@az004
—¡Oi, Kageyama! Ningún animal va a querer acercarse a ti si vas a estar con esa cara que da miedo.
Hinata Shouyou, de primer año de la preparatoria Karasuno, regañaba a un especialmente tenso Kageyama. Las manos asidas a sus propias caderas lo hacían parecer una madre frente a su hijo, mas la forma en que fruncía los labios se contradecía.
En medio de una tienda de mascotas local, pequeña y de apariencia humilde, había tenido que dejar a un pobre cachorro negro, aparentemente de labrador, de vuelta en su corral para que no se infartara a causa de la mirada que le lanzó su armador. Era el colmo.
—Vas a llevártelo una semana por medio a tu casa, ¿lo olvidas? No vas a poder hacerlo si ni siquiera se te pueden acercar. —Ah, cuando Sugawara san planteó la idea de que tuvieran una mascota juntos, para afianzar su relación, no pensó que sería tan difícil.













