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Leer en silencio nunca fue uno de sus pasatiempos favoritos, temiendo adentrarse demasiado en una lectura intensiva que terminaría por crear un temor hasta entonces desconocido por la cabellera áurea. Sus ojos se movían con cuidado por cada letra escrita, siguiendo versos de un latinoamericano, intentando comprender metáforas e ideas románticas que en más de una ocasión se escapaban de sus manos, escuchando claramente la ronca tonalidad masculina en lo más profundo de su cabeza, casi como si el mismo poeta estuviese narrando el conjunto de éxitos. Sin embargo, su concentración no duró lo suficiente para terminar el nuevo poema comenzado, desviando su mirada hasta la caja de imágenes encontrándose con la sorpresa que hizo exclamar a su compañera.— Ok, no quiero preguntar cómo llegaste a eso.—apretó sus labios, estirando su mano libre para encerrar entre sus dígitos un puñado de palomitas. —¿Podrías cambiarlo y dejar de declararme tu amor en un idioma que no comprendo? Sé francés e inglés, no griego. Muchas gracias.— soltó segundos antes de echar un par del dulce maíz a su boca.
El hombre de la imagen parecía comenzar a jalar aquel enorme caminón con alguna parte de su cuerpo, sin embargo, la griega todavía no alcanzaba a ver el lugar “¿Pero de dónde...?” Y fue entonces que el equipo de la producción se acercó a él y colgó de sus genitales dos largos hilos “Oh, Dios, no, pero qué...¿Qué ganan de todo aquello? Una tarde dolorosa, sin duda alguna” De inmediato se encogió de hombros, pues para ella era algo de todos los días. Su curiosidad infantil a veces llegaba a ser tal que era capaz de encontrar de lo más extraño, aunque fuera sin quererlo “Digamos que ha sido curiosidad” Rodó los ojos y tomó el control aunque, en realidad, tampoco era como que quisiera ver aquel espectáculo. Cambió el canal, comenzando a ver colores más alegres y canciones por do quier, los canales infantiles “Por favor, si quisiera declararte mi amor lo haría en el poco francés que sé” Y con una sonrisa se acercó a su oído, susurrándole en una casi perfecta imitación del acento “Je t’aime beaucoup, mon amour”
– Me gustaría saber por qué estás viendo éso –exclamó, asqueada por las imágenes que se veían en la pantalla. Era extraño, pues deseaba dejar de mirar aquel programa, mas le resultaba imposible hacerlo.
“Por la misma razón que tu” Pues aunque intentaba apartar su mirada, simplemente no podía dejar de ver toda aquella oda a las lenguas humanas bífidas “¿Porqué alguien le haría eso a su cuerpo? No tiene sentido alguno”
Oh si…la mayoría de records o son asquerosos o te acabas sintiendo mal por el dolor que supone -Eryn había acudido justamente a esa sala para ver la televisión y distraerse de tantas agobiantes clases pero no había encontrado nada que encontrase digno de ver, el irlandés era alguien bastante delicado a la hora de escoger lo que veía. Sin embargo, se encontraba bastante cómodo en el sofá del lugar así que había terminado quedándose ahí contemplando la nada hasta que la griega llegó, puso aquel programa y empezó a maldecir- ¿sabes? Antes he visto un hombre llevarse el record de ser la primera persona que rompe casi treinta avellanas con el culo.
