‘ No puedo creer que acabas de decir Jamie, yo te elijo ’ se burló cubriéndose el rostro con una de sus manos y logrando que el resto de sus alumnos rieran a coro por lo ridículo que su compañero acababa de sonar. Claramente su intención era mezclarse con los alumnos, pero aquello había sido un poco mucho. ‘ Por favor, Jamie. Sálvanos a todos antes de que el profesor Ballard siga avergonzándose a sí mismo ’ llevaba poco tiempo en el campamento, apenas estaba terminando el primer día, pero la había pasado fenomenal. Jason era un gran compañero en cuanto a coordinar se trataba y ambos hacían un buen equipo con los jóvenes, los cuales eran bastante difíciles de entretener sin algo que incluyera internet. También estaba el hecho de lo atractivo que era, sus amigas se lo habían recordado sin cesar la noche anterior a que se fuera de viaje con sus alumnos y le estaba costando sacarse sus palabras de la cabeza. No sabía nada de él. Si estaba casado, si tenía hijos, si era divorciado, viudo, soltero. Tal vez seguía viviendo con su madre o era un millonario en secreto. Lo único que conocía del hombre sentado en el tronco a su lado era un nombre, un apellido y una profesión. Nada más. ‘ Y, por favor, que no sea una de Justin Bieber ’ agregó por último sin perder su característica sonrisa simpática, esperando que el hombre empezara a tocar o el joven a cantar.
“Déjeme, profesora Parker, tengo alma de niño” se defendió el hombre mientras acomodaba su guitarra de manera que pudiera tocarla en cuanto fuese necesario. Sus ojos estaban fijados en la sonrisa que había aparecido en el rostro de su acompañante adulta luego de su última solicitud, era bellísima. Se perdió en aquello, aislándose de la conversación, hasta que sintió que Jamie, el alumno que ambos habían elegido, se acomodaba junto a él para ponerse de acuerdo en cuanto a la canción para deleitar a los demás. Sabía que tenía que ser algo clásico, probablemente un tanto viejo pero no lo suficiente como para que durmiese a los demás, algo llamativo y que creara un buen ambiente. La idea tardó en surgir, pero cuando finalmente recordó que sabía aquella melodía como la palma de su mano, la ofreció al cantante designado. Cuando el chico asintió, sus dedos comenzaron a moverse de manera automática. “Si alguno tiene alguien a quien quiera mucho aquí, si hay parejitas juveniles de las cuales aún no sepamos, esta canción va para ustedes” expresó mientras los primeros acordes de Can’t Help Falling in Love de Elvis Presley se hacían oír en aquella fogata. Al mismo tiempo, esperó que su compañera lo mirara para guiñarle un ojo de la manera más pícara que podía, procurando que no fuese demasiado notorio para los demás. La voz de Jamie empezaba a sonar en ese mismo instante.














