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Equilibrio.
Acariciar tus labios es un placer indescriptible, asemejado a colisión de astros cada ósculo. Débil caigo en tus pupilas. Desciendo hasta tu sonrisa que me ahoga de plenitud. Con la virtud de un niño me siento, absuelto de la errónea factibilidad. Tanta verdad que es imposible sentir paz. Lejos de la faz de Tierra, saliendo en busca de merecer siquiera una mirada tuya. Dueles como piel ardiendo. No entiendes que tu felicidad la paga mi desnudez material. Al final del camino la luz nunca se alcanza, no importa la velocidad en que se avanza. Constantemente desesperado porque no se queda quieta la balanza.
Siento ese matiz de Tu Silencio sostenido entre mis parpadeos, y mi pecho se vuelve latido de noche a la fe de Tu Sino. Predico en mi serenidad la pausa de Tu Mano: Misericordia para mi albur; y se abre mi aliento en el palpitar de Tu Ósculo: sosiego sacro para el paladar de mi cielo. Así, en el ébano inmenso de mi relente que ruge cual bestia poseída, anidas siendo parabién de Tu Carne ... mi Carne. ©ɱağa
(...) Y aquel monstruo indomable, que respira tempestades, y sube y baja y crece, al sentir aquel ósculo, suspira... y en su cárcel de rocas... ¡se estremece! Hace siglos de siglos que, de lejos, tiemblan de amor en noches estivales; ella le da sus límpidos reflejos, él le ofrece sus perlas y corales.
Idilio eterno | Julio Flórez
Y aún reclamo de tus luces y tus sombras, un crepúsculo infinito ante el que me prosterno sintiendo el ósculo de tu boca inmersa en la mía... como esos arrecifes que no se cansan de sentir ola. O, como esos pergaminos escondidos en las arenas del alma... como ese eterno rosal que crece en el centro de mi pecho ardiendo de Amor... ©ɱağa
Me inclino ante Tu Tinta derramada sobre mí. Caricia diluida en verso y deseo, en pasión y enjambre de alhelíes.
Te posas en las marismas de mi piel naciendo tallo injertado ya sin abrojos. Dosel de mi ánima libre te eriges y enredadera enhebrada de ósculos puntea este silencio que es tenerte entre mi alma... y un suspiro.
©ɱağa
Ósculo, Orel Zajor.
Dos lienzos atados con hilo de tierra negra y sellados con ósculos de sal. Dos simientes henchidas de mortalidad, sin más eternidad que el último aliento, con el sendero infinito de los no latidos... Nuestros cuerpos. El péndulo en vasto gesto, que marca el sendero de los olvidados, señala también el blanco ocaso de las almas ... perennes. El silencio de tus ojos lo aclama el silente sonido de mi boca. ©ɱağa Imagen de American Ghoul