Tercer panel resumen del proyecto del curso 2019-2020 de Proyectos II del grupo 10a, Noemí Arroyo Castaño.


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Tercer panel resumen del proyecto del curso 2019-2020 de Proyectos II del grupo 10a, Noemí Arroyo Castaño.
Segundo panel resumen del proyecto del curso 2019-2020 de Proyectos II del grupo 10a, Noemí Arroyo Castaño.
Primer panel resumen del proyecto del curso 2019-2020 de Proyectos II del grupo 10a, Noemí Arroyo Castaño.
PLÁSTICOS DE INVERNADERO, PENA DE MUERTE PARA LOS ECOSISTEMAS
Toneladas de basura agrícola abandonada en laderas y acantilados impiden el desarrollo de fauna y flora.
La enorme masa de color negro que cubre los espinos secos de una cambronera. Una curruca cabecinegra busca insectos y frutos para llevar a sus polluelos en el nido oculto en un arbusto cercano. Esa cúpula negra ha provocado que una de las plantas habituales del ecosistema donde vive esté seca en época de lluvias. No hay larvas de insectos porque ya no hay hojas de las que alimentarse. La pequeña curruca buscará otras plantas que aún no hayan sido cubiertas por plásticos y escombros. Sabe que cada vez es más difícil encontrar el alimento que sus descendientes necesitan, lo que significa una drástica reducción de las posibilidades de supervivencia de la especie, se encuentra seriamente amenazada por la desaparición de sus hábitats por la agricultura intensiva, las urbanizaciones turísticas y los vertidos contaminantes, entre ellos, el plástico procedente de invernaderos.
Los continuos vertidos de residuos alrededor de los cultivos intensivos se convierten en un 'virus' letal para la biodiversidad.
Una tórtola intenta encontrar semillas entre los plásticos blancos, cuarteados por el sol, caídos desde el invernadero situado a unos metros más arriba, en la ladera donde un grupo de perdices intenta sortear los sacos de redecilla plástica abandonados tras ser usados en el interior de la explotación agrícola.
El incremento de vertidos de residuos procedentes de la construcción y mantenimiento de invernaderos se ha convertido en una verdadera amenaza para la viabilidad de los ecosistemas costeros.
La falta de control por parte de la administración es tan palpable que muchos agricultores abandonan los residuos, en muchos casos tóxicos, junto a sus propias explotaciones agrícolas, sin temor alguno a ser sancionados.
Desde medios de comunicación, redes sociales, organizaciones internacionales, se alerta de la proliferación de plásticos en los mares y el problema que suponen para el futuro de las especies marinas y por tanto del hombre. Pero junto a nuestros pueblos y ciudades, mientras todos hablan de economía sostenible y respeto al medio natural, la realidad es que se deja hacer, se mira para otra parte mientras los ecosistemas mueren. El vertido de plásticos de gran densidad sobre una ladera de matorral mediterráneo, ya degradado por la alteración que supone la presencia de estructuras que han eliminado las escorrentías y reducido los aportes de agua, provoca que el matorral autóctono muera y no pueda realizar su función de refugio y alimento de una gran cantidad de organismos, que a su vez son el sustento de otras especies, como aves y micromamíferos. Los beneficios que el ecosistema genera en su entorno desaparecen y a medio plazo el territorio se degrada hasta convertirse en desierto.
La recuperación de la franja costera, tras la eliminación de más de un centenar de invernaderos, ha dejado al descubierto toneladas de plásticos que permanecían ocultos entre las diferentes explotaciones y las rocas que, para formar escolleras, habían sido depositadas por los agricultores para evitar el envite del mar.
Desde hace unos años, el llamado ´mar de plástico' de Almería ya no es el enorme vertedero de residuos agrícolas que fue durante casi dos décadas. Las medidas de control y la concienciación de los agricultores ha reducido de forma muy considerable la presencia de vertidos incontrolados en el área de cultivos intensivos, una cierta 'limpieza' puede observarse entre los grandes invernaderos. Varias plantas de reciclaje de plásticos, situadas en puntos estratégicos, han contribuido al cambio en positivo.
