@fadedarrows
Finalmente le habían asignado a un cubículo, con el resto. Por fin podría dejar de usar ese horrendo uniforme naranja que le quedaba demasiado grande y dejaba en evidencia que era carne fresca con la cual podía meterse a quien se le antojara. Había sido todo un alivio hasta que le informaron quién sería su compañero. Un tal O’Brien que para él sólo significaba otro recluso, pero para el resto, simbolizaba una amenaza.
“Estás jodido”, le había dicho uno de ellos mientras esperaban en la línea para las duchas, hacía apenas unas semanas. Había recibido la noticia de su cambio apenas unos días antes y estaba ligeramente alegre por ello. “Tendrás que dormir con un ojo abierto. Ese cabrón está aquí porque mató a Dios sabe cuánta gente. Incluso mandó a Sánchez y a Mills al hospital. Es un hijo de puta de mucho cuidado. ¿y a ti? A ti te va a partir en dos apenas le des la oportunidad.”
Con sus pocas pertenencias en una mano y su almohada y cobertor en la otra, fue guiado por uno de los guardias hasta el pabellón que le correspondía y Bailey tuvo que hacer un esfuerzo para no parecer un ciervo deslumbrado por las luces de un automóvil.
--O’Brien, este es Bloom. Bloom, O’Brien. Disfruten su tiempo juntas, señoritas.--fueron las...¿cálidas? palabras del guardia antes de abandonar a Bailey a su suerte y dejarlo a merced de un maldito asesino. ¿Qué clase de sistema federal era este? Joder.
--...Uh...¿Mucho gusto?
















