Quarantine, a song by Justin Hurwitz on Spotify
First Man (2018)
Justin Hurwitz "El primer hombre en la Luna" ("First Man", lo nuevo de Damian Chazelle tras "La La Land") es la película menos esperable sobre la llegada del primer hombre (norteamericano) a nuestro satélite. También es la primera, y cuesta creerlo cuando ha pasado medio siglo de esa hazaña. Lejos de contar una carrera espacial triunfal sembrada de patrioterismo, el director elige el camino del vía crucis, personal e institucional. Neil Armstrong fue, al parecer, una persona poco dada a revelar sus afectos. Eso lo transformó en una figura emocionalmente inabordable, incluso para su entorno más íntimo, su familia y compañeros de trabajo. La temprana muerte de una hija muy pequeña, víctima de un tumor, instaló un trauma en el entonces ingeniero y piloto. Sobre este suceso Chazelle volverá a lo largo de toda la película, hasta desembocar en una escena de una intimidad e intensidad absolutas. Pero la década de los 60s estuvo sembrada de tragedias dentro de la NASA, ya que las naves de la época se parecían mucho más a las primeras máquinas voladoras y no contaban con la sofisticada tecnología que (mal suponemos) se necesita para poner un cohete en órbita. Con lo que toda la primera mitad del film transmite formidablemente la asfixiante sensación de estar metido a presión en una lata de sardinas cosida con tornillos, a punto de desintegrase por el calor y el movimiento, cuando no prenderse fuego antes del despegue. Dicho lo anterior, el guión ahonda en tristezas, velorios y frustraciones a los que Ryan Gosling le pone un rostro infranqueable, de ojos azules como el hielo de un glaciar. De su felicidad perdida tendremos algún flashback, o revivirá brevemente gracias a una antigua composición de Lex Baxter. Claire Foy, al contrario, demuestra una vez que es una actriz de raza que necesita muy poco para que su gesto revele el infierno que fue su matrimonio.
La banda de sonido (y su utilización) es el gran triunfo de esta película. El trabajo de Justin Hurwitz es soberbio y combina sonidos de la era espacial -como el theremín o el sintetizador moog- con una orquesta de 94 músicos. El efecto resultante es de una melancolía rara, como encendida. “Esta es una historia sobre el dolor, sobre alguien que perdió a muchas personas que amaba y lo que esas pérdidas le hicieron a él. Había algo en el theremin que parecía transmitir esa pena que se extendía por todo el cosmos. Obviamente, te hace pensar en el espacio, pero también tiene esas cualidades de la voz humana, una especie de lamento, que pueden hacerte sentir muy triste", aclaró Chazelle. En el enorme escenario de la Sony, Hurwitz regrabó a la orquesta utilizando un altavoz a rotor "para crear este tipo de efecto Doppler giratorio. Luego le añadimos un efecto trémolo, con lo que la partitura se siente muy inestable”. Por último sumó metales, vientos de madera, percusión y una parte sustancial para el arpa. El resultado es una de esas bandas de sonido que tienen la virtud de poderse escuchar independientemente de la película. Merecería el Oscar. Pero sobre todo merecería un lanzamiento en vinilo.










