Olía ese miedo en el aire. Lo que escuchaba no era nuevo. Es decir, lo podía esperar de la amabilidad del detective, pero eso era justamente lo que más la hacía molestarse.
❤ } – “ …”– guardando un silencio y sin apartar ni las manos ni la mirada del rostro masculino que observaba con detenimiento, pensó por dentro en cada una de las oportunidades donde aquel le había hecho lo mismo. Supuestamente estaban unidos por un poderoso vínculo de la amistad que en más de un momento expresaron y se supo ver, pero desde hace tiempo que percibía a Saihara como una persona más alejada y reservada. Quería, por una parte, culpar de ese cambio a Ouma por las continuas bromas que el villano le gustaba a su amigo, pero no alcanzaba par explicarlo. Saihara simplemente se alejaba más, se guardaba más y no podía vivir con eso. – “¿Entonces por qué nunca me miras a los ojos por mucho tiempo?” – no dispuesta a dejarlo libre, siguió con el interrogatorio con cierta alevosía. El detective fue quien provocó esa reacción, así que más le valía quedarse quieto y ser un buen chico. -- “Y no solo eso. Siempre me hablas desde Momota cuando lo que quiero es saber TU opinión. Sé que estás en buenos términos con él, así que lo dejaremos fuera de esto, el problema lo tienes conmigo, ¿no es cierto?” – ¿creía que no se daría cuenta? – “¿Por qué soy TU problema?” --un impulso de rabia contenida hizo que presionara con fuerza la blanca piel debajo de sus dedos. No quería conscientemente herirlo, pero en el otro apartado la frustraba demasiado como para ser condescendiente.
“Que alguien venga, que alguien la detenga” así de desesperado había sido su pensamiento a raíz del aferre volátil. Con las órbitas latiendo cual tamborcillo, oteaba a un lado y hacia el otro, esperando por algún salvador que viniera a socorrerle y con ello cortar aquella incómoda situación. Pero ese deseo cobarde tenía dos posibilidades muy distintas como desenlace: por un lado optimista, estaba un héroe oportuno, una suerte de aliado, mientras que por el otro se encontraba un probable desagradable. ¿Y qué tal si quién los descubría era Momota? Peor, ¿qué tal si malinterpretaba el momento y la imaginación sugería un ‘affair’ para la discordia? Odiaría despertar tristezas en quien era su mejor amigo como ser el causante de dicho dolor, más si ese dolor es producto del afecto que siente por la niñera.
¿Por qué han llegado a esto? Rebobinando y atendiendo, ¿en verdad había huido de esos profundos ojos color sangre cada vez que se cruzaban? ¿Cómo es posible que, incluso queriéndola, tema tanto al reflejo que inconscientemente le ha eludido hasta el hoy? ¿cuál es el motivo genuino detrás de siempre asumirse como un testigo desde el exterior sin nunca declarar un ‘yo’ existente en las conversaciones? Pensando en Momota, protegiendo a Momota. Pensando en Maki, protegiendo a Maki. Pensando y protegiendo, siempre lo mismo, esa es la postura que desempeña, pero… ¿por qué? ¿qué es lo que le da miedo?
Con las manos sobre opuestas, de a poco trata de repeler el roce y tomar alguna distancia. No considerara huir, solo pide un mínimo de espacio para respirar y ordenar las caóticas ideas. ──“ Tu mirada es muy fuerte, Harukawa-san…”── demasiado. ── “Cuando me ves siento que no estoy a tu altura y eso es doloroso en verdad. Sé que he mejorado mi confianza, sin embargo al compararnos es cuando noto que no podría ser un igual contigo. No puedo caminar por el mismo camino, ni es para mí tampoco” ── ese era el lugar del hombre estelar. ── “Te dije que la decisión de ser amigos fue mi deseo, es cierto, pero no por eso quiere decir que pueda tomar tu mano. No estoy calificado, no soy yo”.
Lento, debe alejar esas extremidades de la blancura de su faz y situarlas de nuevo donde corresponden. Esa sensación que esclareció con el astronauta todavía punzaba con su filo cuando la fragancia fémina se presentaba entre ellos. Lo había aceptado hacia mucho tiempo atrás cuando eran los tres; perder antes de empezar el juego.
⊰☆⊱──“Mi problema no eres tú. Mi problema es reconocer que nunca voy a ser suficiente” ── no era digno, ni un poco. ── “No puedes taparlo con un dedo. El sol siempre va a brillar más que la luna, por esa razón las flores prefieren su luz. Es natural…” ── no hubo una oportunidad ahí. ── “No es mentira que me inspiras con tu fortaleza como no es mentira que tengo celos de no poder ser yo la razón detrás de tus sonrisas…Maki”.
Había querido una respuesta más clara y ya no estar jugando a los esquivadas con el detective porque de verdad no le parecía agradable el tener que casi obligarlo a cantar. Pero cuando esa respuesta deseada se expresó con palabras una profunda consternación la abrazó con tanta fuerza que perdió tanto el habla como la capacidad de pensar correctamente por unos momentos.
Analizando por partes sabía que ese muchacho quizás tenía algunos sentimientos (no quiere saber cuales) por su peor enemigo, por lo que primero quiso hacerse a la idea que no estaban hablando de una emoción tan fuerte como el amor. Entonces... ¿qué quería decir Saihara? ¿No ser suficiente? ¿no ser la razón de sus sonrisas? Dicho de esa forma cualquiera podría jurar que el detective (al contrario de lo que creyó) sentía un apego romántico por ella y por eso estaba experimentando celos hacia Momota por ser el amado de Maki, pero, ¿era así? Sabía que Saihara la quería mucho, sin embargo ¿amarla?
❤ } – “...”-- los latidos en su corazón volvieron a aparecer junto con el sonrojo que adquirió su cara. El imaginar que otro chico pudiera guardar sentimientos como esos por ella (¡ELLA! ¡la asesina!) la tomaba totalmente desarmada. De ser amor se había involucrado en uno de esos famosos triángulos amorosos sin darse cuenta y para su desgracia le tocaba el papel como la manzana de la discordia entre dos amigos que se consideraban como hermanos. ¿Es que acaso le pudo tocar una historia más novelesca que eso? Momota en la ignorancia sin saber que el detective sufría y Maki preguntándose cómo tenía que responder ante esa súbita confesión. Fue entonces que, en un silencio, se dio cuenta de un detalle que terminó por hacer descender los colores de su piel. Era pequeño, difícil de notar, pero no lo había evitado.
Volviendo a mirarlo en su mundo, jamás escuchó decir un “te quiero” o un “me gustas” de esa boca. Saihara la quería más de lo que ambos pudieron pensar, no obstante... – “...No es amor lo que sientes por mí”-- y Saihara lo sabe bien. -- “Es agradecimiento”