Los murmullos de sus labios comenzaron a apaciguarse, calmados por el interés que comenzaba a prestar a las palabras masculinas, distrayéndose levemente de las imágenes televisivas “Sin duda es un pequeño complejo de masoquismo es decir...¿cómo ver eso sin sentir aunque sea un poco de dolor?” Imposible era para ella, pues era como si fuera su cuerpo el que estaba realizando la tarea, haciendo que sus músclos se contrajeran, presos de un imaginario dolor. Un rostro de verdadera incredulidad apareció, sin poder imaginar si quiera lo que aquello sería “¿Treinta avellanas con el culo? ¿Cómo es que...?” Comenzó a preguntar, antes de obtener la respuesta, obvia en realidad. “Oh...no, no, no me expliques, suficiente con la imagen mental que me he hecho”
Ella simplemente pasaba por allí, de camino a su habitación, sin embargo, las palabras de la chica que estaba viendo el televisor le llamaron la atención. Lo que se encontró no le sorprendió para nada, había visto cosas mucho más terribles en ese tipo de programas: -Si te llevas las manos a la cara con eso, no te recomiendo ver a la mujer que puede “casi” sacar los ojos de las cuencas de sus ojos. O el hombre que puede estirar su piel unos cuantos centímetros -no es que Ettie fuera una experta en esos programas, pero en su adolescencia hubo un tiempo que no se veía otra cosa y en su casa por desgracia… solamente había una tele.
“¿Qué?” Fue la única respuesta que le pudo dar a la canadiense, mientras que su cabeza se volteaba a de una forma brusca, en busca del rostro femenino. Muchas cosas había visto en su vida, no podía ocultarlo ni negarlo, sin embargo, nada se comparaba con lo que ella describía o lo que en aquel momento veía “¿Es acaso eso sano? No sé, podría dañarse los músculos oculares o los nervios que conectan a los ojos con el cerebro” Lo de la piel, bueno, sabía que poseían kilómetros y kilómetros de la misma, por lo que un par de centímetros no la sorprendían “¿Tienes mucho tiempo entre manos o te gusta ver todas aquellas cosas por masoquista?” En su caso era la primera opción, sin duda alguna.
La pantalla había capturado su atención hace por lo menos cinco minutos, e intenciones no tenía de perderse un minuto más así que luego de chequear la hora en su reloj de pulsera, se percató que efectivamente, tenía tiempo de sobra antes de su reunión. Un suspiro de júbilo salió expulsado desde la rosácea de sus labios y se sentó junto a la vicepresidenta de la federación de estudiantes. “¿Se puede?” No esperó ninguna respuesta, sino que dejó que sus dedos se introdujeran en el bowl de palomitas de maíz para sacar un poco, mientras en su otra mano poseía una botella con bebida cola que permaneció cerrada. “Puedo hacerte más palomitas luego, pero, Dios mío.” Repitió su exclamación anterior, no pudiendo creer lo que sus ojos observaban. “¿Catorce hijos? ¿Qué? Pobre madre, ¿cómo puede caminar?” Preguntó con clara sorpresa tatuada en sus facciones, no pudiendo creer lo que se exhibía en la pantalla. “Supongo que mostrarán como será el parto, ¿no?” Se corrigió casi de inmediato. “Es decir, parto normal no va a ser, obviamente. Tienen que nacer por cesárea, pero, vaya. Me imagino que habrán tardado horas en sacar a todos los bebés, ¿crees que todos sean sanos? Esperemos que sí, aunque no sería tan positiva.” Hizo una pausa. “¿Cómo explicas la fecundación de catorce espermatozoides al mismo tiempo? Eso no sucede.”
