|| Aprendiendo con Chiyuki
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Hace mucho tiempo atrás se había acostumbrado al frío. La gélida ventisca invernal y los pequeños copos de nieve cayendo alrededor no eran una molestia para ella. Llevaba un par de guantes de cuero, botas altas y el cabello suelto cayendo sobre sus hombros con gracia.
Diez minutos habían transcurrido y la mujer de cabello negro continuaba a la espera de aquel trabajador incansable, quien muy pronto debía terminar su jornada del día. O tal vez, continuaba ahí dentro aun tras haber concluido. Por supuesto, él no llegaría tarde a su encuentro, jamás llegaba tarde a ningún lado. Pero Chiyuki siempre estaba ahí mucho más temprano, sin saber muy bien la razón detrás de aquella costumbre.
Un suspiro se transformó en vaho. Cada vez que respiraba esas pequeñas nubecitas gaseosas parecían cobrar formas divertidas delante de sus orbes violáceos. Y se concentró en ellas, distrayendo su mente de lo que parecía una interminable espera a la intemperie.
Quería estar con él y tal vez saludarlo con una sonrisa. Adoraba esa calmada compañía que solo Decim podía brindarle, la paz que le transmitía e incluso el brillo curioso de sus ojos celestes cuando las palabras no eran suficientes para expresar sus dudas. Quería verlo y cumplir pronto la promesa que habían hecho para aquella Navidad.
















