Qué comentario tan innecesario. Korekiyo era consciente de lo poco hermoso que era mantener una pila de libros en su escritorio pero de allí a catalogar un “desastre” a su método de estudio era exagerado. Resultaba natural que, ante una curiosidad tan abrumadora, los papeles se acumularan como piezas de Mahjong. No veía por qué destacar algo como eso en un momento así, especialmente cuando el entomólogo estaba emocionado por empezar.
Intentó no tomarlo demasiado a pecho, más considerando su rigurosidad por denotar una conducta bellamente ordenada resultó un tanto desconcertante para su acostumbrado temple sereno.
Korekiyo claramente estaba ofendido.
—Y-Yumeno-san, ¿por qué no mejor le enseñas tu “magia” para leer rápidamente a Gokuhara-kun? Así acabarán antes del anochecer… –por supuesto que no creía en los trucos “inhumanos” de su discípula pero era una buena forma de acrecentar la presión sobre sus hombros —. Los esperaré en mi sala, acudan solo cuando esté todo listo y antes de que suene el anuncio nocturno, ¿de acuerdo? –y con un tono severo que delataba su aparente molestia, se retiró de la biblioteca para dejar a los dos trabajar como correspondía.
Oh-oh, cuando tu profesor empieza a retarte a mostrar tus capacidades te das cuenta que la verdad de lo que dijiste le dolió en el orgullo pero Himiko lejos de sentirlo y pedir disculpas, levantó los hombros y se sonrió mientras el antropólogo se alejaba de la sala con toda su solemnidad de siempre.
“Bueno, bueno, parece que el Gran Maestro se ofendió, pero tú no te preocupes, Gonta. Mientras tengas a la Hechicera Definitiva contigo hacer estos trabajos va a ser como pan comido” hasta se jactó de poder afirmar sin temor ni dudas sobre si esto era cierto o no. Simplemente subió hasta la sección de libros de la sala y empezó a tomar los primeros de la lista. “Vamos a seguir tu plan así trabajamos en tu confianza mágica. Como tu superior y asesora personal me voy a dedicar a vigilar de cerca tus avances, ¿ok, Gonta?”.
Como un caballero hizo un saludo de despedida cuando su maestro se retiró y rápido se acercó a Himiko para ayudarla a cargar con los pesados volúmenes de sientas de páginas y llevarlos de a tandas hasta una de las mesas de estudio compartido.
–¡Que suerte la de Gonta! Con la ayuda de Himiko esto va a ser rápido–afirmó de modo inocente tras escuchar las inspiradoras palabras de su pequeña amiga. La maga era poderosa (o Gonta la creía poderosa) así que con unos pocos trucos de magia ella podría hacer que el tiempo volara o que ellos acabaran con la tarea en unos pocos minutos. --¿Qué hechizo usará Himiko ahora?
Las reglas del mundo mágico decían que solo podía enseñarle magia a los que nacían con el don natural para ella pero eso no sería un problema con Gonta. Podía sentir los circuitos mágicos desperdigados por ese grandote cuerpo de dos metros y tanta masa que estaba segura sobre las capacidades escondidas de su amigo para convertirse pronto en un gran hechicero natural. Ya tenía pelo de druida incluso.
Yumeno se paró con autoridad sobre una de las sillas para que no fuera tanta la diferencia entre las estaturas y lo miró con mucha gravedad, lista para impartir una importante lección.
“Escucha, Gonta. El hechizo para la lectura rápida no tiene que ser tomado en broma. Necesita el máximo de tu concentración para funcionar correctamente, ¿lo entiendes?” dijo, con las manos en la cadera en postura de jarra. “Esto que te voy a enseñar es un saber que me legó mi maestro y su maestro a él, así que espero comprendas lo que te estoy queriendo decir…”