V4. Día 4, de León a Astorga y de allí a Cambrils
Como dije el otro día, es raro ver a los mismos caminantes cada día cuando vas en bici. Y en bici, si eres un poco avanzado, lo normal es que hagas etapas más largas y no va de hacer 10 km más o menos, por lo que es también fácil no coincidir. Pero ¿qué pasa con los ciclistas esporádicos? ¡Pues que sí coincidimos! Nos ha pasado con el matrimonio de la multa, a pesar de que hoy solo les hemos visto de lejos, cuando no han girado donde debían, y, sobre todo, con los dos padres con sus respectivos hijos. Nos hemos ido adelantando en los tramos y encontrando en las metas, si bien, vestidos de calle, es más difícil reconocernos que con nuestros cascos, indumentarias deportivas y bicicletas.
Son de Madrid, dejaron el coche en Astorga, de allí a Burgos en tren, y están haciendo el mismo recorrido que nosotros.
Salimos antes que ningún otro día, tanto, que cuando llevamos 18 km y queremos parar a redesayunar, la panadería todavía no está abierta.
La salida de León vuelve a ser tediosa y poco gratificante. Es la propia N-120. Nos bajamos de las bicis porque hay que ir por aceras en las que no hay rampas y los bordillos son altos y porque en un momento dado vemos a la Guardia Civil, y no sea que nos deleiten con una multa si vamos por la calzada con los coches, furgonetas y camiones constantes que circulan.
Estaban parando a coches sin ITV. Que se pasen por cierto barrio de Reus, que se forrarán.
Que conste que hay un servicio específico de la Guardia Civil de Atención al Peregrino, que vela por el peregrino y por el propio camino e, incluso, si es necesario, te llevan la credencial si te la has dejado atrás.
Alargamos la parada a más de media etapa, hasta Hospital de Órbigo donde sorprende una gran explanada en la que, a inicios de junio, se celebran unas justas medievales en conmemoración de las que el el hijo del Conde de Quiñones celebró en el siglo XV.
Seguimos nuestro camino con el pensamiento en llegar pronto para coger el coche y volver a casa.
A apenas 6 km de Astorga, en mitad de la nada, una especie de asentamiento en el desierto que lo tenía todo, como un vergel: fruta fresca, comida casera, café, agua, zumos, diferentes tipos cereales de desayuno… todo colocado con mimo. Incluso la leña en la parte trasera. Dan ganas de quedarse a pasar el día. Pero no podemos.
De nuevo, en Astorga nos esperan mis padres.
Cuando entramos, me sorprende ver a tanta gente. Casi que me molesta después de haber cruzado pueblos y pueblos sin apenas almas en las calles.
Localizamos a los papás, sellamos las credenciales, nos hacemos la foto de rigor, recuperamos líquido con tapa y ya estamos listos para poner el broche final a este viaje.
Total día: 1.980 pasos, 50,61 km de pedales y 8 horas de coche.
Total del viaje: 37.106 pasos, 236,07 km de pedales.
Las galletas que nos trajo mi madre con las que revivimos al llegar a Frómista.
He conseguido que no se note demasiado la marca de moreno típica del ciclista en brazos y piernas.
El culo. No es el culo lo que duele, son los isquios y toda la zona externa del aparato reproductor femenino. Seguro que hay músculos con nombres específicos, y todos y cada uno se resienten en cada piedra, cada bache que pasas. Eso, después de tomarte al inicio del día unos minutos antes de aposentarte en el sillín. La buena noticia es que va amainando según pasan los días, pero tienen que pasar.
Los pueblos. Es una pena, pero es evidente que esos pueblos van a desaparecer, bueno, a ser abandonados. Quizá queden como escapada de verano para algunos, pero indudablemente, aún en esa época, la población será muy inferior a la que puede llegar a haber ahora. Los carteles de “se vende” han sido constantes, en casas y en negocios, en pueblos pequeños pero también en los centros históricos de las ciudades (aquí sobre todo las tiendas, que probablemente acaben reconvirtiéndose a la hostelería).
Nos quedamos con ganas de alargar. La experiencia sobre dos ruedas ha sido muy positiva y, aunque según el panadero de Hospital de Órbigo al ver mi bici eléctrica es fácil, no ha estado exenta de esfuerzos. Yo continuaría en bici, pero la opción para el próximo viaje será volver a ir a pie. Habrá más tiempo para ver el paisaje, para detenerse en los pueblos, para hablar con otros peregrinos y para echar alguna que otra foto más, que en la bici se va muy rápido.
Hasta entonces, buen camino.