Y cuando mi mano reposa encima de la tuya con nuestros dedos siguiendo una romántica coreografía con naturalidad.
Te miro y veo tu enredado, desordenado pelo, tu nariz que en su viaje hacia la punta tiene una levantá que es un juego de descenso para las yemas de mis dedos, tu cuello que está distante hacia tus hombros, entre otras virtudes que me engalanan el coqueteo.
Es aquí cuando luego de excursionar con la mirada todos los rasgos que me tienen en esta telaraña. Pienso que en no seré yo quién tendrá a tu hijo.
Porque nuestros cuerpos no tienen esta función biológica con las que nos formaron en la casa como meta de vida.
No formaré con mi cuerpo un ser vivo que encarne una combinación de nosotros. Conservando tus rasgos para poder encontrarlos en su rostro.