LA SEGUNDA VIDA DEL PLÁSTICO
El plástico está omnipresente en nuestras vidas y se ha convertido en un enorme problema ecológico. Llena los basureros y los océanos, en los que se vierten nada menos que 8 millones de toneladas anualmente.
Eso es el equivalente a volcar en el mar un camión de basura lleno de plástico cada minuto.
236.000 de esas toneladas son de microplásticos. Pedazos más pequeños que una uña, que son ingeridos por la fauna marina y acaban en nuestro organismo cuando comemos esos animales.
Ahora más que nunca, nos estamos dando cuenta de la importancia de usar cada vez menos plástico y reciclar el que hay, para darle una segunda vida.
¿Cuánto plástico se recicla?
El reciclaje es complejo. Por eso, apenas se recicla un 9% del plástico generado.
¿Por qué se recicla tan poco plástico?
Hay una mezcla de factores, empezando porque no todo el plástico es igual, ni está hecho de los mismos materiales. Eso impide un tratamiento general y masivo de los residuos.
Además, dentro de los distintos plásticos, algunos como el PET (el de las botellas de agua, por ejemplo) o el HDPE (el de envases de detergente y similares) se reciclan más fácilmente. Otros, como los de bolsas o pequeños envoltorios, son mucho más difíciles y muchas veces no se reutilizan.
Aunque no dejan de desarrollarse nuevas tecnologías para reaprovechar el plástico, lo cierto es que muchas veces no están disponibles en todos los lugares. Eso hace que una parte del reciclaje del plástico dependa de si se tienen los medios o no.
¿Cómo se recicla el plástico?
Hay diversos métodos, pero se sigue un proceso básico en el que el plástico se identifica y se agrupa por clases.
Después, el más reciclable se suele secar y fundir hasta darle la forma de pellets.
El plástico, reciclado de esta forma, puede servir para fabricar nuevos productos de todo tipo. Así, esa botella de agua que reciclamos puede terminar convertida en tuberías, recubrimiento de suelo, otro envase e incluso obras de arte.
Las limitaciones del reciclaje del plástico
Cada vez que se recicla el plástico se va degradando un poco más. Por eso, el número de veces que puedes reciclar dicho plástico está limitado, porque va volviéndose inservible.
Sin embargo, se están diseñando nuevos métodos para superar esa limitación. Por ejemplo, mezclar plástico «virgen» (que no se ha degradado aún por el reciclaje) con plástico ya reciclado, aumenta el número de veces que puede reutilizarse.
¿Y cuándo ya no se puede reciclar más?
Por desgracia, se suele quedar en los basureros, acabar en el mar o quemarse para producir energía. Aunque realiza emisiones nocivas a la atmósfera.
Podrá parecer que, entre el poco plástico que se recicla y las limitaciones, no merece la pena reutilizar. Al contrario.
¿Cuáles son los beneficios de reciclar el plástico?
Reducir el desperdicio y la polución. El espacio en los basureros es limitado y el plástico tarda cientos de años en degradarse.
Reduce el uso de recursos. Especialmente, de petróleo, que es de donde sale el plástico.
Reduce el gasto energético. Reciclar plástico utiliza hasta 2 tercios menos de energía que la fabricación tradicional.
Reduce las emisiones de gases de efecto invernadero.
El plástico es uno de los mayores problemas ecológicos que tenemos y sigue creciendo. Sus efectos sobre el ecosistema y la salud son cada vez mayores. Por eso, es fundamental poner nuestro grano de arena y aumentar la concienciación y la presión para que se utilice menos.
A la vez se están realizando mayores esfuerzos para mejorar el reciclaje del plástico que ya hay. Por eso, hemos de insistir en buscar alternativas ecológicas y reutilizar todo lo posible el que existe a nuestro alrededor.
Desde ponerlo en el contenedor adecuado, hasta darle nuevos usos siempre hay posibilidades para dar esa segunda vida al plástico.
