Harakiri (Seppuku) - Redesigned hammer and nail Seyo Cizmic
One Nice Bug Per Day
No title available
Today's Document

No title available
No title available
PUT YOUR BEARD IN MY MOUTH

blake kathryn

❣ Chile in a Photography ❣
Mike Driver
RMH

Janaina Medeiros

JBB: An Artblog!
🪼
No title available
almost home

祝日 / Permanent Vacation
he wasn't even looking at me and he found me
Jules of Nature

Origami Around
DEAR READER
seen from United States

seen from Maldives
seen from United States
seen from United States
seen from Iraq

seen from United States
seen from United States
seen from Uzbekistan
seen from United States
seen from United States
seen from United Kingdom

seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from Singapore
seen from United States

seen from Austria

seen from United States

seen from Türkiye

seen from Germany
@ssunrise
Harakiri (Seppuku) - Redesigned hammer and nail Seyo Cizmic
-Charles Bukowski
—Qué rara la vida— dije yo en voz alta. Mientras hacía mi maleta, mantenía una conversación en mi cabeza. Hablo conmigo porque no hay nadie con quien pueda hablar de ti. Me acuerdo cuando eras la persona con quien podía hablar de todo, hasta que nuestra vida se alejó tanto que empezaron a surgir los tabúes entre nosotros. Y luego un día dejamos de hablar. Quizá porque nos quedamos sin fuerza para gritar lo que sentíamos a través de tanta distancia.
Pero como digo, yo hacía mi maleta y platicaba solo conmigo. Aunque considerando lo que dice la gente que sabe de energías y esas cosas que no enseñan en la escuela, también pudiera ser que estuviera equivocada…
—Qué rara la vida— dije otra vez, pero ahora solo con mi voz interior. —No me creo eso de que solo exista una vida. Porque en realidad se sienten como muchas—. Las cosas cambian tanto de un momento a otro que es imposible creer que la vida que vivo ahora es la misma vida que viví antes. Por ejemplo, la primera de todas, es la vida en que nací; aunque de esa no recuerdo casi nada. Después, está la vida en que aprendí a leer y a contar hasta el diez. Aquí todo era nuevo y todo tenía que aprender. Me formé de a poco en temas importantes; descubrí que me gustan más el mango y la leche de chocolate, en lugar de las ciruelas y la leche de fresa. Pasaron algunos años y vino la vida donde conocí el mar y la capital de mi país. El mar era más grande que lo grande y la capital se sentía como un mar. —Qué risa que las olas (de agua y de concreto) me revolcaran a manera de bienvenida—.
Resultó que después de algunas vidas, me volví más madura y llegó una vida donde descubrí mi cuerpo y donde la percepción del tiempo se instaló en mi; esto último no decido todavía si lo agradezco, porque no hay eco que retumbe más, que el de las manecillas de un reloj. Sin embargo, aunque habían poquitos años, habían muchos sueños.
Y de entre tanto soñar, uno que otro sueño se hizo realidad; y de alguno saliste tú, —mi parteaguas—. Mi parteaguas fue la vida donde te conocí. Y aunque yo ya había nacido hacía muchas vidas atrás, conocerte se sintió como experimentar de nuevo las cosas por primera vez. Sin duda, una vida de mucho frenesí y de mucha fascinación. —Y hago pausa para preguntar si alguien sabe por qué el tiempo no puede ir en reversa—. Pero volviendo a ti (siempre me encantó volver a ti), sin que esto tenga que ver nada contigo o conmigo, sino en realidad con la forma en que el mundo funciona… después de subir hay que bajar; y así, como crónica de fracaso previamente anunciado, vino la primera vez que te fuiste. —Una vida que se sentía como intentan llenar un morral sin fondo—. Pero como yo no sabía que te habías ido temporalmente, me empeciné con la tarea. —Y tarde mucho tiempo en descubrir que la verdadera razón del porque no volvías era que no querías regresar—.
—Pero regresaste tantas vidas como te volviste a ir—
Y porque después de bajar, hay que seguir bajando, siguió la vida donde mi hermano se murió. —Y yo con él. Sí, yo con él, no bacilo. Por esta razón nunca pude entender porque después vino otra vida donde (solo yo) reviví…—. Sin embargo, de esa vida no quiero dar detalles por ahora.
No estoy segura si las reglas que rigen las vidas estipulen que después de mucho bajar, hay que volver a subir; pero en seguida vino la vida de empezar y rempezar. Y llegaron el país vecino y tú. Nuevamente tú. E igual que niño consentido en navidad, la emoción no me duró ni para el arranque; y para sorpresa mía (y de nadie más), te fuiste y llegó una nueva vida sin ti. Ya no se si es la séptima o décima primera vida sin ti, ya perdí la cuenta. Pero no nos confundamos, porque así como hay cosas que bien se aprenden y nunca se olvidan, también hay cosas que mal se viven y nunca se aprenden.
“El sentimiento de mi amor es tan vivo que incluso al perder a la que es su objeto, me resulta imposible truncar una vida que ella anima y que inflamará hasta el último momento… Haré mucho más que morir, viviré.”
— Sade
Dejas en mi la obsesión de los interrogantes.
