Me gusta cómo algunos escritos me mueven y erizan mi piel. Y no, no me refiero a los escritos eróticos, sino a aquellos cargados de sentimientos; aquellos escritos con lágrimas en los ojos, o con todo el amor del mundo y una sonrisa en el rostro. Me refiero a aquellos escritos que llegan al alma del lector, sin siquiera conocer al autor.