Su primera pregunta fue ¿cómo alguien podría someterse a eso? Pero al recordar que la pobre señora no tenía opción alguna, su pregunta cambió de inmediato ¿Cómo alguien sobrevivía a nueve meses de eso? Catorce seres humanos en tu interior, catorce cuerpos minúsculos que tendrían que cuidar desde su nacimiento hasta mínimo, dieciocho años después. Decir que la curiosidad la había picado no era suficiente. Apenas despegó sus ojos del televisor para observar a la chica que se acercaba “Claro” se movió unos centímetros para permitir que se sentara a su lado y colocó el bowl entre las dos, para que tomara libremente de su contenido. Negó incrédula, mientras que un gesto se apoderaba de su rostro “El cuerpo femenino es extraordinario sin duda alguna” Ladeó su cabeza ligeramente, con la extreñeza y la sorpresa marcadas en sus facciones. Sin duda, ambas chicas formaban una escena digna de admirar “¿El parto? Sin duda cesárea, la pobre se muere antes de poder sacar el séptimo, aunque, en realidad, no sé si sea lo más agradable de ver el parto” Menos mientras comían palomitas, sin duda alguna. Frunció su ceño de inmediato, comenzando a explicarse “No es que catorce espermatozoides fecundaran al mismo tiempo, es imposible, el óvulo se cierra cuando uno entra y no puede ser que en una misma ovulación salieran catorce óvulos. Todo depende si son idénticos o no, aunque eso no lo han dicho” O quizá lo habían pasado antes de que la griega llegara al canal, lo cual era una posibilidad “Quizá fue una fecundación in vitro”
La suspensión de la cátedra de patología general parecía ser la noticia más maravillosa de la jornada, principalmente porque esa clase en particular le tomaba cuatro módulos de su horario y ahora, bien podía decir que tenía gran parte de la tarde libre. Tenía entendido que una de sus compañeras de habitación invitaría a unas amigas a repasar para el examen del día siguiente, así que sus opciones para dormir una siesta se presentaban inexistentes. Su mente comenzó a trabajar rápido conforme sus pies se dirigían hacia la sala de recreación, ocelos fijos en la televisión que muchas veces proclamó como suya, mas en este momento, otra persona parecía ser la dueña. Avanzó con paso sigiloso, dispuesta a convencer a la otra persona para que se fuese y le dejara el control remoto, mas lo que estaba viendo terminó por capturar su atención y sin quererlo, se encontró a sí misma tomando asiento al lado de la rubia. “No tengo idea qué estás diciendo, ni siquiera sé qué idioma es, pero, vaya.” Orbes dirigidos a la pantalla y una posterior mueca de asco sobre sus delicadas facciones dieron paso a un sonoro suspiro desde sus labios. “Y pensar que una vez me perforé la nariz y pensé que era muy rebelde. ¿Te imaginas salir así a la calle? Digo, a mí me daría un poco de miedo ver a alguien con tantas perforaciones en su rostro. Vaya que le debió doler.”
Y fue que una delicada y fémina voz interrumpió su cátedra de maldiciones griegas, aunque sus ojos se mantuvieron fijos en la televisión, forzados a seguir viendo aquel espectáculo que se le presentaba de aquella forma tan repentina. “Es griego y son simples tonterías” Admitió finalmente, dejando que su hombro se encogiera mientras tomaba otro puñado de palomitas, inmersa en el programa que ahora se le presentaba. Frunció su nariz, en respuesta a las palabras de su nueva acompañante “¿Te perforaste la nariz?” Fue aquello que finalmente arrebató su atención del televisor, pues oportunidades habían sido varias, pero ninguna se había animado a pasar por aquel dolor “¿Por qué?” Fue lo único que pudo preguntar, ya que era obvio por los mismos comentarios que había soltado que aquella fue una experiencia dolorosa. Regresó su vista a tiempo, mala suerte de aquel día, pera observar como aquel hombre dejaba que su lengua saliera por el orificio que tenía debajo de su labio inferior “Oh, no, no” Y recuperó de inmediato el control del televisor, cambiando el canal de manera frenética hasta que los colores se volvieron brillantes y una canción amigable apareció de fondo “¿Bob el constructor? ¿No habían quitado su programa ya?”
No sabía que había sido lo que había llamado primero su atención, quizá el embriagante aroma de las palomitas de maíz, o el sonido que emitía el televisor de la sala común, o tal vez también la belleza de la muchacha que contemplaba con semejante emoción la pantalla frente a ella. Elijah avanzó con paso pausado hasta el gran sofá y se sentó cómodamente a un lado de la cobriza, recostándose sobre el respaldo del sillón y estirando sus pies en la alfombra, focando sus ojos casualmente en el documental que reproducía y entrecerrando los ojos con cierta curiosidad, un poco fingida. “¿Qué estamos viendo?” consultó, con notorio interés para después ladear el rostro hacia la rubia, tentado a reírse de la notoria felicidad que emanaban sus facciones, repletas de sorpresa y temor.
