Secuoya es grandeza, es inmensidad, es infinidad.
Bajo su pie, sobre la hierba y tierra que cubren sus raíces. Acostada y mirando hacia arriba, recorriendo con la mirada su largo tronco, hasta alcanzar su copa. Esa copa que parece tocar las mismas nubes del cielo.
Sentir en ese momento un afán de superación, un querer trepar hacia lo más alto y alcanzar el objetivo propuesto. Sentir el no querer rendirse y el poder soportar cualquier adversidad.
Cualquiera tenemos ese objetivo marcado, por el que luchamos para salir vencedores en una de las batallas más duras, la superación personal de cada uno.
Trepar, solo trepar por el gran tronco. Poco a poco y llegar arriba.
Entonces, hacer de nuevo el recorrido con la mirada. Pero esta vez hacia abajo. Esta vez observando cada paso que hemos dado, cada tropezón que hemos tenido. Pero, sobre todo, recordando la fuerza con la que nos hemos agarrado al creer caer. Sentir esas ganas de no perecer, de continuar hacia adelante.
Secuoya es lucha, es superación, es coraje. Secuoya es no darse por vencido, pese a los tropiezos que se tengan al trepar. Llegar arriba y respirar.



















