-Tus gritos me duelen tanto que cierro los ojos durante unos segundos, antes de volver a abrirlos.
—Fue un accidente... -Repito cuando me dices que lo hice, aunque cuando me dices que soy un asesino, siento un escalofrío que me hace tragar saliva, y me hiela la sangre. Lloro apretando entre sí los labios cuando me dices que debería estar muerto. Es cierto, yo debería haber muerto en esa carretera y no ella, yo debería haberme quedado en el pasado, y ella debería ocupar mi lugar aquí en el futuro, contigo. Cierro los ojos escuchando todo lo que me dices. Sí, yo iba deprisa, demasiado deprisa, y tu hermana tenía miedo, mucho miedo... Abro los ojos para mirarte.
—Ojalá hubiera sido yo, Jeremy... Te juro por lo más sagrado que daría todos estos años de mi vida, por devolverle la vida a tu hermana. -Te digo llorando.
—Todos estos años he tenido pesadillas con esa noche, y no me he olvidado de ella... -Digo negando con la cabeza.
—Jamás dejaré de culparme por lo que hice. -Trago saliva llorando mientras te miro.
-Cierras los ojos y yo te miro preguntándome como puedes estar así, de pie delante de mí como si nada, aunque cuando me miras y las lágrimas ruedan con más fuerzas por tus mejillas, cuando me hablas, cuando me dices que ojalá hubieras sido tú, que me juras que darías todos estos años de tu vida por ella, cuando me dices que has tenido pesadillas todo este tiempo y que jamás dejarás de culparte, veo en ti a otro hombre, un hombre diferente al que he conocido hasta ahora, un hombre roto por el dolor, roto por la culpa y el remordimiento, pero después me acuerdo de Alice, la chica con la que has rehecho tu vida, una vida que mi hermana ya no tiene, por eso lloro mientras te miro negando con la cabeza.
—Mientes... Estás mintiendo...
-No me dices nada, solo me miras en silencio mientras yo te hablo, y después niegas con la cabeza diciéndome que miento. Yo hago lo mismo y trago saliva.
—No miento... -Me atrevo a dar un paso hacia delante, sintiendo en mi mejilla el dolor de tu golpe, un dolor que va más allá de lo físico.
—Me odio... Nunca voy a dejar de odiarme. -Te digo con sinceridad mientras lloro recordando a Nelly, viendo en ti al chico abatido en el que te he convertido, cuando con mis 200 kilómetros por hora, dejé a 0 el corazón de Nelly.
-Dices que no mientes pero yo creo que lo haces. Lloro con desconsuelo, mirándote mientras tú también lloras diciéndome que te odias, que nunca vas a dejar de hacerlo, mientras caminas acercándote a mí. Me duele todo el cuerpo... El dolor cuando es por dentro, es tan fuerte que acaba doliendo por fuera. Niego con la cabeza llorando en silencio pensando en el porqué de tantas cosas, en el porqué tuviste que acelerar en tu moto, en el porqué tuviste que matarla, en el porqué de todo...
—Ella te quería, Stephen, te quería mucho. -Digo mirándote antes llorar con más desconsuelo aún, abrazándome a mí mismo cuando el dolor empieza a ser insoportable.
-Lloras mirándome negando con la cabeza antes de decirme unas palabras que erizan el vello de mi piel bajo mi ropa, unas palabras que me hacen recordar el "¿Siempre tuya?" que tantas veces me dijo sonriendo, y el "Siempre mía" con el que yo la respondía, con esa consigna tan suya, tan mía, tan nuestra... Sé que me quería, pero también sé cuánto la quería yo. La quería tanto que aún 19 años después la sigo echando de menos, de una manera diferente eso sí, porque mi amor por ella, es un amor infantil, como un amor platónico... No hay nada de deseo en ese amor que será eterno porque fue el primero, el amor de una chica a la que por una apuesta le pedí el teléfono en un bar... Me humedezco los labios acercándome a ti y cuando te veo llorar así, se me rompe aún más el alma, por eso pongo mis manos en tus hombros.