Sus maldiciones griegas fueron sólo interrumpidas por la voz masculina. Sorprendida, pues no le había visto llegar, tomó el control del televisor y buscó en la programación el programa que en ese momento veían “Tabú” El inglés volvió a salir de sus labios, mientras que su cuerpo imitaba la posición del contrario con un rostro de suficiencia “Bueno, eso explica muchas cosas sin duda” Alzó las palomitas de maíz para ofrecerle una, mientras que su extraño gesto seguía fijado en las imágenes de la pantalla “¿Cómo crees que con tan sólo collares de metal logren alargar su cuello de esa manera?” Ladeó su cabeza, intentando encontrarle un sentido a todo aquello “Es decir ¿cómo logran que otro quepa?”
Llevaba un libro en las manos cuando extrañamente escuchó a alguien maldiciendo en lo que parecía ser… ¿Griego? Ahora, no era extraño escuchar otro idioma en la Universidad de Toronto, pero luego de años de escuchar a gente sólo hablando inglés y a veces francés, los acentos extranjeros lo seguían tomándolo por sorpresa. Colocando su marcador favorito en el libro que estaba leyendo, se acercó a fuente de aquellas extranjeras groserías.
La joven en cuestión estaba frente a un televisor y parecía estar viendo un capítulo antiguo de Ripley’s Believe It or Not! y estaba al mismo tiempo asqueada y fascinada por lo que veía. Al podía comprender el sentimiento, más de alguna vez se había pasado la noche mirando videos extraños en youtube sin poder parar.
—Si yo fuera usted, no me quedaría a ver al hombre con más piercings del mundo— comentó casualmente en una mala imitación de griego. Leer el idioma era fácil, hablarlo era otra… pero que nadie dijera que Héctor Alexis Miranda no se atrevía a hacer cosas nuevas.
Una mueca apareció en su rostro al escuchar el atropellado intento de griego que el chico había pronunciado, pero tenía que darle crédito de alguna manera, lo había intentado “¿Usted? Pensé que ya no había alumnos que siguieran llamando así a los desconocidos” Habló en un inglés casi perfecto mientras que volteaba su mirada hasta el recién llegado, mientras que otro par de palomitas ingresaba a su boca. No, definitivamente, aquello no era algo que debería continuar viendo, sin embargo, el morbo humano siempre sería más que el poco sentido común obtenido “No, pero da curiosidad ¿no lo crees?” Las formalidades jamás habían sido lo suyo, mucho menos cuando se trataba de alguien tan joven “Si habrá dolido, lo que lo llevó a hacerlo...quizá no sea la mejor manera de pasar la velada” se encogió de hombros, regresando su mirada al televisor “pero es interesante”
¿Qué era lo que llevaba a la griega a sentarse en medio de la sala con palomitas frente a ella y el control de la televisión en su mano? El ocio era la mejor respuesta que podía dar, pues tras haber terminado todos sus deberes, se encontraba con una extraña cantidad de tiempo libre entre manos. Pasó los canales de la televisión apenas viendo las imágenes que se proyectaban, sin que nada en realidad llamara su atención por completo. Quizá fue que las imágenes repentinamente se hicieron más pausadas conforme el tiempo pasaba, o que el sonido de los canales parecía ser cada vez más atractivo, fuera lo que fuera, repentinamente, paró en una escena. Fueron sólo un par de segundos los que se necesitaron de aquel programa de récords, para deformar el rostro de la griega en una extraña y temerosa mueca---Dios mío---Cubrió su rostro y, aunque quería quitar el canal, sus ojos simplemente no se despegaban del televisor mientras que sus labios susurraban, maldiciones en un perfecto griego.
Amo la pareja que forman Aleksey y Dione. — Desconocido.