LA INDUSTRIA DEL PLÁSTICO BUSCA UNA SEGUNDA VIDA
Europa lanza una estrategia para imponer las tres «R»: reducir su consumo, reutilizarlo y reciclar, lo que obligará al sector a reinventarse
Tienen muy mala fama, porque billones de toneladas de plásticos flotan en los mares y océanos del planeta, causando un terrible impacto en la vida marina. Lo cierto es que los plásticos se utilizan para todo, o casi. De este material están hechos desde las pajitas para beber refrescos, las bolsas del súper y los paquetes de lentejas hasta los calcetines, el aislamiento de las fachadas, los invernaderos para cultivos y la carrocería de vehículos, entre otros miles de usos. El plástico ha invadido de tal forma nuestra vida diaria y contaminado tanto, que Europa ha decidido darle la vuelta y reinventarlo. «Si no cambiamos el modo en que producimos y utilizamos los plásticos, en 2050 habrá más plásticos que peces en el mar».
Europa recomienda cambiar el chip: hay que reducir el consumo de plástico, tenemos que aprender a usarlo de otra manera, reutilizándolo; además debemos minimizar los residuos que generan en el medio ambiente y, a la vez, gestionar esos desechos de forma más eficiente, reciclando y creando materiales más sostenibles y biodegradables. En definitiva, el objetivo es diseñar una economía circular para los plásticos.
A falta de concretar más medidas a lo largo del año, la Comisión Europea quiere que todos los envases de plástico del mercado de la UE sean reciclables o reutilizables en 2030 y que el consumo de plásticos de un solo uso se reduzca a la mínima expresión. También hay que recoger más plásticos y mejor, instalar plantas de reciclaje de mayor capacidad, desarrollar materiales más inteligentes y fáciles de reciclar... «La única solución a largo plazo pasa por reducir los residuos plásticos incrementando su reciclaje y reutilización. Se trata de un reto al que los ciudadanos, la industria y los gobiernos deben hacer frente conjuntamente».
El desafío
Desde luego esto va dar un vuelco a una industria de la que viven 50.000 empresas y 1,6 millón de trabajadores en Europa, que generó en 2016 un volumen de negocio de casi 350.000 millones de euros y aportó a las finanzas públicas cerca de 30.000 millones. Y en efecto, es todo un desafío, teniendo en cuenta que el Viejo Continente produce 58 millones de toneladas de plástico al año y que los europeos generamos 25 millones de toneladas de estos residuos, pero menos del 30% se recoge para ser reciclado, otro 31% va a parar al vertedero y el 39% es incinerado, muchas veces para producir energía.
La mala imagen que tiene el plástico no es culpa del material en sí, sino del mal uso que se hace de él. Es lo que defienden a capa y espada productores, transformadores, recicladores, investigadores de nuevos materiales, gestores de residuos.
Su gran versatilidad, su ligereza, su capacidad de aislamiento y durabilidad hacen del plástico un material muy atractivo para fabricar productos que se adaptan a las necesidades de los ciudadanos. «Los plásticos son ampliamente usados porque por sus características resultan muy útiles, fáciles de usar, cómodos y seguros».
Investigar nuevos materiales
Apostar por un consumo responsable, por la reutilización y el reciclaje. Tenemos que gestionar nuestros residuos de forma responsable. Tenemos que concienciar a la gente de que consuma sólo lo que necesita y que separe correctamente los envases en casa para poder reciclarlos y aprovecharlos.
Las empresas están invirtiendo en el desarrollo de materias primas alternativas, como el CO2, los materiales con base biológica y el material reciclado. Hay también que «optimizar los recursos tanto a la hora de diseñar los envases como en gestionar los residuos.
La tendencia es buscar e investigar soluciones más sostenibles, pero a veces no tienen por qué ser el remedio más adecuado. «Los plásticos tradicionales si se utilizan correctamente son tan buenos como los biodegradables. Biodegradables, compostables, biobasados... Cada uno tiene su aplicación concreta. «Los biodegradables se pueden utilizar en bolsas de basura o como un acolchado fino para cultivos, se entierran con la cosecha y se degradan. Son buenos porque reducen el consumo de agua, evitan las malas hierbas, protegen de la erosión... Pero no tiene sentido utilizarlos en un invernadero, la solución para eso la aporta el plástico tradicional. No todo tiene que ser biodegradable.
