Louis Tomlinson in Costa Rica [1.5.2025] 📸 arammmz
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Louis Tomlinson in Costa Rica [1.5.2025] 📸 arammmz
أيا سِماح الوجوه نظرة...
maybe it’s because i’ve been listening to the radio serial, maybe it’s just because, but i LOVE the little catchphrase “it’s a bird! it’s a plane! it’s SUPERMAN!!!” it fills me with such joy. today i saw a bird and a plane cross paths and when i sat down to draw for today’s daily doodles, it inspired me to make this. i don’t think it’s done yet, and i want to keep working on it to make it better, but i’m pretty proud of it!
Louis Tomlinson in Costa Rica with fans [1.5.2025] 📸 ctto
Ultar @ Fabrica, Bucharest, Romania
1st May 2025
May 1, 2025 - Day 316
We landed safe in Zagreb, ready for the adventures to begin... after some sleep!
La ley del mínimo esfuerzo en lo social y sus casos justificados (o no).
Creo que es popular sentir una gran desconexión a nivel social en todo el mundo, y estoy lejos de ser la primera persona avivada de que el creciente paradigma consumista pueda estar relacionado. Encontraremos una gran pista de esta desconexión en el contenido "aspiracional" que circula en las redes. Hombres y mujeres que performan vidas cuidadosamente fabricadas te regalan las ganas de ser como ellos y te venden los secretos para conseguirlo. Apuntado a miles de personas que tuvieron infancias atravesadas por carencias, esos secretos se venden como pan caliente.
Muchas veces, los secretos son en realidad objetos que traen consigo puntos de status, como si mágicamente mejoraran la vida de uno sólo con poseerlos y, oh, casualidad, siempre están atados a un link de afiliado. Pero, uno de los grandes secretos que venden --y me animaría a decir el que más nos afecta-- es el del individualismo.
No venden esto con ganas de recordar que el individuo tiene valor entre el colectivo, y que uno no debe olvidar su dignidad, si no con un desdén hacia lo grupal que nos viene corroyendo. El colectivo es una carga, un gasto superfluo, una commodity en la que tenemos que invertir lo mínimo indispensable, porque si queremos ser como esos hombres y mujeres exitosos, tenemos que invertir todo lo posible en nosotros mismos. Y es así como el milenario acto social de las relaciones equitativas pero no constantes, de llegar a un acuerdo tácito, de que los límites de cada persona se mezclen y creen un dibujo único donde no nos olvidamos a nosotros mismos pero nos permitimos existir como un "nosotros", está siendo reemplazado por relaciones que tienen el mismo contacto y la misma calidez que latas de cerveza vendidas en pack.
No somos todos esos personajes, empresarios fríos que persiguen los millones a costa de todo, pero esta mentalidad puede reptar dentro de nuestras vidas y afectarnos de igual manera. En el huir de la presión de grupos y las relaciones tóxicas donde nuestro ego es totalmente destruido, corrimos sin prestar atención y caímos en los brazos de un monstruo distinto. No sabría decir si peor o mejor. Cuando antes el problema era ser asfixiado por el otro, ahora existen tantas salvaguardas que el otro no puede acercarse, a menos que sea exactamente en los términos que deseamos. Es un tiempo difícil de transitar, donde están constantemente reescribiéndose las reglas de qué es lo justo y qué es sobreexigencia, y donde existen dos tipos de personas: las que intentan jugar de la mejor forma, y las que aprovechan las reglas para sí.
Este último grupo, en el nombre del autocuidado, cercena partes vitales de las relaciones como un cirujano operando a ciegas. Por la costumbre de mirar hacia el otro cuando algo duele, se lavan las manos totalmente, porque ellos son culpables solamente de respetarse a sí mismos. Para ellos, las relaciones son un asunto transaccional, donde a cambio de memorizar tu artista favorito y qué snack te gusta, ganan el apoyo incondicional del otro. Un malestar es como la tarjeta del Monopoly para salir gratis de la cárcel, liberándolos de todo deber y absolviéndolos de toda culpa.
La transaccionalidad es la manera y el individualismo pone la impronta para las relaciones con esta gente. A distintos grados de consciencia, saben qué necesitan del otro cuando se acercan y especulan con cuán poco pueden ofrecer para seguir manteniendo en pie el trato, una concepción capitalista donde buscan la mayor recompensa aportando el mínimo esfuerzo posible. La dinámica de las redes, donde nos acostumbramos a consumir contenido que puede haber llevado horas de labor a cambio del privilegio de nuestra atención, deja la marca en nuestras relaciones como un paragolpes chocado; lo llevamos con nosotros vayamos a donde vayamos.
