La industria de las nociones.
En conversaciones normales podemos ver como las palabras fluyen rápidamente, como si fueran vehículos automáticos sin la letra R en sus mandos y es extraño tal vez que nadie se fije en qué momento nacen las palabras, en que momento se crea un pensamiento.
Podríamos creer en los astrónomos y decir que cada que un pensamiento nace, es porque hubo una explosión nano-celular con la energía suficiente para dar paso a una idea. O tal vez pensar que no podemos comparar algo tan grande con algo tan pequeño y decir que Darwin tenía razón al pensar que una idea lleva miles de años desarrollándose antes de ser palabra, cual primate anhelando su momento de ser humano, o aún mejor, creer que todos los feligreses tenían razón y que cada pensamiento nace de las manos del creador con un poco de barro y una voluntad o propósito divino.
Pues no, no existe doctrina alguna para describir la virtud de la creación del pensamiento.
Quiero mostrarles la realidad del nacimiento de una acción, un sentimiento, una palabra, una idea, bienvenidos a la industria de nociones, donde pensar es el palpito de lo que nosotros llamamos vida.
Para poder observar el nacimiento de toda idea, debemos ir más allá en mentes claras, sin desgaste alguno, es en ellas donde se puede analizar la creación del pensamiento.
Nuestro cuerpo es un sistema interconectado y no solo hablo de los órganos. Toda idea nace de un latido, todo latido es el génesis de algo nuevo. Todo latido es palabra y acción, ellos hacen la diferencia entre la vida y la muerte, segundo por segundo, como si la vida se fuese una fiesta eterna donde nunca terminara la música. Estos son la energía principal de nuestra industria, el latir, es la acción que define que pensamiento se generará, ellos llevan el gen de la idea, el principio del pensamiento.
El latido es analizado, caracterizado y clasificado en tres diferentes clases: Los nádimos, que por lo general son de color amarillo, son latidos que presentan frecuencias bajas y un poco difíciles de percibir, resumen ideales propios y egoístas, los pseunádimos, se muestran en tonalidades azules y son aquellos que representan altruistamente el verdadero sentir de la vida y los contránimos, teniendo bases de color rojo, demuestran el dolor y la angustia del ser. Estos son dispensados en un artefacto llamado “Relacionador” quien tiene disposición misma de almacenarlos o desecharlos. Dependiendo del latido pueden nacer 10, 20 o hasta 30 pensamientos dependiendo de la intensidad con la cual las paredes ventriculares impulsen el mismo. Para un corazón común y corriente, con un ciclo de latidos normales, tendríamos cientos de pensamientos al final de una ardua jornada.
Todo latido tiene una intención, dependiendo de eso son desglosados en millonésimas partes de sonidos, que se reparten en nuestro espacio. Estas viajan, como partículas perdidas por nuestro cuerpo, salen y entran, son y no son, hacen parte de nuestro ser, pero al mismo tiempo le pertenecen al mundo, saben que son el inicio de algo más grande, ellas resumen el principal sueño humano, caminar sin barreras, rompen los limites de todo lo que las encierra.
“Se entregan al viento y susurrando en sus adentros crea su centro.
Entran en el agua, ella forma sus senderos
Pasan por el fuego, quien refina sus principios
Dan pasos en la tierra, y ella les entrega fuerza”
Recorren cada milímetro, como si la vida fuese su patio de juegos, conociendo todo lo que existió y alguna vez fue. Ellas intentando buscar la infinidad, viajan de ciclo en ciclo, de tiempo en tiempo. Presenciaron el nacimiento de Jesús y probaron el agua donde Pilato lavo sus manos, vieron caer la manzana en la cabeza de Newton y transportaron luz en sus prismas, se encendieron junto a la primera bombilla y apagaron las luces de la inexperiencia, levantaron el vestido de Monroe, mientras coqueteaban con las monjas feligreses de las iglesias de la época, vieron en primera fila todos los asesinatos judíos y lloraron junto a sus familias.
Segundo tras segundo dejan de ser sonidos y se convierten en historias, ancianas, llenas de conocimiento y sabiduría, nada dentro del día y la noche es un secreto para ellas.
Terminando con su contacto en la intemperie y sin olvidar su verdadera esencia, vuelven a casa, sabias y nuevas. Son recibidas y encapsuladas en forma de semillas llamadas “posteos”, estas son regadas en ambientes de primavera y toda la información obtenida es germinada y condensada en cajones herméticamente sellados en espacios donde la luz y la oscuridad tienen un pacto de paz, donde se preparan para ser parte del pensamiento.
Ahí son, en medio de la nada, miembros de un universo al quien nadie quiere gobernar. Ahí van tomando forma, emociones, sentimientos, ideales, ¡un pensamiento!
Son refugiados, sienten, existen, empiezan a vivir en nuestro espacio. Como quien ve venir la lluvia y se enfrenta a ella, se esparcen, gota por gota rompiendo el velo que las tenía encerradas.
Entregándose fielmente a la mente de una persona.
De ahí en adelante es cuestión del emisor, edificar la verdad que conlleva su idea.
De esta manera nacen los pensamientos, de esto se encarga la industria de las nociones, todos los días, todos los segundos, como una canción que no se acaba. Dando a entender que no hay idea sin historia, no hay historia sin sonidos, no hay sonidos sin latidos.
Porque de lo mínimo venimos y a lo mínimo vamos.
Porque nacemos de un pensamiento y morimos haciéndonos realidad.
Cuento #1 - Esc.
Imagen: Boris Artzybasheff (1899-1965)