-Mantengo los ojos cerrados llorando como hacía muchos años que no lloraba, creo que es la primera vez que lloro todas las lágrimas que no he podido llorar nunca. Han pasado diecinueve años de la muerte de mi hermana, y el mes que viene, yo cumpliré veintiuno. No tenía aún dos años cuando se fue, y todo fue por tu culpa... Tú fuiste el Dios de los creyentes para Nelly, el hombre que la paró la vida, el hombre que la detuvo el corazón en un kilómetro exacto de la B3139. No tenía ni siquiera dos años cuando me mataste sin tocarme, cuando me arruinaste la vida... No sé como será vivir habiendo quitado la vida de la persona con la que la compartes, pero sí sé lo mucho que duele crecer sin la hermana mayor que tenías, solo porque alguien jugó con su vida como si le perteneciera. Siento tus manos en mis hombros y después tus palabras, las cuales me hacen llorar con más rabia y golpearte el pecho con los puños cerrados-
—¡Vete! ¡Vete de aquí! ¡Déjame solo! -Grito llorando con los ojos cerrados porque no quiero verte, solo quiero que te vayas.
-No me dices nada, solo lloras cuando me acerco a ti y te agarro pero de pronto siento los golpes de tus puños cerrados impactando contra mi pecho. No me salta el airbag de mi corazón porque tienes derecho a darme esos golpes. Tienes derecho a parármelo si quieres, a hacer conmigo lo que quieras, por eso cierro los ojos, pensando en lo mucho que mi corazón se merece tus golpes, y aunque tengo la tentación de agarrarte las manos, no lo hago porque me pides que me vaya, que te deje solo... Trago saliva y abro los ojos para mirarte. Eres un chico hermoso, un joven de una belleza extraordinaria... Te he buscado durante tanto tiempo en las calles de Wells, que cuando te he visto no he sabido reconocerte. Toda la vida pendiente de cuidar a los chicos con hermanas mayores, todo este tiempo pendiente de cuidar de ti, ignorando que fui el culpable de tu mirada triste, de tu sonrisa rota, de tu introvertida forma de ser... Te he roto la vida, te la rompí cuando apenas sabías andar, cuando apenas sabías hablar, por eso cierro los ojos y contengo la respiración retrocediendo. No quiero irme de tu lado pero sé que tengo que hacerlo, porque tú me lo has pedido, por eso giro sobre mis propios talones y abro los ojos. Podría andar por el arcén de la carretera o incluso por ella, pero si ando, me quedaré aquí contigo, pues me muero de ganas de abrazarte, de cuidarte, por eso llorando echo a correr sin mirar atrás pensando en mil cosas a la vez.
-Tardas en irte más tiempo del que me gustaría pero lo acabas haciendo, y yo abro los ojos para verte correr mientras lloro. Debería haber pagado con tu vida el alto precio de la tuya, pero con ello no se la devolvería a ella... Toda mi vida he crecido creyendo que eras un asesino, el hombre que llegó a la vida de mi hermana para robársela. Desde que empecé a ser adolescente, sentí el deseo de matarte, de detener tu corazón, pero cuando he tenido la oportunidad de hacerlo, no he sido capaz. Quizá no seas un asesino, quizá solo fuiste un irresponsable, alguien que creía que tenía el control de tanto que ni siquiera la carretera se le podía resistir. Quizá no solo fue culpa tuya que ella se subiera a tu moto sin casco aquella noche. Quizá debería haberte matado o quizá no... Grito llorando y abro los ojos dando varias patadas a la moto tirada en la carretera antes de dejarme caer de rodillas aún llorando. La vida no es fácil, por eso casi siempre cuando jugamos con ella sin saber como hacerlo, acabamos perdiendo la partida. Yo acabo de perderla.