Julio Fossa Calderón (Chilean, 1884-1946), Los Huérfanos, 1912, oil on canvas, 98 x 123 cm

seen from Romania
seen from United States

seen from United Kingdom
seen from Maldives
seen from United States
seen from United States

seen from Netherlands
seen from Italy

seen from India
seen from Türkiye
seen from China
seen from China
seen from China

seen from United Kingdom
seen from Australia

seen from United States
seen from United States
seen from United Kingdom
seen from United States

seen from Germany
Julio Fossa Calderón (Chilean, 1884-1946), Los Huérfanos, 1912, oil on canvas, 98 x 123 cm
Íbamos detrás de mi abuelo, siguiéndolo con harto orgullo, pero sin dejar que la emoción y las sonrisas se nos salieran por la piel; lo escuchábamos explicar lo que hacían los jinetes, y nos hablaba de las espuelas, del estribo, de por qué no usaban montura, y nos compartía historias, y nos decía que no nos acercáramos a ellos porque era peligroso, y nosotras pensábamos en los caballos, repitiéndonos con seriedad –con tanta, tanta seriedad– que nunca había que pararse detrás de los caballos. La carrera comenzaba, unas corridas de práctica, y lo de no se pongan a la orilla, no se crucen por el camino, que la vinchuca y las pircas, que cuidado con los caballos, no le hablen a la gente, no se pierdan. Pero éramos grandes, claro que éramos grandes; nos parábamos a la orilla con risitas, pero mirándonos serias la una a la otra, insufriblemente serias, validándonos y acompañándonos. Nos cruzábamos en el camino: que allá vienen, intercambiando miradas con mi mamá del otro lado, buscando a mi abuela, y corríamos, mi abuelo mirando la carrera, nosotras asustadas y con el pecho reventándosenos de alegría, mi mamá preocupada, mi abuela enojada, un reto, seguíamos. Otra carrera. El ganador tomando cerveza arriba del caballo, derramándola, su rostro entierrado ocultando la rosácea, ambas mirándonos, diciéndolo todo, diciéndonos lo mismo. Mira, allá hay flores. ¿Las llevamos? Sí, y las ponemos en agüita; pero no las lleves en las manos, después huelen feo. ¿Tío, cómo se llaman esas flores? La atención de mi abuelo trastabilla con su vocecita, le digo por su nombre, y al fin nos mira. La primera vez que realmente nos mira. Son dedales de oro, pero no las saquen, son hediondas.
quilavaflare replied
No, pero me carga por defecto y simpatizo con los alergicos xd
131071 replied
vivir llorando por las flores y el pasto es lo peor.
igual es bien penca la estación y más encima andar lleno de mocos lo empeora todo