“¿Tan así?” exclamó incrédula, finas cejas encarnadas por la sorpresa de que la rubia hubiese descrito así a la tercera el grupo, que se encontraba extrañamente ausente en aquella conversación. “Ísis es exactamente así, es decir, es Ísis.” El intento explicación fue rudamente manipulado por la gran cantidad de alcohol consumido durante la noche, sin embargo el tono de su voz hizo un excelente trabajo en aclarar lo que las palabras callaron. Para Vienna, aquel nombre se había convertido en un nuevo adjetivo, y el único válido, para describir a la canadiense. “Lo sé; tu también.” respondió con una radiante sonrisa, sintiendo como el mareo comenzaba a notarse y la obligaba a parar, aunque dudaba que el movimiento tuviese algo que ver con el desequilibrio. Bajo la velocidad de sus pasos hasta encontrarse nuevamente parada, utilizando el cuerpo ajeno como columna para sostenerse. “¿Qué se supone que eso quiso decir?” exhaló curiosa, tratando de regular su agitada respiración.
La griega tuvo que contener una risa, más por una especie de conciencia moral que por la falta de gracia ante el pensamiento. Las palabras de la inglesa no eran mentira alguna, pues era verdad que su compañera podía llegar a ser difícil de tratar---Bueno, es su forma de mostrar que nos quiere y se preocupa por nosotras, lo sabes---Una forma bastante retorcida en realidad, pero era eso lo que le gustaba pensar a la griega. Sonrió al escuchar la confianza con la que su compañera hablaba, pensando que todo aquello era aumentado por las copas que ya había tomado---Muchas gracias, Vienna---Dejó que se apoyara sobre ella, mientras que comenzaba a buscar un lugar donde hacer que se apoyara.---Que te quedes quieta unos segundos, antes de que te lastimes, eso quiero decir---Por lo menos, era lo que en ese momento quería decir, puesto que no se creía con la fuerza suficiente como para ayudarla si se caía.
La satisfacción que le produjo aquella simple respuesta lo golpeó con fuerza, haciéndole sonreír ampliamente mientras sentía con la cabeza hacia el barman, indicándole que podía retirarse ya que el whisky en las rocas que anteriormente había pedido sería suficiente para ellos dos. La atrajo hacia el sutilmente para después sentarla en uno de los pocos asientos que quedaban desocupados frente al bar. Se posicionó entre medio de sus piernas y la abrazó por la cintura con sólo uno de sus brazos mientras que la otra mano se apoyaba en la barra. “Supongo que es algo metafórico. Los hielos representan las rocas o eso pienso yo, de todas maneras, no creo que sea un nombre tan ridículo.” Suponía que pensaba de esa manera porque siempre había pedido aquella bebida, desde que había probado el whisky, este se había convertido en su mayor aliado en los bares, discotecas y eventos como ese. “A mí me encanta que te salgas de tus cables.” Confesó con voz ronca, guiñándole el ojo mientras se acercaba a ella y le besaba la mejilla con suavidad. Estaba deslumbrado con ella y lo peor era que no hacía nada para disimularlo.
Lo siguió sin cuestionarlo, dejando que se colocara frente a ella, colocando sus brazos alrededor de su cuello, para así observar sus facciones, comenzando a pensar que las conocía mejor que las propias---Supongo que cuando se compara con las demás bebidas, tiene un nombre bastante coherente y simple en realidad---Tras seguir a su padre a través de los continentes, había escuchado un sinnúmero de bebidas que, de aluna manera, se encargaban de tener nombres cada vez más extraños. Un golpe agradable en su pecho la hizo sonreír al escucharlo, haciendo que tomara su rostro hasta el de ella, besando sus labios, un beso más prolongado que el primero, delicado y romántico. Se separó de él apenas unos centímetros, hablando sobre sus labios---Me encantas ¿te lo he dicho?---Pues aunque recordaba haberlo expresado un par de veces, seguía sintiendo que era insuficiente. Escuchó entonces al barman, quien dejaba la bebida a sus espaldas. Se separó de él para tomarla, entregándosela, con una sonrisa en labios---Aquí tiene, caballero, su whisky con hielos---Por supuesto, reacia a decir su nombre. Su pensamiento volaba, como siempre lo hacía y fue entonces que recordó algo que había quedado pendiende entre los dos.—Dione es la madre de Afrodita en algunos relatos, también se le considera la forma femenina de Zeus—Lo observó, encogiéndose de hombros---Por si todavía tienes curiosidad---Y una sonrisa, pues no, sus ocurrencias no tenían remedio alguno.
