a sus padres retirarse y ella le entregaba sus pertenencias a la señora, Solbin se miraba al espejo y observaba a una hermosa jovencita, pero como bien su madre le decía ‘No había superficie hermosa sin una profundidad terrible’. «...El abismo empieza a mirarte a ti.».
Luego de que la dejaron irse, llevó sus pertenencias a la habitación que le habían asignado, que según entendía compartiría con otra chica “Excelente” murmuró para ella misma, mientras dejaba en su mesita de luz una foto de ella y Seunghoon. Ni siquiera había podido despedirse de el, sus padres no dejaron que ella vaya al velorio. Seunghoon era de Busán, y para verla viajaba todos los fines de semana a Seúl, hacía tres semanas que se había comprado su primer auto y era una noche bastante lluviosa, su auto se desvió y chocó, según lo que le dijeron sus padres murió al instante. No despedirse de el es su peor arrepentimiento “Lo siento tanto” murmuró como si el pudiera escucharla para luego mirar su muñeca y el corte más reciente que se había hecho. Aún le ardía pero algo dentro de ella le gritaba que no era suficiente. “No, Solbin, basta” se dijo a ella misma, para luego salir hacia afuera, donde sin querer se chocó con dos chicos. “Lo siento mucho” murmuró mirando hacia abajo, mientras el chico le preguntaba su nombre “Lo siento, Ahn Solbin, encantada”, murmuró para luego seguir con su camino que la llevó a la biblioteca, donde abrió el libro llamado “God is Dead” “Muy pertinente” dijo haciéndose la graciosa para ella misma.