¿Dónde están los límites del habitar?
Seguimos desnundando otras formas de enfrentarnos a los límites. Las fronteras son efímeras, y cómo tal, son generadas por los propios individuos. Aquí, otra manera de habitar un límite, su único límite.
CIUDAD DE LOS NIÑOS RATAS
Ulán Bator. Mongolia, Septiembre de 2008.
En pleno siglo XXI más de tres mil niños desamparados viven todavía como ratas bajo el subsuelo de la ciudad. Huérfanos de cariño y parias de las cloacas se resguardan, como topos, del duro clima y de la indolencia ajena en el vetusto y fétido sistema de saneamiento y calefacción Mongol. Desheredados de la ciudad y jerarquizados en comunas infantiles del subsuelo, comparten con los roedores los despojos de una de las capitales más pobres de Asia. Bagii, un niño rata, nos cuenta su historia.
Hola. Me llamo Bagii. Es lo único que tengo; un nombre. El resto lo comparto con mis compañeros. Bueno, a veces también comparto incluso el nombre; otro Bagii [Nyamdavaa] vive en una arqueta en el ramal oeste a cuatro codos de aquí, y alguna vez ha venido a basurear con los nuestros [...] Tras la gran democratización de los noventa, se privatizaron y nos arrancaron de la finca y se llevaron los animales. Las devastadoras tormentas invernales del 2001 hicieron el resto. Nos quedamos sin nada,…mis padres me enviaron a la ciudad a buscar un futuro, ahora sólo tengo amigos…
Afortunadamente la unión soviética construyó en los años 60 uno de los sistemas de calefacción comunal y descomunal más importante del mundo, con una red de tuberías y canalizaciones compartidas muy extensa… éste es ahora mi ‘cálido’ hogar.
No es fácil encontrar una buena arqueta. Las tuberías salen a más de 90 grados cerca de las centrales y es difícil convivir con ellas incluso en invierno. Para ello construimos unas camas de cartón y basura sobre las cañerías que nos aíslan del frío y del calor hasta que se la comen las ratas…
El alcantarillado está numerado y dividido por sectores y distritos. Cada sector es controlado por una banda juvenil que cuida y vigila cobijo y posesiones hasta la muerte: «Cruzar al lado enemigo supone pelea, algunos amigos han muerto al ser cazados cuando iban en busca de algo de comida»
Yo soy el cabecilla de mi banda, un grupo de ocho jóvenes y un bebé nacido aquí abajo que compartimos los alimentos, las limosnas y, sobre todo, los peligros de la calle. Todos somos excrementos de nuestras familias, fusilados por la violencia doméstica, acabamos compartiendo presente y pasado, pero no hablamos del futuro más allá de la comida que buscar mañana…
(bebiendo agua caliente, procedente de las cañerías)
Nuestro actual hogar es un practicable de unos 40 metros cuadrados, y cuatro salidas directas a la calzada. Siempre tiene un palmo de agua por fugas del sistema, pero estamos acostumbrados a saltar y brincar como ardillas entre basura, ratas y tuberías. No hay luz natural. En realidad, no hay luz de ningún tipo cuando las tapaderas están en su sitio. Si entra luz se escapa el calor. Por la noche las velas y los viejos mecheros compiten con la memoria por descifrar el camino. Pero la luz traiciona. También ilumina el camino a nuestros enemigos.
MUCHAS VECES ME PREGUNTO SI LOS RATAS SOMOS NOSOTROS O LOS DEL OTRO LADO DE LA TAPADERA.