“No estoy TAN ebrio” dijo el mayor, apoyándose contra el marco de la puerta de la casa de su compañera mientras la observaba desde arriba, haciendo más evidente la marcada diferencia de altura que tenían. “Sólo lo suficiente para pasar un buen momento, no para caerme u olvidarme de las cosas” explicó, antes de continuar. “Claro que, en vez de estar en el bar, tuve que cumplir mi momento en la vida de caballero para la damisela” bromeó, una sonrisa apareciendo en su rostro, definida, que contrastaba a la perfección con los ojos cansados que se podían ver en él.
A decir verdad, nunca había hecho esas cosas, pero había sentido la necesidad. Verla allí, disfrutando tan poco, y con tanto estúpido queriendo aprovecharse había sacado el lado más protector, uno que, hubiese jurado días atrás, no tenía. “Sana y salva, y en casa” agregó, sin perder la chispa en ningún momento a pesar de que aquellos tragos empezaban a pesar en él.
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