Se podía decir que había esperado que ella llegase más que nada en el mundo, no se consideraba fanático de celebraciones como esas, pero sabía que estando a su lado, la pasaría bien en cualquier lugar. Le dedicó una pequeña sonrisa, asintiendo con la cabeza para indicarle que estaba oyéndola y es que ahora mismo toda su atención estaba centrada en la griega y dudaba que alguien pudiera distraerlo. “Me alegro que lo hayas encontrado, entonces. Te queda increíble.” El estilo griego que tenía el vestido la hacía ver como una verdadera diosa griega. Presionó con suavidad los labios, temiendo que de éstos escaparan palabras que iban más allá de lo que él quería admitir. Le dedicó una sonrisa en respuesta a su halago para después llamar al barman y pedir el whisky en las rocas. “¿Vas a beber conmigo o prefieres pedir otra cosa?” Preguntó, deseando hacerla sentir más cómoda que nunca. Quería hacerla sentir bien, después de todo, aquella era la primera cita que en verdad tenían, puesto que las demás habían sido salidas casuales… como amigos. Ahora ya no era lo mismo. Aunque tampoco quería llenarse la cabeza de ideas y nombres, quería dejar que las cosas fluyeran. “¿Ridículo? ¿Por qué?” Alzó una ceja, bajando la mirada para poder observarla con atención, recorriendo por enésima vez sus facciones como si memorizar su rostro no fuese suficiente.
Estuviese él o no, tarde o temprano hubiera tenido que asistir al evento con sus amigas, de una mala manera, pero habría accedido a pasar la tarde con ellas. Con él a su lado podría comenzar a agradarle el lugar, que de alguna forma, ahora parecía ser mucho más colorido. Su sonrisa se ensanchó como respuesta a su halago, pues no se podía decir que su mueca de felicidad desaparecía en algún momento, no cuando él estaba a su lado. asintió de inmediato, con total seguridad---Beberé contigo---Pues tras repasar de una forma rápida lo que la barra ofrecía y aquello que parecían llevarse los demás, nada más llamaba su atención que el fuerte sabor del whisky. Antes de explicar sus palabras, lo miró unos segundos, preguntándose cómo era que las palabras salían con tanta facilidad de su boca cuando él hacía las preguntas. La respuesta inmediata fue la naturalidad, había llegado a ocupar un lugar tan importante en su vida, que era esencial para ella compartirle sus pensamientos. Desvió su mirada, sosteniendo una copa imaginaria---Bueno, por que es simple whisky con hielos---Rió brevemente, antes de proseguir---Hay peores, no lo negaré, pero es muy subjetivo para una simple bebida---Regresó su mirada hasta él, realizando una exagerada mueca de preocupación---¿O es que ya me he salido mucho de mis cables?---
Tela pura y casta caía desde los hombros femeninos, un atuendo que sólo alguien como ella podría logar lucir entre la multitud de estudiantes que se abrían paso entre las grandes paredes deportivas. Una sonrisa se formó entre sus mejillas apenas la ironía apareció en los labios ajenos, viéndose obligada a levantarse del refugio momentáneo para encontrarse con las claras profundidades femeninas. —Me agradaba cuando estabas de espaldas, nunca me había fijado en el culo que traías a cuestas. —la jocosidad fue el protagonista de la ecuación, estirando su mano para tomar el vaso cercano y alzándolo entre ambas como si estuviese celebrando el nuevo descubierto, volviendo a estallar, por lo que consideraba una milésima vez, el plástico contra sus sonrosados labios. Sus ojos se apretaron en respuesta, sintiendo como su garganta empezaba a quemar producto del roce, negando un par de veces en búsqueda de un alivio que no fue capaz de encontrar tras los vasos ya bebidos, sin embargo, no por ello iba a parar; la sangre la mantenía amarrada a un escape que en antaño habría odiado. —¿Y tu pareja? —cuestionó, mirando a su alrededor, sin creer que la griega fuese a asistir en solitario a una reunión de tal calibre. — Por cierto, me gusta lo que sea que traes en la cabeza, ¿cómo se llama? ¿Tiara?
