Ella me dice que por mas que le den consejos ella nunca hace caso ,es terrible ver que alguien que quieres decide estar con la misma mierda
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Ella me dice que por mas que le den consejos ella nunca hace caso ,es terrible ver que alguien que quieres decide estar con la misma mierda
“Aunque fuiste mi amiga, nunca te voy a perdonar lo que me hiciste sufrir todo este tiempo”
¿Qué son?
No lo sé. Es fácil responder está pregunta, las he denominado, la que tiene ese no-se-qué que me disgusta pero me agrada, y aunque no sé cómo es posible al mismo tiempo, así es. La otra, es mi amiga, mi mejor amiga.
Sara es simplemente especial, también es fría y sabe usar la cabeza, sale de todos los paradigmas. Sus labios, son entre otras cosas, la cosas más dulce, es insípida, pequeña, como un pequeño corazón, su lengua es redonda y no sabe dónde posicionar la, le gusta evitar que entre en ella, en todos los sentidos, es cerrada a sí misma y a los demás, siempre será imposible conocerla a fondo, es madura, y le gusta jugar con los sentimientos de lo demás, jugar con ellos, no pisotearlos pero si sortearlos, entender que puede controlarlos como si de marionetas de palo se tratasen. Mientras ella mueve sus cuerdas, yo la vigilo a la distancia; he sabido ser distinto, logré, por sobre todo salir de su juego, pero al mismo tiempo me había decidido matar mi pasión, matar la suya, acabarla, apuñalarla por la espalda, no ser un hombre sino un amigo más, uno que no buscaba nada.
La encontré de la misma manera que encuentro todo lo que me gusta. Jugando, jugué a ser su dueño, a poseer la, a verla cambiar, crecer debajo de mi mente, pero jugar con ella no era fácil, era astuta, mucho, incluso, a veces creía haber caído en su telaraña. Con sus suaves expresiones a las que me resistía, con sus bellas palabras que ignoraba. Y cuando estaba seguro que ya había caído, rápidamente lograba salir de ahí, ese abismo oscuro, pero tan cálido. Cálido como sus mejillas al sonrojarse. La besé y punto, bueno, nos besamos, fue algo consensuado, me da miedo, el sosiego es un sentimiento extraño que prefiero evitar.
Puedo empeñar en describir sus cabellos, su caminar, pero aquella mujer es tan única que a los ojos de quienes no la conocen, parece solo un rubia más. Aquella mujer es diferente, pero intentar explicar cómo sería lo mismo que matar su esencia; pero no uno la posee, si ella lo desea, es de todos, así como si ella no, no es de nadie. Podría decir que a ratos es mía, la siento a mi lado, puedo abrazarla y verla caminar como si nada pasase, puedo sentirla andar, verla dormir, -como me gusta verla dormir-, en mi cama, con ropa, muriendo por acabar con aquella fachada de tranquilidad. Verla en mi cama, saber que solo debo preguntar cuando algo quiera lograr, duerme como una gatita, empiezo a creer que en el proceso muere, pero que con su alma gatuna, revive solo para seguir viviendo para sí misma.
Mi pecado fue dudar, dudar de mí mismo como hombre, dudar de ella como mujer, jugar a lo prohibido, comer aquel fruto de sus labios, que yo mismo había cortado hace un tiempo, escucharla hablar, leerle, leerla, escucharla, y tratar, aunque solo en una pequeña porción, entenderla.
Dudé, de todo lo que me había prometido, aquella mujer rompió con todo. Acabo con mi duda, no me dio tiempo de pensar. Seguí a mi instinto, ¿Qué si me arrepiento? No, no todavía el yugo del arrepentimiento causado por las lágrimas de la Pequeña Dama no es mi culpa todavía. Lo que sucedió esa madrugada no puedo dar por sentado que ahí acabo, pero tampoco puedo decir que no volverá a suceder. Mis labios, que hasta hace poco estaban secos de amor, que gritaban por un beso, lograron, en medio de un ataque de mis impulsos, una muestra del calavernario, donde oculto lo huesos de mis sentimientos, que hasta hace poco consideraba muertos, que no salen a menos que rompan mis defensas, un beso no significa nada. ¿No?
No puedo ilusionarme, si vuelve a suceder, quisiera decir que esperaré pacientemente a que así suceda, pero no lo veo posible. No creo tener la paciencia y en uno de mis ataques, vuelvo a ella, y sé que ella no se resistirá, más bien, volverá, así como yo, por mucho más. Cada vez más.
Así pues pregunte, ¿Algo cambiara? Dijo que no.
Después, cuando ya me había hecho a la idea de su indiferencia, cuando otra vez, había acabado con ella y su recuerdo, me recuerda, que además de inexperto, tengo un buen semblante, una linda sonrisa, y un extraño, pero “rico” modo de besar.
Una extraña combinación de nube y estrellas, vainilla con moras y lectura nos acompañaron esa noche.
Así mismo la Pequeña Dama, juega conmigo, a veces pienso que piensa usarme de juguete de odio, se escuda en pretextos y escusas, puede que queriendo ser distinta, caiga a ser la misma, tengo fuertes pretextos que la acusan de arpía, zorra, mala, e incluso, astuta.
Dicen por ahí que es una mujer sencilla, que no llora ni piensa llorar más. Es un margarita, blanca, de ella, si de ella también he probado sus labios -Y, ¿Cómo saben?- pequeños, pero carnosos, e incluso, muerde, si le sueltas un poco la lengua, puede quitártela de un mordisco. Le gusta ser el centro de atención, ser quien lleva el paso, pero dejándome experimentar, jugar con sus dientes, mover su lengua, desviarla de mi camino hasta sus adentros.
A diferencia de la anterior, es esta no la conozco, no sé de qué es capaz, no he visto su lado apacible ni mucho menos, las tinieblas de su mente, no veo a esa mujer que juega conmigo y con él, simplemente no la encuentro, aunque la buscó, y he visto rasgos, no la veo clara.
Veo una dulce señorita que está enamorada de un ser que no sabe que siente -nada- por ella. Quizás, me encanta besarle, pero no creo pasar de ese punto.
Una extraña combinación de espías, retos, apuestas, nubes y estrellas nos acompañaron esa noche.