Solbin estaba tranquila, hasta que leyó una frase en el libro que estaba leyendo y tuvo un pequeño episodio recordando el exacto momento en que los padres de Seunghoon la llamaron para decirle que su pequeño estaba muerto y que era todo su culpa y obviamente, Solbin tuvo que recurrir a lo único que le quitaba la culpa de haber asesinado a su amor.
Caminó hacia el baño tranquilamente y luego de concentrarse mientras tocaba la sombra de la pared, introdujo su mano dentro de ella y sacó una gilette enteramente negra porque no estaba hecha de metal, no, esa estaba hecha de completa oscuridad, uno de sus múltiples “talentos” si se lo quería decir de alguna manera. Hizo un corte de izquierda a derecha y repitió el mismo proceso cuatro veces mientras observaba como la sangre caía en el lavabo escuchó como abrían la puerta: busted.
Lo siguiente fue un soliloquio que ya se imaginaba, acerca de que esto no la iba a llevar a ningún lado y que tenía que llegar al fondo de por qué estaba haciendo eso “¿Sabe por qué lo estoy haciendo?” dijo enarcando una ceja mientras el enfermero vendaba su muñeca “Porque mi novio se murió por mi culpa, y eso no me lo va a quitar ninguna clase de terapia. No está, y nunca va a volver y si quiere saber por qué me autolesiono, es porque quiero sentir al menos algún grado de dolor que me haga olvidar el dolor que siento en el corazón” le dijo mirándolo a los ojos, mientras el tipo se dignaba a suspirar.
Obviamente que no la iban a dejar faltar a su primera reunión, aunque ella acababa de atentar con su vida nuevamente, tenía que decirle hola a la manada de soquetes con los que tendría que compartir el recinto…. hasta que su corazón dio un vuelco. Él estaba ahí. Seunghoon estaba sentado en una silla, con un semblante tan triste que le dieron ganas de llorar, pero aún era tan guapo como ella lo recordaba… y sus ojos… la belleza infinita de sus ojos cuando la miraron. Y en ese momento, recordó el desastre que era ella, y como no podía ser que esto estuviera pasando y salió corriendo tras gritar.
Solbin terminó encerrandose en un closet a llorar porque ¿Cómo le explicaba al amor de su vida lo que se había hecho en este tiempo? ¿Cómo era que todo esto había pasado? Pero mientras lloraba, algo crecía en su pecho: odio, odio por los padres de Seunghoon que eran los que les habían hecho esto. Pero todo eso se calmó en cuanto escuchó la voz de su amor, y aunque estaba llorando, por primera vez en lo que se sentían siglos, una leve sonrisa salió de sus labios.
Sus brazos se sentían tal como lo recordaban y en cuanto encontró su lugar en el mundo de vuelta se largó a llorar escondiéndose en su pecho mientras el le acariciaba el cabello y le decía que todo estaba bien “Tus padres…” dijo entre sollozos “Me dijeron que habías muerto el día del accidente, me prohibieron ir a tu funeral porque dijeron que todo era mi culpa y cuando fui a tu casa en Busán, se habían mudado a no sé donde. ¿Cómo es que sobreviviste? El auto quedó hecho pedazos…” le comentó intentando calmarse mientras entrelazaba sus dedos nuevamente, como si el tiempo nunca hubiera pasado entre ellos dos “Perdón… perdóname, lo siento, te amo”.