¿Dónde está el núcleo de este problema? ¿Hablamos de gente que se comió el cuento de "mantener su paz" por sobre todas las cosas? ¿Es eso sólo una careta que usan para enmascarar una personalidad más perversa? ¿O simplemente nos encontramos con gente cada vez más incapaz de lidiar con los distintos dolores de la vida?
Cualquiera de los casos sea, la modalidad actual les construye un cómodo camino sobre el qué deambular, con pocas entradas y sobrantes salidas, rutas de escape que en su gran mayoría terminan desembocando en un camino de victimismo total. Son víctimas de quienes los rodean, que los avasallan constantemente a veces incluso sólo con su existencia, y son víctimas de la vida, que pareciera ponerles los peores desafíos solamente a ellos, mientras que el resto la tiene fácil.
Ese victimismo es el que sirve como justificación a la hora de emplear el mínimo esfuerzo posible mientras que al mismo tiempo buscan la recompensa perfecta, sin advertir que este "ahorro" de energía en el otro a la larga les sale caro. Terminan volviéndose sus propios victimarios, porque todo tiene un costo, y resulta que el precio de la especulación con el otro, la vista sesgada que sólo percibe los problemas propios y el placer del estancamiento cuesta esas relaciones en las que creían estar ahorrando energías.
En los comentarios de un video-ensayo que afirma en su portada "La tristeza es la auto obsesión", una comentarista propuso una idea más desarrollada: la tristeza puede llevar a la auto obsesión, lo que luego dificulta despegarse de esa tristeza.
Se crea así un círculo vicioso; el individuo doliente se sobreprotege en respuesta a una angustia abrumadora, y teje un capullo que termina volviéndose una prisión. Su angustia le da la barrera ante lo que le hace mal y la autorización de comportarse como le sale y no esforzarse para actuar como sabe que puede. Al priorizarse a sí mismo para aceptar lo que le pasó y "sanar", descuida al otro, quien puede apoyar al individuo doliente hasta cierto punto. Pero, la auto obsesión perpetúa la tristeza, impide la sanación, y ese momento de angustia y recuperación se estira en el tiempo, desgastando una relación donde ya no existe la reciprocidad eventual.
En esta relación, el individuo doliente se vuelve un pozo sin fondo, donde la otra parte vuelca todos sus recursos, sabiendo que sólo puede esperar reciprocidad una vez el dolor desaparezca, sólo que el dolor no muestra señales de desaparecer nunca. Entonces se encuentra uno entre la espada y la pared; entre perpetuar una relación donde uno da constantemente sin nada a cambio al punto que empieza a autoconsumirse para resguardar al individuo doliente, o intentar alejarse del pozo sin fondo y arriesgarse a cortar el suministro social que mantiene al otro a flote.
En lo que mi experiencia respecta, el alejamiento puede tener dos efectos en el individuo doliente
El primero y el más esperanzador es un llamado de atención, un chispazo que ilumina la oscuridad de la auto obsesión y los empuja a salir del capullo que se había convertido en cárcel. Esto puede representar la luz a la final del túnel, la profecía de que algún día el dolor que transformó la relación en esa transacción injusta desaparezca, y se retome el vínculo recíproco, donde uno da no para recibir, pero da con el conocimiento reconfortante de que recibirá eventualmente cuando sea oportuno y necesario.
El segundo y el peor, es un capricho violento. El individuo doliente se siente victimizado, una vez más, por la persona que osó retirar su mejor servicio, el que más le aportaba a menor costo. Quien una vez fue el compañero que lo apoyó durante los peores momentos, que aportó de su propia copa hasta vaciarla, se vuelve un villano traidor que reafirma la auto obsesión, la dolencia y la angustia, y hace que el individuo doliente se encierre aún más en su prisión.
Es una línea muy fina la que separa el autocuidado de la auto obsesión, y corremos el riesgo de caer del lado equivocado de la mecha cada vez que sentimos que la vida se nos viene encima. En un presente donde se milita la liberación del sufrimiento a través de "vivir fluyendo" y rechazar las expectativas de la sociedad, hoy más que nunca tenemos que ser autocríticos de las expectativas sanas que tiene el otro de nosotros, y esforzarnos por cumplirlas. Vivir bien en sociedad es un baile que cansa, es complicado y nos expone. Quedarnos a un costado de la pista pero demandar que los demás nos hagan partícipes es mucho más cómodo para uno y un poco más incómodo para el resto, una oferta seductora pero arriesgada, que puede terminar con el aislamiento total.
Somos humanos. Caernos no es ser mala persona. Necesitar un descanso es inescapable. Pero, también, vivir echado en un carro esperando que los demás nos arrastren consigo es imposible.
فيروز · أغنية · 1994
وبكينا وما حكينا
وزعلنا وما قلنا
ساعات حلوة بالهوى عِشناها
ليليِّة يتِيه والشوق غاويه
والقلب ما بيِهدا ذِكْراك تضنِيه