brigitte:
“Es solo un corte, no te preocupes por eso.“ insistió, con una leve sonrisa dirigida a quien tenía frente al mostrador. Había olvidado encargarse de la herida en su mejilla antes de entrar a su turno en la florería, resultado del fuego cruzado en una conversación de traidores y pureza de la sangre. “¿Cómo puedo ayudarte?“ preguntó. Ni siquiera sabía si venía a comprar algo o simplemente a refugiarse de lo horrible del mundo exterior por un minuto o dos.
A pesar de que la rubia le bajaba el perfil, la mirada de Minerva no podía evitar fijarse en aquel corte– ¿Segura? Tengo pañuelos, por si quieres uno, y también creo que traigo cicatrizante –ofreció. La morena no era ajena a las heridas, jugaba Quidditch después de todo. Y aunque las cicatrices no le molestarían ( algo de imperfección ), de todas formas siempre traía un poco por recomendación de su entrenador– Oh pues... la verdad no tengo nada en mente –admitió. Ni siquiera sabía porqué había llegado a la florería.