Los plásticos están aportando soluciones, hay que ser sostenibles y pensar qué va a pasar cuando termine su vida útil.
El reciclaje es también la gran apuesta. El objetivo europeo es que 10 millones de toneladas de plástico reciclado se conviertan en nuevos de plásticos. Para eso se necesita concienciación, que la gente separe en origen los residuos. Y apoyo financiero para mejorar las instalaciones e innovar con tecnologías de reciclado. La clave es buscar nuevas aplicaciones y poder comercializar con el plástico reciclado nuevos productos.
LA SEGUNDA VIDA DEL PLÁSTICO DE LOS INVERNADEROS
Los plásticos abrigan las hortalizas y frutas de Sanlúcar y Rota. Y los cultivos de Lebrija o Utrera. Durante mucho tiempo, demasiado, cuando ya no servían, eran arrojados a los arcenes de los caminos rurales. Un riesgo evidente que la Mancomunidad de Municipios del Guadalquivir trata de eliminar desde 1998, cuando emprendió un programa pionero en recogida y tratamiento de estos residuos agrícolas.
Desde entonces se ha evitado que 62.100 toneladas de plásticos quedaran esparcidas por la comarca. La Mancomunidad impulsó el reparto de 20 puntos de vertido donde los agricultores podían dejar los plásticos.
Es la empresa Befesa, filial de Abengoa, la que se encarga de recoger los plásticos y trasladarlos a una planta en Los Palacios y a otras fuera de la comarca para su reciclaje. El abrigo de las flores y hortalizas se convierte en losa asfáltica para las carreteras.
Los cultivos requieren, además, numerosos productos fitosanitarios que conllevan a su vez multitud de envases. También la Mancomunidad ha pensado en ellos. Por eso suscribió un convenio con la compañía Sigfito, que se los lleva hasta las plantas y vertederos de Utrera, Los Palacios y Lebrija.
La comarca cuenta con una planta de reciclaje y compostaje en Utrera, una de transferencia en Sanlúcar y un vertedero en Lebrija para dar servicio a 265.000 habitantes. Es la sociedad Gesalquivir SA la que ofrece estos trabajos mancomunados. Trata 55.000 toneladas de residuos sólidos al año y 1.750 toneladas de envases ligeros.
"La formación ha sido fundamental", defiende el gerente de la Mancomunidad, José Antonio Navarro. Él presume de que sus cursos, en colaboración la Fundación Biodiversidad, han sido un "referente": han logrado preparar a más de 10.000 agricultores en los dos últimos años en buenas prácticas agrícolas con respeto al medio ambiente. Y no se detiene: el Bajo Guadalquivir se prepara ahora para gestionar residuos vegetales, industriales, escombros, aceites y aparatos eléctricos.
REUTILIZAR Y EL CONSUMO RESPONSABLE DEL PLÁSTICO
Actualmente utilizamos muchos envases en nuestra vida diaria. Seguro que te das cuenta de cada día tiras a la basura un montón de restos de productos que en muchas ocasiones no se reciclan y que, sumados a los del resto de los hogares, crean una huella imborrable en nuestro planeta.
Por eso en Oxfam Intermón no solo apostamos por el reciclaje, sino también por dar una segunda vida útil a estos productos que pueden hacer mucho daño a nuestro planeta.
¿Para qué se utilizan los plásticos en los invernaderos?
El plástico más utilizado en la agricultura es sin duda el plástico para cubierta de invernadero. Es un plástico de Polietileno de baja densidad que tiene entre 2 y 4 años de durabilidad y cuenta con espesores que van desde las 700 a 900 galgas. Lo podemos encontrar con 3000 ppm o 5000 ppm, y su color puede ser incoloro o amarillo.