@sokolcg
su presencia en aquel antro era tan frecuente que al dueño ya poco le importaba que llenase el suelo de sangre, es más, hasta le llenaba la caja por el puro espectáculo que se formaba cada vez que alguien le dedicaba una mala mirada o una palabra a la berlinesa. aquella noche no fue diferente y una vez hubo destrozado la masculinidad y los dientes de un hombre que se atrevió, para desgracia de él, a cagarse en su madre, se limpió la sangre y sudor propia, quedándose unos segundos observando sus deportivas teñidas de sangre luego de haberle dado varias patadas en la zona de la boca y mandíbula. como si no hubiese pasado nada, regresó a su taburete y en cargó otra cerveza. los tres hoffman parecían llevar al demonio dentro una vez eran provocados.