Obsesión de vivir, José Sbarra, 1975. (via rinconliterario)
No se que tienen los libros usados que siempre me da por pararme a verlos cuando, caminando, encuentro un local que los vende. Hay de un montón de tipos, de esos que ya no se ven muy a menudo, y también (por lo que he podido comprobar) de esos que mucha gente no conoce y no está interesada en leer. A mí me gusta pensar en la historia intrínseca del propio libro, más allá de las historias dentro de sus páginas. ¿Qué hay de lo que no podemos leer? Acerca de los ex propietarios del libro y cómo llego a sus manos, acerca del tiempo que los acompaño y lo que les enseñó. Aunque tal vez haya cosas que sí podamos leer. Si una página está doblada, quizá sea porque su anterior lector encontró allí un mensaje que lo hizo vibrar; si una página está arrugada quizá fue a causa de llanto o de un accidente (o de un llanto accidental).
En mi vida has sido llanto y accidente, y pasión, y emoción, y el amor más grande que he sentido. Veo en tus ojos tanta ternura que no puedo resistir a echarme en tus brazos y contar los segundos que nos quedan antes de volver a despedirnos. A veces pienso que si no fueras tan reservado, seguramente me contarías un sinfín de historias fantásticas donde hay magia y destellos; pero las historias vienen de tus manos, sí, y se quedan en mi piel.
Nunca dejes de leer historias, pero sobre todo, nunca te olvides de contar historias, ni de contar nuestra historia.
Menudo negocio es que las ganas no puedan compartirse, pero que el miedo tenga la última palabra... Aún cuando todos sabemos que el miedo solo sabe decir que no.
Me pregunto si con todo lo que te ahorraste te alcanza para pagarle a los pensamientos inquisidores, aunque también es probable que el amor sea más barato de aquel lado del mundo.
Si es posible, escribiendo te voy a sacar de adentro y te voy a dejar en este cuaderno.
Acuérdate de que lo que nos hace felices, nos cobra; acepta muchas monedas, ¿con qué vas a pagar tú?
Las gotas no dejan de caer. Imagino que allá será soleado, que te tiras a tomar el sol. Imagino también que piensas en mí. No me alcanzan las canciones para curarme. No tengo sed, pero quiero tomar. Quiero caminar lejos, ir al bosque; quiero olvidarte entre árboles y estrellas.
Todavía no puedo dejarte descansar; te extraño, carajo. Te extraño mucho. Pero prometo que estoy trabajando en eso y que más pronto que tarde (espero) voy a dejar de escribirte. Que tengas buenas olas, cielo.
Espero que llegue el fin de semana, convenciéndome de que quizá si sales y te emborrachas, me vas a escribir; quizá te entra la nostalgia y decides que sí me extrañas.
Por la noches se llevan a cabo los juicios; a veces se encuentran culpables y hasta se condenan, pero nunca se hace justicia.
Estás aquí
Los calambres en el pecho y en los hombros no me permiten olvidar la noche anterior; estaba tan cómoda que ni siquiera me puse pesada diciendo que teníamos que irnos ya porque mis papás se iban a dar cuenta de que todavía no llegaba a la casa. Por poco y se dieron cuenta, no te lo dije. Cuando desperté tuve que mentir diciendo que había llegado tres horas antes. Las mentiras se han vuelto una especie de pegamento que me ayuda a mantener las cosas a flote y que me sale de la boca al igual que los buenos días por la mañana. Me puse a unir con líneas imaginarias los moretones de mi cuerpo, formando una constelación que cuenta parte de nuestra historia; un resumen fiel de lo que fuimos anoche y hemos estado siendo durante años. Ya no recuerdo el día ni el momento exacto en el cual hice este pacto con el diablo, quizá fue durante un sueño que también olvidé. Simplemente la suerte no alcanza para explicar que estés aquí. Aunque estás. Estás en la ciudad en la que nacimos, estás a unas cuadras de distancia, estás en una trayectoria intermitente en dirección a mi interior. Si las palabras fueran suficiente, entonces ya habría escrito un libro o una canción para ti; si una prueba fuera suficiente, entonces habría pintado y esculpido… No sé qué clase de pacto hice con el diablo, pero no hay otra explicación de que estés aquí. Una sola idea en mi cabeza: rendición. Ir a por ti sin importar nada más, como adicto sin vista periférica. Rendición, como condenado sin reproches. Rendición por convicción como kamikaze. Rendición sin elección como prisionero. Rendición por que sí como creyente. Rendición por amor, rendición ante ti. Llevas en tu lengua el antídoto para la vida misma. Llevas en tus manos la sabiduría de todas las culturas a través de todos los milenios. Llevas en tus ojos la verdad que han defendido todos los valientes, y en tu cuerpo, el secreto más grande jamás guardado. Un pacto con el diablo, es la única explicación de que estés aquí. Y estás aquí.
Del lenguaje entero una sola palabra: rendición.
Miguel Gane
De todos los ojos del mundo elijo los míos cuando tú los miras.
Elvira Sastre
“«La ira es el guardián del miedo»”
— Pequeños fuegos por todas partes, Celeste Ng