Hacía demasiado que Seunghoon no soñaba, por razones un tanto obvias, pero ésto —estar abrazando a su amor sin que fuera en su distorsionada imaginación— sin lugar a dudas se sentía como estar en un sueño. Era feliz. Por primera vez en años, Seunghoon podía asegurar que era feliz de nuevo. “No hablemos de ellos, por favor. No quiero pensar en esas basuras ahora.” Dijo en voz baja mientras la sostenía intentando consolarla porque detestaba verla llorando, aunque parte de él se sentía agradecido porque al menos la estaba viendo frente a él — tan viva como podía estarlo. “Te amo tanto.” Susurró cerrando los ojos, incapaz de contener las lágrimas por otro segundo más porque esto que estaba sucediendo no era algo pequeño, en absoluto. Ésto era el reencuentro que le habían asegurado nunca iba a ser posible. Ésto era lo que le habían quitado los hijos de puta a los que tenía la mala suerte de llamar sus padres. Ésto era la verdadera vuelta a la vida de Lee Seunghoon, y no podía sentirse más bendecido. “No tienes idea de lo mucho que lo lamento, mi amor. Me dijeron que...” Con dificultad, Seunghoon logró recuperar la compostura antes de seguir hablando y acarició el cabello de su novia. “Me dijeron que habías muerto también y... yo... yo no sabía qué hacer sin ti. No sabía cómo vivir creyendo que no había podido hacer nada para salvarte... y yo... lo siento tanto, mi Sol.” Sollozó suavemente porque no quería hacer ruido ya que había empezado a escuchar pisadas acercándose a ellos y sabía que era para problema. “Mantén la calma, los convenceré de algo y saldremos de aquí.” Le aseguró mientras entrelazaba sus dedos con los de ella y le daba un beso en la mano. “No voy a dejar que te pase nada, lo prometo.″
Tan sólo unos veinte segundos después, el enano que lo había escoltado a todos lados les abrió la puerta y dijo que ‘ahí estaban’ antes de tomarlo del brazo y sacarlo hacia afuera con bastante fuerza. Sin embargo no necesitó hacer lo mismo con Solbin porque Seunghoon estiró su brazo en su dirección y ella le tomó la mano, siguiéndolo sin dudar — como siempre. “¿Algún problema?” Preguntó como si nada, pero el gnomo no lo estaba mirando a él sino a su novia, entrecerrando los ojos como si estuviese a punto de regañarla o algo. Entonces, Seunghoon se inclinó hacia un lado para quedar en medio de ellos y hacer que el tipito lo mirara porque primero, lo iba a aplastar si se le llegaba a ocurrir hacerse el malo. Y segundo, porque quién se creía que era para ignorarlo. “La encontré sana y salva, ya ves. No hay de qué preocuparse.” Dijo encogiéndose de hombros mientras le acaricaba la mano con el pulgar a Solbin para tranquilizarla porque sabía lo nerviosa que podía ponerse ella a veces y no quería que se preocupara por cosas que podían ser solucionadas con un poco de charla. “¿Quiere que la acompañe hasta sus aposentos, señorita Ahn?” Le sonrió y le guiñó el ojo, empezando a reír hasta que alguien se les apareció desde atrás y preguntó ‘si era hora de relajación’ para los niños. Y a Seunghoon le hubiese importado un carajo ponerse a discutir con quien quiera que fuese este tipo, pero teniendo en cuenta que parecía un muñeco salido de la casa del terror y que tenía sus manos en sus bolsillos que no parecían tener caramelitos adentro... “No será necesario, doctor. Todos estamos calmados aquí, ¿no es cierto? Y además, nosotros estábamos justo a punto de volver a la reunión de bienvenida. Estaba yendo al baño y me encontré con ella y bueno. El doctor Jung... buen tipo, de verdad, él se había preocupado por la señorita y creo que la convencí de volver con el grupo. ¿No es verdad?” Dijo mirándola y apretándole muy suavemente la mano para que ella asintiera, y el tipo soltó una risa y dijo que se fueran a sus respectivas habitaciones y se quedaran ahí mientras todavía estaba de buen humor. Acto seguido sacó las manos de sus bolsillos y ‘accidentalmente’ se le cayó una jeringa al piso, la cual levantó sin quitarle la mirada de encima. Claramente, esto era una amenaza. “Claro, Doctor Lee.” Asintió haciéndole una reverencia y no lo pensó dos veces antes de salir caminando en la dirección opuesta con su novia tomada de la mano porque era en vano negar que tenían una relación — no cuando Seunghoon planeaba pasar absolutamente todo el tiempo con ella y lo sabrían tarde o temprano.
“Tiene suerte de que estabas tú presente. Sino le hubiese reventado la cara.” Murmuró una vez que se habían alejado lo suficiente y llegaron a un jardín iluminado por la luz de la luna. Un paisaje con una belleza increíble, si le preguntaban. “Ven, vamos a sentarnos un rato.” Sugirió y le abrió la puerta para dejarla pasar, observándola manejarse tan delicadamente como siempre, y no podía creerlo. Realmente estaba en un paisaje con una belleza épica: su Solbin. “Estás aquí.” Musitó de repente, tomándole el rostro y empezando a darle besitos por toda la cara porque no podía contener la emoción de saber que después de todo lo que habían tenido que pasar, al fin estaban juntos de nuevo. “No puedo creer que estás aquí, mi Sol.” Sollozó apoyando su frente contra la de ella y cerrando los ojos mientras se acercaba para poder darle un beso en los labios. “Te amo, te amo tanto Ahn Solbin. Nunca... nunca te dejaré ir porque no voy a dejar que vuelvan a separarnos. Te lo juro por mi vida.” Afirmó volviendo a acercarse esta vez para darle un beso un tanto más apasionado, tal como ambos lo necesitaban ahora que habían vuelto a encontrar a su otra mitad y, de una vez por todas, estaban completos de vuelta. Medio dañados, sí, pero al menos se tenían el uno al otro.