WELCOME TO THE PAST | Claire y Ronit.
Se recuesta en la cama de la habitación porque no puede más. El hotel le otorga cierta calma desde lo ajeno; está limpio de imágenes, limpio de recuerdos propios. Abre su libreta para ver el horario del día siguiente pero está buscando otra cosa. Una foto cae sobre la cama y así también su capacidad de seguir sin recordar. La memoria, los juegos a contraluz que hace con el olvido.
Vivaldi la toma de la mano y la guía a repasar la fotografía. Las cuatro estaciones de Vivaldi. Cuatro como un número perfecto. Cuatro como un todo bien distribuido, como el múltiplo de dos, como la multiplicación cerrada. Cuatro estaciones les duró el romance.
Amor. Sentimiento de vivo afecto e inclinación hacia una persona o cosa a la que se le desea todo lo bueno.
Primavera.
Claire. ¿Son verdes? ¿Tienes que ser verdes? Cuando llegó a la casa de los Evans Kuperman lo primero que notó fueron sus ojos. La familia de acogida estaba preocupada de su llegada y Ronit, habitando otro espacio, sólo podía pensar en la huída. Desde que supo su nuevo destino, al menos, sólo podía pensar en la huída.
La huída se había convertido en su ritual durante los últimos 7 años. De casa en acogida en casa de de acogida, la joven inglesa tuvo que aprender el valor de la independencia a falta de guía. Perder al padre fue un asunto. Perder al padre, la madre, la familia completa era otra cuestión completamente distinta y con consecuencias mucho más graves. El abuso, la violencia y el valor de la sobrevivencia comenzaron a formar parte de su vida entonces. Prefiere no recordar el abuso, prefiere no recordar la violencia. Sólo 16 años y ya es suficiente.
Claire. Pero cuando llegó, cuando llegó donde los Evans Kuperman dejó de pensar en la huída por un instante; el momento justo en el que sus ojos hicieron contacto y creyó entender la verdad de la vida, la verdad que estaba fuera del dolor.
Amor. Sentimiento de intensa atracción emocional y sexual hacia una persona con la que se desea compartir una vida en común.
Verano.
Era como un día soleado y también como ese momento previo a la tormenta. Era un instante de claridad, una oportunidad al paisaje de la vida de desolación. Claire era todo eso y más. El paisaje, la emoción, el conjunto completo que Ronit había estado esperando para detenerse a contemplar y sentir. Y es que no le gustaba el mar sino por sus tempestades y el verdor sólo cuando aparecía salpicado entre ruinas. Necesitaba sacar de las cosas una especie de provecho personal; y rechazaba como inútil todo aquello que no contribuía al consuelo inmediato de su corazón, pues, siendo de temperamento más sentimental que artístico, buscaba emociones y no paisajes. Y entonces, Claire, el paisaje infinito cargado de emoción. La totalidad haciéndose presente por primera vez en su vida. Los fragmentos del padre, los retazos de la familia quedando escondidos bajo esa sonrisa sosa y perfecta, infantil y genuina. Lo había notado la primera vez que la vio, sonreía con los ojos más que son la boca. Sonreía como sonríen las personas que no tienen miedo de enseñar la mirada auténtica al primer encuentro. Sonreía con el corazón y todos los órganos; entregada, abierta, como una herida. Un cuerpo abierto a las emociones, jamás cerrado. La ingenuidad que ella había perdido demasiado pronto. La inocencia del alma. Claire, Claire, Claire.
Otoño.
La caída de una hoja, la imposibilidad de la vida porque existe la muerte. La degradación comenzó con la familia. El otoño llegó para desplegar la tensión. Claire y Ronit no pueden estar juntas porque está prohibido. La manzana de Eva cae, la caja de Pandora se abre, toda una tradición le cierra las puertas al amor. Ronit ama a Claire. Ronit no ha amado a nadie más desde que pensó que había perdido todo aquello posible de amar. Se aman. De verdad se aman. En las estaciones se aman. Ronit no se quiere ir. Pero la vida no es nuestra, es ella la que nos domina, y pareciendo maldecida desde nacimiento, entiende bajo la caída de una hoja, ambas recostadas mirando las estaciones suceder, ambas recostadas bajo un árbol viendo la caída de una hoja y entender, entonces, la caída libre que significa el amor.
El amor. El amor como fuerza inmutable que no puede cambiar. Entonces tendrá que haber movimiento, Ronit, para que el amor no las mutile.
Invierno.
Son verdes. Sus ojos son verdes. Ha memorizado todos sus rasgos a esta altura. Ha memorizado sus rasgos, tomado su fotografía, extendido por cuanto pudo el tiempo a pasar junto a ella. Ha memorizado todo porque tiene que irse. Ronit es la que se tiene que ir aunque Claire no lo entienda; porque Claire se debe quedar. Las conversaciones adultas, los murmullos de quienes no entienden les están rompiendo el alma. Ronit se tiene que ir porque si no se va ella entonces será Claire la que tendrá que recorrer una vida de abandono, ausencia, soledad, que no le pertenece.
Ronit se va porque está acostumbrada. Ronit se va porque Ronit puede ser Ella. Se irá Ronit pero en realidad no se irá, se irá Ella, Ronit quedará en la existencia junto a Claire por siempre. Ronit sólo existió por Claire, y con ella terminó.
La fotografía de Claire anula a Vivaldi. Las lágrimas que caen sobre sus mejillas narran la historia de una mujer que dejó de ser un día y que hoy la vuelve a habitar.