Aquel delicado azul parecía ser parte de su piel, mientras que la tela de su falda parecía ser tan delicada que temía que el viento pudiera robársela. Sin duda resaltaba por completo a la rubia, destacándola de inmediato del resto del colectivo. Formó una sonrisa en sus labios, mientras que sus hombros se alzaban como si aquello fueron un hecho muy repetido y bien conocido---Eso me han dicho, muy amable---Llevó una mano a su pecho, agradeciendo el cumplido de aquella forma---Aunque yo prefiero verte a los ojos, si te soy sincera---Sus ojos siguieron la trayectoria del vaso rojo, para luego descansar en las dañadas facciones de la fémina, que respondían de inmediato al fuego del licor sobre su garganta. Fue entonces que recobró el hilo de sus viejos pensamientos---¿Aleksey?---Recorrió el recinto nuevamente con sus ojos, pero sería imposible encontrarlo de aquella manera con tanta gente justo en frente---Es lo mismo que yo me pregunto, pero digamos que voy un tanto tarde---Realizó una mueca con sus labios, pues en realidad, ni si quiera recordaba dónde exactamente había gastado tanto tiempo. Tocó su cabeza de inmediato, encontrándose con el dorado ornamento---Intenta imitar una corona de olivo, pero sí, es una tiara, como ves, el tema de hoy ha sido: Grecia---
La canción estaba grabada en su memoria por la cantidad de veces que la había escuchado en la radio o en otras fiestas, los pasos memorizados lo suficiente como para dedicar su atención a una de sus mejores amigas sin perderse en el ritmo cambiante. Suerte era para ella pues la sorpresa de que la blonda no se uniera en sus planes le afectó; ¡se suponía que ella era su compañera de travesuras! Con aquel pensamiento en mente y más decidida que nunca en hacerla bailar, tomó a la griega por las manos en un movimiento rápido y la obligó a bailar con ella. Sus pies la guiaron en un movimiento que terminó por ser cirular, ocupando el suficiente espacio como para alejar a varias personas que se encontraban peligrosamente cerca, mientras arrastraba a la mayor. “Perdóname, Ísis, no creí que San Valentín te pusiese de tan mal humor.” respondió sarcástica, su voz dándole un matiz al nombre de su querida canadiense. La canción y la fiesta eran lo suficientemente buenas como para merecer al menos un baile obligado.
Al escuchar las palabras de la menor rodó sus ojos, sin poder evitar que la sonrisa de sus labios se ensanchara, logrando que finalmente soltara una risa en respuesta.---Vamos, no seas mala, tampoco es tan así---Defendió a la ausente con un gesto de su mano, sabiendo que podía ser severa algunas veces, pero era aquella la forma que tenía de ver la vida. Dejó que entre la canción que hace bastante no escuchaba y su amiga, la jalaran por la pista de baile, sintiendo la delicada tela de sus vestidos volar por los aires---Vienna, te ves hermosa---Le gritó por encima de la música para que pudiera escucharla, mientras que su cuerpo se movía cada vez más al compás adecuado---así que no lo arruines con nada, por favor, me gustaría conservar esta imagen de ti por unos minutos más.---