Rodeada de la oscuridad de la sala, Minerva ni siquiera era capaz de saber qué hora era. Sentía pesadez y cansancio, pero no era capaz de cerrar los ojos. Apenas lo hacía, las caras de las personas a las que había dañado aparecían en su cabeza. Sus gritos, las barbaridades que había hecho. Apretó sus manos con fuerza ante el solo recuerdo que no podía sacudirse. Un ruido la sacó de su ensimismamiento, pero pudo reconocerlo rápido como los pasos de Bertram. Probablemente no era buena idea que estuvieran solos. Dos sobrevivientes a esa horrible experiencia, dos personas que habían sido secuestradas y controladas, pero ninguno había querido volver con sus familias– ¿Crees... crees que puedan perdonarnos? –preguntó, con un hilo de voz. Se refería a las personas que habían herido, claramente, aunque hasta cierto punto no sabía si ella misma podía perdonarse. Sí, había estado controlada, pero de todas formas habían sido sus manos las que habían causado daño, las que se habían manchado de sangre. [ @aubrey-bert ]













