Lo único que no le agradaba mucho de su nuevo puesto de prefecta eran las rondas de la noche. No porque le tuviera miedo a la osuridad ni nada parecido. Mucho menos a los fantasmas que habitaban el castillo. A lo que realmente le temía era encontrarse a alguien no muy agradable. Aunque los ataques dentro del colegio aún eran considerados eventos aislados, no podía evitar preocuparse.
Caminaba con su varita en mano, iluminando el pasillo por el que caminaba, cuando un ruido en un pasillo cercano llamó su atención. Se apresuró hasta la esquina del pasillo de donde provenía el ruido — ¿Hola...? — Llamó, esperando que alguien le respondiera o, con un poco de suerte, solo se encontraría con la mascota de alguien.










