Una de las cosas que Margaux más odiaba, era llegar tarde, y lo iba a hacer el dia de su mismísimo cumpleaños. Que vergüenza. Pero eso no le importó para nada, recordó una frase que alguna mujer había dicho: "Nunca llegamos tarde, solo hacemos grandes entradas". Y no se podía esperar menos de parte de ella. Margaux entró a la Sala de Menesteres, inspeccionando que todo estuviera bien, y en efecto, todo estaba en perfecta orden, como ella lo había pensado. Pero al entrar a aquella sala atrajo todas las miradas, pero no solamente por ser la cumpleañera, si no por quel vestido que llevaba puesto; se había jurado a si misma que no volvería a usar algo tan apretado luego del incidente de Halloween, pero nadie había hablado de tajos y tocados.