Isis cargaba con lo que parecía ser más de seis kilos en telas, las cuales serían destinadas a… Bueno, aún no le habían dicho para qué era necesaria toda ésa cantidad de material, pero le acababa de echar el ojo a una y su mente se mantenía ocupada en miles de ideas que se generaban: podría ser un vestido, o quizás más de una remera. Las opciones eran infinitas, tanto que se veía obligada a mantenerse en su propio mundo y no notó cuando su agenda cayó al suelo–. Rayos –murmuró cuando el muchacho le hizo notar lo sucedido y, al comprender que le sería imposible recogerla, levantó su mirada hacia él–, ¿podrías recogerla por mí, por favor? –pidió.
Al elevar la vista y encontrar una muchacha detrás de una gran cantidad de elementos, no dudó en ponerse de pie para levantar aquel objeto que resultó ser una agenda. Sin embargo, resaltó:— Me parece que deberíamos cambiar... —finalizó la oración con un gesto, con el que pretendía indicarle un intercambio de objetos más conveniente. Porque, ya que hace minutos estaba solo perdiendo el tiempo, podía ayudarla a llevar las telas a donde fuera que se dirigiera— ¿No te olvidaste ninguna tela, no? —bromeó.
















