Silence - Capítulo 8
Mi cuerpo se recuperaba con bastante rapidez del ataque de Dabria, pero aún no me permitía conducir. Me senté en la acera junto al auto, esperando volver a la normalidad.
En mi cerebro aún se reproducía la imagen de Dabria quemándose, y algo en mi interior me decía que se me estaba escapando alguna cosa, como si todo en esa escena estuviese mal.
Cerré mis ojos por un momento, tratando de descifrar lo que quería decirme la intuición.
—Vaya, vaya… Nos encontramos de nuevo, amigo.
Su voz. Oh, dios, su maldita voz. Ni siquiera me molesté en abrir mis ojos.
— ¿Qué demonios quieres, Gabe? ¿Quieres que destroce tu cuerpo nuevamente?
Soltó una risotada.
—No creo que puedas hacer eso nunca más. Tengo refuerzos Jev, y tu reputación se ha ido al caño. —se sentó a mi lado y pasó su brazo sobre mis hombros. Sus “refuerzos” nos dejaron a solas y fueron a parar al otro lado de la calle—Hoy es tu día de suerte. Falta poco para el Jeshvan, y adivina qué, estoy dispuesto a cederte a un chiquillo al que buscaré hoy si me respondes unas cuantas preguntas.
—No soy el maldito Google—le espeté, tirando su brazo lejos y levantándome.
Abrí la puerta de la Tahoe.
—Entonces… ¿No te interesa juramentar a un Nephil de la Mano Negra?
Mis manos se quedaron petrificadas, al igual que mi cuerpo. Me giré muy lentamente hacia él, con las palabras de Rafael retumbando en mi cerebro.
— ¿Qué nephil? —inquirí, sin ocultar mi interés. Por su puesto, él lo interpretó de otra manera. Su sonrisa se hizo verdaderamente enorme.
—Bah. Eso no tiene importancia, lo que importa es que pertenece a ese endemoniado clan. ¿Supiste lo de Flash? Lo acabaron, esos desgraciados.
Flash era un caído que te conseguía lo que le pidieras en cuestión de unas pocas horas. Tenía demasiados contactos.
—No. —me limité a responder.
Su mirada pareció perderse en un amargo recuerdo.
—El muy maldito le arrancó las piernas. Lo ha dejado inválido.
Parpadeé extrañado.
—¿No intentaron regenerarlo?
Él me miró, lleno de ira, pero no hacia mí.
—Fue a cuchillazos, empapado en Devilcraft.
Devilcraft. Lo registré en mi mente.
—No lo sabía.
Él asintió, lleno de tristeza. Supuse que aún no lo superaba, aún menos porque Flash era su hermano. Suspiré y regresé a sentarme a su lado.
— ¿Qué querías preguntarme?
Él se mantuvo en silencio varios segundos, y luego dijo:
—Estoy buscando a Rixon. Hace bastante tiempo que no lo veo, ¿Puedes decirme dónde encontrarlo?
Parpadeé sin entender.
— ¿Rixon? ¿Para qué lo buscas?
—Un viejo amigo me contó que la Mano Negra fue el vasallo que le juramentó. Necesito que me diga dónde puedo encontrarlo.
—La única manera que tienes de preguntarle eso a Rixon es que allá arriba quemen tu pluma.
Me miró sorprendido, con los ojos abiertos de par en par.
—No me digas qué…
—Está en el infierno, Gabe. Me traicionó.
Soltó una risotada.
—Es importante saber que las leyendas se mantienen intactas. —Murmuró, y se puso de pié rápidamente—Ésta noche estaré rondando el 7-Eleven cerca de Coopersmith’s. Tengo el ojo sobre un chico que recién cumple 16 años, ¿te apuntas?
Me levanté rápidamente y me sacudí el pantalón.
—Tengo otros planes, Gabe.
— ¿Estás seguro?
—Que sí, maldita sea, lárgate.
Refunfuño. Me subí al coche rápidamente porque ya estaba despertando su carácter. No tenía ganas de perder el tiempo con sus niñerías. Necesitaba encontrar toda la información posible acerca del Devilcraft; mi instinto me decía que era la misma sustancia que empapaba la cuerda con la que me ató Dabria.
Necesitaba averiguar eso ahora.
Brother falto el capítulo 7














